Volvemos a Sopa de libros después de la breve pausa veraniega. Y lo hacemos con literatura de contenido LGTBIQ+, que se ha considerado durante muchísimo tiempo como literatura menor, poco menos que obritas eróticas, que mucha gente forraba con papel de periódico para leerlas sin que nadie supiese de qué libro se trataba. Sin embargo, hay grandes obras que tratan el tema de la homosexualidad o el lesbianismo y que normalmente lo han hecho desde la culpa o desde la ocultación, incluso desde el descubrimiento. Por eso este mes, en Sopa de libros, vamos a hablar de tres libros que ya hemos contado en Un libro una hora, y que cuentan lo que es (y lo que no es) salir del armario: Maurice, de E. M. Forster (Alianza), Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (Alianza) y Oculto sendero, de Elena Fortún (Renacimiento).
La primera novela de la que quiero hablar es Confesiones de una máscara. Yukio Mishima nació en Tokio en 1925. Era descendiente de una familia emparentada con los samuráis. Al crecer, no pudo ingresar en el ejército como piloto debido a la tuberculosis, lo que provocó en él una profunda frustración que decidió paliar con el ejercicio y la literatura. Está considerado como el principal escritor de la posguerra japonesa, junto con su amigo Yasunari Kawabata, que ganó el Premio Nobel de Literatura. Escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos y otros 20 ensayos. Murió en 1970 cometiendo el seppuku, un suicidio ritual de herencia samurái, por desentrañamiento.
Confesiones de una máscara se publicó en 1949. Y es muy importante destacar el año en que fue publicada, apenas unos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y en un país como Japón, con una cultura muy tradicional y conservadora, que tuvo que admitir la derrota ante los aliados, considerada como una humillación. En ese momento Yukio Mishima se atrevió a abordar un tema tan tabú y controvertido como el de la homosexualidad. Mishima la publicó cuando tenía 24 años y le convirtió en una celebridad. Es una novela inquietante, valiente y a ratos estremecedora, una novela bellísima que cuenta una historia terrible, la de la impostura de toda una vida.
Cuenta la historia de Koo-chan, un alma atormentada que crece con el estigma de saberse diferente a los demás. De aspecto débil y enfermizo, solitario y taciturno, criado en los primeros años por su abuela, va descubriendo sus inclinaciones homosexuales. El primer contacto con el deseo, con la sexualidad, ocurre tras la contemplación de un cuadro, el San Sebastián de Guido Reni.
Tan pronto puse los ojos en este cuadro, todo mi ser se estremeció bajo el impacto de una suerte de gozo pagano. Sentí arder la sangre y mi órgano mostró un impulso rebosante de ira. […] Inconscientemente, mis manos empezaron a moverse de una manera que nadie les había enseñado. Sentí señales de algo sombrío y refulgente que subía y subía atacándome desde dentro… Y, acto seguido, una corriente impetuosa acompañada de una embriaguez llena de luz. […] Ésa fue mi primera eyaculación, y también el comienzo, torpe e imprevisto, de ese «mal hábito».
Pronto se siente atraído por Omi, un chico de fuerte constitución. Pero en el Japón de los años treinta y cuarenta, el protagonista debe ocultarse tras una máscara de corrección, convirtiendo su vida en un escenario, en una representación en la que confluyen la realidad con las apariencias. El título apoya esa lucha interna del protagonista, que tratará de ocultar bajo una máscara a todos los que le rodean su verdadero ser y sus verdaderos sentimientos, la condición que a él mismo le avergüenza y que trata de negar sistemáticamente, para conseguir una especie de “normalidad” que le impone la sociedad tradicional en la que vive. Incluso intenta tener una relación con la hermana de un amigo suyo, Sonoko, con la que experimenta lo que podrían ser las relaciones con una mujer y con la que está a punto de casarse, pero no es capaz.
Confesiones de una máscara se ha considerado siempre como una autobiografía novelada de Yukio Mishima, aunque su familia siempre lo ha negado, llegando incluso a desmentir que Mishima fuera homosexual.
La segunda novela de la que quiero hablar es Maurice. Edward Morgan Forster nació en Londres en 1879 y murió en Coventry en 1970. Fue novelista, ensayista y libretista. Con solo seis novelas, es uno de los autores claves de la literatura inglesa. Estuvo propuesto en dieciséis ocasiones al Premio Nobel de Literatura. Algunas de sus novelas son inolvidables, como Howards End, Pasaje a la India o Una habitación con vistas. Y por supuesto, Maurice, que fue en escrita en 1914 pero publicada póstumamente en 1971, por expreso deseo del autor. Impresionante. No quiso que se publicara mientras él estuviera vivo. Y es una novela maravillosa, llena de vida, de emoción, de sufrimiento, de deseo y de compromiso. Un canto a la libertad y a la dignidad. La obra está dedicada a «tiempos mejores». El éxito de Howards End, publicada en 1910, tuvo un efecto perturbador en la vida de Forster. Le llenó de supersticiosos augurios, entre ellos el miedo a convertirse en un escritor estéril. En septiembre de 1913 fue a visitar a Edward Carpenter, el profeta de la vida sencilla y de la homosexualidad orgullosa, y experimentó una revelación. George Merrill le tocó la cadera, y la sensación, tal como él la describe, fue una suerte de ramalazo que subió directamente recorriendo su espalda hasta su mente. Al instante, toda una nueva novela tomó forma. Durante años, Maurice, o algo parecido a Maurice, había estado pidiendo salir a la luz. Había llegado el momento en que debía aceptar en su imaginación, ya que no en su vida real, la idea de que el amor homosexual era bueno.
