Inicio > Blogs > Ruritania > ¡Shazam!, la copia de Superman capaz de resucitar un estudio

¡Shazam!, la copia de Superman capaz de resucitar un estudio

¡Shazam!, la copia de Superman capaz de resucitar un estudio

¡Shazam! es una película surgida a raíz de la profunda crisis de un estudio, Warner, que se ha visto obligado a reformular sobre la marcha su estrategia con la franquicia DC Comics tras el fracaso de la gigantesca (e infravalorada) Batman v Superman. Voluntariamente leve, humorística (sin cargar las tintas en la autoparodia), el filme de David F. Sandberg, director proveniente del cine de terror de bajo presupuesto de New Line, otra de las divisiones del estudio, se interna en el subgénero de la comedia adolescente y de fantasía con un ojo puesto en producciones de los ochenta como Big (el homenaje a esta joya de Penny Marshall es explícito en el filme) o incluso, y no me pregunten por qué, El Chico de Oro de Eddie Murphy. En ¡Shazam! se percibe la presión del éxito de la Distinguida Competencia de DC, Marvel, a quienes ahora mismo les basta poner su sello para recaudar lo indecible con un producto tan mediocre como Capitana Marvel, y que se dispone a arrasar como nunca se ha visto en los cines con el capítulo final de Vengadores, Endgame. Puede que este panorama resulte complejo, o innecesario, pero es inevitable a la hora de definir un producto como ¡Shazam!, centrada en un personaje secundario de la galería DC y que pasa olímpicamente, al menos hasta los compases finales, del tono grandioso que uno le supone a una épica superheroica.

"¡Shazam! fue inicialmente bautizado como Capitán Marvel y solo la (muy) posterior compra de Fawcett a manos de la propia DC rebautizó al mágico héroe en Shazam"

Hay que decir que el personaje se prestaba a ello. Ideado en 1939 por el sello Fawcett Publications para hacer la competencia al mismísimo Superman de DC, surgido el año anterior, ¡Shazam! fue inicialmente bautizado como Capitán Marvel y solo la (muy) posterior compra de Fawcett a manos de la propia DC, allá por los años 70 y tras varias décadas en el olvido (y de litigios en los tribunales por presunta copia) rebautizó al mágico héroe en Shazam, un acrónimo proveniente de los seis Ancianos que proporcionan mágicamente sus poderes al niño: Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio que ya estaba en la creación original de C.C. Beck y Bill Parker, una casualidad que vino de perlas para esquivar otro imperativo legal: en los sesenta, y viendo que los derechos del nombre Capitán Marvel flotaban libres en el espacio, el siempre avispado Stan Lee vio la oportunidad de oro para crear un personaje que llevara el nombre de la propia editorial Marvel, el mismo que ahora interpreta Brie Larson en la película en cartelera.

La llegada de la película protagonizada por Zachari Levy (quien, también como reflejo de este ocasional trueque entre compañías, interpretó a Fandral en las tres películas de Thor) coincide con la reedición de al menos tres cómics a manos de ECC Ediciones en España. El primero y más destacado es El Poder de Shazam (96 páginas, escrita y dibujada por el mítico Jerry Ordway, miniserie que llega ahora en tapa dura, cuyo éxito en 1994 dio lugar a una posterior serie regular); seguido de ¡Shazam!, resurrección del personaje a cargo del guionista estrella Geoff Johns para el extinto Los Nuevos 52 (inicialmente fue incluido como complemento a la serie en grapa de la Liga de la Justicia), y con toda seguridad trampolín para la realización de la película, cuyo póster ocupa la portada de esta segunda edición; y Superman/¡Shazam!: Primer Trueno (144 páginas), recopilación en tapa dura del primer encuentro entre el Capitán Marvel y, precisamente, su inspiración original, Superman, en un emotivo relato a cargo del guionista Judd Winnick (Green Arrow) y el dibujante Joshua Middleton (NYX).

