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Rapera de la banlieue

Suena a rap.

O suena a una joven Annie Ernaux del siglo XXI.

O suena como una oración.

O suena como un juramento.

O quizá como una maldición.

“Me llamo Fátima”. Así empieza cada capítulo de La hija pequeña, de Fatima Daas. Y llamarse Fátima en la fe musulmana es una bendición y una maldición. Fátima es la hija del Profeta. Fátima es inspiración. Fátima es modelo.

“Mi nombre es el de un personaje simbólico del islam. Es un nombre que hay que honrar”.

"Fátima va desvelando despacio —y precisa— su rebeldía, su identidad. Porque la hija creyente de una familia creyente descubre que le atraen las mujeres"

¿Y cómo es la Fátima de la historia? La pequeña de una estirpe de inmigrantes argelinos, Fátima va desvelando despacio —y precisa— su rebeldía, su identidad. Porque la hija creyente de una familia creyente descubre que le atraen las mujeres. Descubre que es lesbiana.

Y los lectores lo descubrimos con ella. Y tememos por ella, por las consecuencias de su descubrimiento. Pero ella es valiente, vive su vida a su manera. Y reza. Recita suras del Corán y descubre su sexualidad. Es ese contrapunto, y ese lenguaje, y ese ritmo, lo que convierte esta novela en un juego fascinante. Se lee rápido, sin pausa. Dejándose llevar por los vaivenes de esas palabras. De esa vida.

La hija pequeña se publicó en Francia en 2020 y logró un éxito inmediato. Dejó a todo el mundo anonadado.

¿Se podía escribir desde la banlieue, desde los pantalones de chándal y la sudadera con capucha, y plantear tantas cuestiones profundas?

¿Era Fatima Daas —seudónimo— con sus 25 años, la continuación del estilo descarnado y autobiográfico de Annie Ernaux?

Y sobre todo, ¿se podía ser creyente musulmana y escribir algo tan provocador?

"No sabemos dónde acaba el personaje y dónde empieza la autora. Pero no nos importa"

Sí. La autora llamada Fatima Daas entró de golpe en esa constelación de escrituras mestizas como la de Leila Slimani, de origen marroquí, que ganó el Goncourt en 2016 (publicada también por Cabaret Voltaire) y que plantea en sus novelas cuestiones profundamente incómodas sobre la maternidad, la maldad, la inmigración. Son escritoras rebeldes, que excavan con las manos desnudas en el humus de la identidad francesa.

Las manos desnudas de Fátima.

La mirada directa.

Narrado en una primera persona en presente, el texto nos habla sin intermediarios: las manos desnudas y la mirada directa.

Sí, Fatima Daas tiene una mirada directa, en su rostro y en su escritura. La boca pequeña, el cabello alborotado, y viste camisetas imperio y dedos cargados de anillos como una celebridad hiphopera. Quizá sea Fatima Daas la Fátima de la que habla la novela. Quizá la autora llamada Fatima Daas, con su desparpajo al responder las entrevistas y, al tiempo, con su delicadeza ante ciertas respuestas, la misma Fátima que hace el ayuno del Ramadán y, al tiempo, se pregunta por qué le atraen las mujeres. No sabemos dónde acaba el personaje y dónde empieza la autora. Pero no nos importa. Solo queremos leer hasta el final este diario de una vida entre dos luces, la íntima y, en ocasiones, sombría del hogar, y la viva y deslumbrante del exterior, del París del extrarradio. Y esas luces y sombras se quedan con nosotros cuando cerramos la última página y nos preguntamos: te llamas Fátima, pero ¿quién eres en realidad?

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Autora: Fatima Daas. Título: La hija pequeña. Editorial: Cabaret Voltaire. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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