Un gato se escapa y, persiguiéndolo, sus dueños llegan a un hotel de nombre chino y arquitectura imposible, donde las dimensiones temporales se subvierten y donde los avistamientos de ovnis, la esclavitud sexual, la corrupción y la mentira conviven en un mismo plano.
En este making of Fernanda Garcia Lao cuenta cómo escribió Estación Saturno (Candaya).
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Con Estación Saturno me pasó que vi una ruta y un vehículo. Al volante, un hombre. A su lado, una mujer. En el asiento de atrás, un gato. Enseguida me pregunté por qué estaban tan incómodos y entonces entendí de dónde venían: de un entierro. Son hermanos, no se hablan. Están habituados al silencio. Él quiere estar solo y beber, ella se pregunta por qué aceptó quedarse con el gato. Ahí supe que el dueño era el muerto y que, por algún motivo, era la herencia que había dejado.
La estructura de Estación Saturno es de falso guión técnico de cine, es decir, un guión imposible de filmar, que desgrana técnicamente la realidad. Además de marcar lo que se ve, se escucha y se dice, o los movimientos de cámara, intervienen otros factores más subjetivos, menos accesibles.
Soy de las que disecciona lo que escribe para entender. Hay algo de operación forense. Desmenuzando entiendo a quienes invento, desde el aspecto visible, vestidos de tal o cual forma, hasta lo más íntimo: dónde se les concentra la idiotez o la gracia, con qué glándula entienden el mundo.
Después vi una rotonda y recordé cierto viaje a Brasil en el que llevada por la velocidad del tránsito giré varias veces esperando tomar la salida correcta, sin lograrlo. Me pareció una situación interesante la de la rotonda y ahí decidí que iba a perderlos de su destino. Estación Saturno es una novela de pérdidas, con todo lo que eso implica, también de posibilidad. Perder la memoria, perder el rumbo, perder hábitos para encontrar algo troncal. Imprevisto.
Necesitaba, además de estos actores, una locación. Entonces navegué por el mapa de la provincia de Buenos Aires, porque sabía que estaba en esos márgenes y encontré este lugar pequeño de nombre Saturno, cerca de las lagunas Encadenadas. Yo no sabía que Saturno quedaba en la provincia de Buenos Aires, pero me pareció perfecto para estos dos. Buscando información sobre el lugar encontré que era un paraje abandonado donde hubo una estación de tren, estación Saturno, desmantelada por la dictadura cívico militar en el año 1977. Por otro lado se reportaban fenómenos sin explicación en esas lagunas cuyas compuertas obturan el agua. Es una zona que se inundó en varias ocasiones y en la que además hay avistamientos, encuentros de ufología.
No me interesan las novelas temáticas, sí aspiro a la confluencia de posibles tragedias en un espacio concreto, y sentí que estación Saturno abría múltiples posibilidades y signos. Es una novela de trampas y de dobles. Pero también un juguete político. Una reproducción en miniatura de los vicios de la argentinidad. Lo apócrifo, la deuda, una sexualidad a juego con la desesperación.
Con estas pesquisas obtuve vínculos, espacio y desajustes. Apareció un hotel, en su interior, el personal actuando raro. Actores de sí mismos con nombres falsos. El Capitán Minor surgió como una caricatura feroz de un sujeto averiado, expolicía. Un tipo con ínfulas de poder e ideas atroces. No lo llamé, vino solo. Su presencia alimenta el absurdo. Corrupción, esclavitud, extrañamiento. Todo en el mismo plano. No hay jerarquía en el delirio. Algunos gimen, otros desaparecen.
Saturno. Un planeta inquietante, anillado. En mi novela no hay presente: hay interrupción temporal. El clima amplifica el miedo. La atmósfera es un personaje más. El agua, eléctrica y cómplice. Corruptora.
Los personajes trazaron pasillos, abrieron diques, dijeron sus cosas. La historia se hace a base de pérdida y repetición. La ficción no busca sentido: lo aniquila.
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Autora: Fernanda García Lao. Título: Estación Saturno. Editorial: Candaya. Venta: Todos tus libros.


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