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Quienquiera que sea Avellaneda

Foto Ricardo Domingo. Cortesía Fundación Telefónica

Un hacker, dice Chema Alonso, es aquel que emprende todo cuanto no está hecho aún. Y ese es el caso del director de CDCO de Telefónica, quien decidió dar un paso al frente con el Proyecto Maquet. El nombre, elegido por Arturo Pérez-Reverte, alude al apellido de Auguste Maquet, colaborador y ayudante de Alejandro Dumas. El enunciado del proyecto en sí propone un argumento que podría formar parte de un libro de Asimov y que fue sometido a discusión hace ya casi una semana en el Espacio Fundación Telefónica.

¿Cómo, por medio de una Inteligencia Artificial, se puede copiar, reproducir o imitar el estilo de otro autor? ¿Se puede entrenar a una máquina para que escriba, por ejemplo, como Arturo Pérez-Reverte? Con la venia del académico y novelista, Alonso y su equipo elaboraron un programa capaz de “revertizar” textos a partir de determinados patrones de palabras. Se trata de un modelo lingüístico basado en la copia, pero, sobre todo, en un esquema seriado que ofrece tantas paradojas como oportunidades.

"No se atrevieron a usar al mismísimo Alatriste, porque, insistió Alonso, habría sido llegar demasiado lejos"

Desde que tuve noticia de este proyecto, no paro de darle vueltas. Incluso su origen me resulta elocuente. Chema Alonso comenzó a barruntar esta idea en septiembre de 2020. Entonces ya Telefónica y la RAE trabajaban a fondo en el Proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA), que tiene por objeto la defensa, proyección y buen uso de la lengua española en el universo digital y, especialmente, en el ámbito de la inteligencia artificial. Si se puede enseñar a hablar a las máquinas, ¿por qué no enseñarlas a escribir?

Utilizando los servicios de Google Cloud, Chema Alonso y sus colaboradores entrenaron una Inteligencia Artificial con los textos de El Capitán Alatriste, y escribieron un pasaje con Íñigo Balboa y el espadachín Malatesta. No se atrevieron a usar al mismísimo Alatriste, porque, insistió Alonso, habría sido llegar demasiado lejos. Intentando imitar el estilo de Arturo Pérez-Reverte, Alonso elaboró un episodio y lo sometió al filtro de esa Inteligencia Artifical, que lo «revertizó» a partir de un sistema de palabras volcadas previamente en una herramienta creada especialmente para tal fin.

Foto Ricardo Domingo. Cortesía Fundación Telefónica

Por esa misma lógica, esa misma máquina capaz de “revertizar” un texto podría identificar patrones de otros autores, siempre que se la programe para tal fin, hasta el punto de convertir en pedagógico aquello que a simple vista no lo es. A través de este mecanismo un estudiante aprendería, por ejemplo, a identificar un clásico. Incluso, académicamente, sería posible, por ejemplo, dar con las coordenadas del autor del Quijote «de Avellaneda», una posibilidad que dio para el debate y el intercambio de ideas entre Chema Alonso y Arturo Pérez-Reverte durante la presentación pública del proyecto en el espacio Fundación Telefónica.

"Conquistado el territorio de un espadachín de los Tercios de Flandes, ¿por qué no dar un paso más y adentrarse en ese lugar donde el Quijote recupera la razón en nombre de una versión maledicente y satírica?"

«Si a la máquina se le puede cruzar suficiente información podría saberlo», aseguró Pérez-Reverte, convencido de que es posible hacer mucho más que copiar un estilo con esta herramienta. Chema Alonso le tomó la palabra y fue más allá: «De hecho, vamos a intentarlo. Si reconocemos el estilo de Avellaneda con un algoritmo de IA que pueda detectar rasgos de ese estilo y lo entrenamos con los textos previos de los posibles sospechosos de haber escrito ese Quijote de Avellaneda podríamos llegar a calcular cuál de todos es el más próximo al estilo. Estoy deseando empezar con eso».

Sin dejar de lado que la herramienta es tecnología, y por tanto no posee los matices y las imperfecciones de toda creación, Pérez-Reverte se apeó del catastrofismo que suele tiznar estos debates: «No es literatura, pero nos hace pensar. Yo mismo al principio me reía cuando me contaron esto, pero luego se me fue enfriando la sonrisa. Esto me obliga a reflexionar sobre el acto de creación, en general. Que a mis 70 años un tío con un gorro de lana me haga pensar así sobre mi trabajo, sobre mi futuro, mi estilo, mis errores y mis aciertos, es para pararse y mirar. Por eso estoy aquí hoy hablando. Es muy interesante este proyecto».

Foto Ricardo Domingo. Cortesía Fundación Telefónica

Y lo es. Las aplicaciones factibles conducen a su potencial educativo: desde un profesor que pueda usarla con sus alumnos para jugar a ser Quevedo, Conrad o Galdós, y por tanto enseñarlos a identificar un estilo, hasta generar una conciencia más profunda del lenguaje. De momento, la charla cerró aquel día con una propuesta de la que pronto habrá respuesta: Pérez-Reverte aceptó la petición que le hizo Chema Alonso para escribir ese mismo texto que se sometió a la máquina para «revertizarlo», es decir, hará una versión. Será Pérez-Reverte quien revise a la máquina.

Conquistado el territorio de un espadachín de los Tercios de Flandes, ¿por qué no dar un paso más y adentrarse en ese lugar donde el Quijote recupera la razón en nombre de una versión maledicente y satírica? Todas las miradas apuntan a Lope. ¿Por qué no podría un programa de Inteligencia Artificial incorporarse a un debate que desde hace años libran investigadores y estudiosos? Quien quiera que sea Avellaneda, podría depararnos una sorpresa… o no.

Vídeo: Encuentros Zenda Libros: ¿Es posible una IA que escriba como un autor de novelas?

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