En la novela, de la misma forma que en Confesiones de una máscara, de la que hablábamos antes, primero surge el descubrimiento, la duda y luego la certeza. Y aun así hay un intento de acercarse al sexo contrario, sin éxito. Para descubrir y asumir finalmente su homosexualidad.
Era todo tan simple ahora. Había mentido. Lo formuló en una frase: «Se había alimentado de mentiras», pero las mentiras son el alimento natural de la niñez, y las había devorado con avidez. Su primera resolución fue ser más cuidadoso en el futuro. Viviría con rectitud, no porque importase a nadie ya, sino por la rectitud misma. No volvería a mentirse así. No pretendería —y ésta era la prueba— preocuparse por las mujeres, cuando el único sexo que le atraía era el suyo propio. Amaba a los hombres y siempre los había amado. Ansiaba abrazarlos, mezclar con el de ellos su ser. Ahora que había perdido al hombre que correspondía a su amor, admitía aquello.
Forster necesitaba afirmar, sin posibilidad de retroceso, que ese tipo de amor podía ser ennoblecedor y no degradante, y que si había alguna «perversión» en él, tal perversión era atribuible a una sociedad que negaba sañudamente una parte esencial de la herencia humana. Pero no se planteó en absoluto publicarla. En realidad, su idea original era que la estaba escribiendo sólo para sí mismo, aunque empezó muy pronto a enseñar la novela a algunos amigos. A lo largo de los años, como reacción a las reacciones de los distintos amigos, su opinión de la novela varió. Hubo veces en que estaba seguro de que había hecho «algo totalmente nuevo». Otras tenía dudas. La revisó de nuevo en 1932, y de nuevo en 1960. La preparó para su publicación póstuma, pero su comentario final (sobre la cubierta del original de 1960) era: «Publicable… ¿pero merece la pena?».
La tercera novela es muy sorprendente. Y comparte con Maurice el hecho de que fue escrita en un momento concreto y publicada muchísimo tiempo después. Y es muy sorprendente también por su autora. Hablamos de Oculto sendero. Elena Fortún es el seudónimo de Encarnación Aragoneses Urquijo. Nace en Madrid en 1886 y muere en 1952. Es la creadora de las célebres novelas de Celia, el personaje infantil más emblemático de la literatura española. Comenzó a publicar las aventuras de esta niña madrileña que quería ser escritora el año 1928, en el suplemento infantil Gente Menuda. A través de sus vivencias y las de los otros protagonistas de la saga (Cuchifritín, Matonkikí, Patita y Mila) Elena Fortún construyó una fiel crónica de los años más convulsos del siglo XX español. Es difícil encontrar a una persona que haya hecho feliz a tanta gente y que haya sido tan infeliz.
Oculto sendero fue escrita durante el exilio argentino de Elena Fortún y firmada con el seudónimo de Rosa María Castaños. Permaneció inédita hasta 2016. La novela es extraordinaria, una novela de crecimiento, una autobiografía que ofrece un retrato único de la intimidad y la lucha de Elena Fortún por la aceptación de su homosexualidad, su liberación y la búsqueda de la felicidad.
Como cuenta Nuria Capdevilla-Argüelles en su magnífica introducción a la edición de Renacimiento, el principal interés de esta novela de aprendizaje radica en su tratamiento de la identidad sexual y genérica, constituyendo una exploración única de las relaciones entre homosexualidad y heterosexualidad. La situación de la mujer creadora en las primeras décadas del siglo XX y su problemática relación con el otro masculino que corta o dificulta su autoría y emancipación es el otro gran tema de esta singular novela, testamento literario de la creadora de Celia, el personaje infantil más importante de la literatura española.
La novela nos va contando la historia de María Luisa Arroyo, desde que tiene diez años, y ya entonces hay muchas contradicciones en su vida. No le gustan los vestidos, le atraen determinadas mujeres, determinada forma de vestirse. Pero María Luisa tiene una vida muy tradicional, se casa y se da cuenta de que es muy desgraciada en su matrimonio porque odia acostarse con su marido, odia eso que tienen ahí los hombres.
Siempre me habían producido horror los seres a quienes faltaba un brazo o una pierna, ese muñón del miembro perdido, moviéndose torpemente, me espantaba, y algo así era con lo que la naturaleza había dotado al macho para reproducirse.
Pero aun es más sorprendente como descubre, primero que una mujer puede desear a una mujer, cosa que ella nunca había pensado que fuera posible, y luego, se da cuenta de que el objeto de su deseo son las mujeres. Y es un descubrimiento maravilloso que le cambia la vida.
Algo luminoso y dulce, esperado instintivamente toda la vida, inundaba mi pensamiento…
En Oculto sendero la protagonista vive inmersa en el mundo cultural, en el que la homosexualidad está muy presente. Una de las cosas más interesantes es que Elena Fortún escribe algunos de los últimos libros de Celia, como Celia institutriz y Celia se casa, cuando ya ha sido escrito Oculto sendero, y por lo tanto ya ha hecho su gran descubrimiento. Por eso, esos títulos reflejan un cambio en el personaje de Celia, que es evidente cuando narra el proceso de silenciación de su voz y la entrada a la norma heterosexual.
Salir del armario siempre fue complicado, en el mundo literario, y sobre todo en determinada época. Y la literatura lo ha contado de muchas formas, algunas de ellas extraordinarias, con libros que permanecieron ocultos muchos años, como Maurice, de E. M. Forster, y como Oculto sendero, de Elena Fortún. Otros tuvieron más éxito, pero negándose a asumir su realidad, como en el caso de Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima. En todo caso, son tres grandes obras de la literatura.





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