El Poder de Shazam, de Jerry Ordway, es una absoluta delicia pulp, una perfecta fusión de serial de los años 30, con templos egipcios y escarabajos místicos, con cómic de los 90, y por tanto de una ingenuidad pareja a su sentido de la violencia. La cadena de asesinatos de Black Adam, gran enemigo de Shazam, que acaba con la vida de su padre y su madre a cuchilladas, convive con hilarantes momentos de humor negro, como la muerte del propio Shazam original, aplastado bajo un pedrusco con todo desprecio (una idea que inspira un instante similar en la película de Sandberg) sin apenas retazos de sentimentalismo. Shazam obra aquí con toda la inexperiencia de un preadolescente, todo rabia y furia, con un sano sentido de la irresponsabilidad que le da al cómic un cierto tono amoral, pese a su naturaleza de apto para todos los publicos. Todo dibujado de manera excelsa por Ordway, que más tarde cedería las riendas de los lápices para quedarse en la mesa de guionista. Los colores en este ejemplar son preciosos y vivos.

"La sorpresa viene en el cuarto número, conmovedor, cuando todo toma caminos inesperadamente dramáticos con un asesinato súbito que fuerza a Superman a comportarse como todos esperamos de él"

La interpretación de Geoff Johns de Shazam, dibujado por Gary Frank, es una influencia inmediata y directa en la película actual. La encarnación del huérfano Billy Batson y su llegada a una casa de acogida, donde entabla amistad con otros huérfanos, es la espina dorsal del filme y también del cómic de Johns, que descartó la ficticia Fawcett City como escenario para situar la acción en Philadelphia, como también hace el filme. Quienes deseen aproximarse a un cómic antes o después de ir al cine, probablemente esta sería su elección lógica, dado lo reciente de su publicación (2012) y lo contemporáneo de su tono. Johns, conocedor enciclopédico de la biblioteca DC, recuperó un personaje casi fiambre para darle un papel de relevancia en su proyecto 52, y de aquellas aguas estos lodos.

¿Qué decir de Superman/¡Shazam!: Primer Trueno? El bonito dibujo sirve a una historia inicialmente sencilla, aparentemente infantil, en la que los caminos de Superman y Shazam se cruzan de manera aparentemente casual, solo para acabar combatiendo enemigos comunes. La sorpresa viene en el cuarto número, conmovedor, cuando todo toma caminos inesperadamente dramáticos con un asesinato súbito que fuerza a Superman a comportarse como todos esperamos de él: convirtiéndose no solo en un amigo de Shazam sino en el mentor de un niño solitario.

Las tres aproximaciones a Shazam tienen tonos, momentos e historias distintas, e incluso difieren en algunos aspectos de la mitología del personaje. Es por ello muy fácil admitir el tono de comedia juvenil de la juguetona ¡Shazam!, película concebida como historia independiente al gran universo DC de Superman, Batman, Aquaman o Wonder Woman, y alejada casi por completo de la musculosa y angustiada épica ideada por Zack Snyder para su tríptico El Hombre de Acero / Batman v. Superman / Liga de la Justicia. Lo mejor del filme de David F. Sandberg es su hibridación de dos modas paralelas y a la vez sintomáticas del corpus actual de Hollywood, el de las adaptaciones de cómic y, después, la recuperación nostálgica de los ochenta, concebida aquí la segunda como un alivio, una aligeramiento o descarga de lo primero, con una historieta que mezcla la historia de dos huérfanos desamparados en clave fantástica y distraída con el músculo de un relato de superhéroes contemporáneo. El diseño de producción, modesto, acierta en varias cosas fundamentales y absolutamente sutiles en su evidencia: por un lado, la acción no se ambienta en un estilizado y laberíntico trasunto de Nueva York, como una tecnificada Metrópolis o una gótica Gotham, sino en los barrios populares de una Philadelphia obrera, nevada y un tanto desangelada, rabiosamente contemporánea; por otro, la casa de acogida donde habitan los protagonistas es, como reconoce el villano Doctor Sivana (Mark Strong), un verdadero tugurio… una casa desordenada y sin reformar plagada de juguetes, ordenadores, objetos y, por tanto, caracterizada por el candor, el calor familiar producto de una familia desestructurada de huérfanos solitarios que se reconocen entre ellos. ¿Se acuerdan de las casas donde habitaban los protagonistas de Cortocircuito o Encuentros en la Tercera Fase?

"Lo que convierte a ¡Shazam! en un acierto total, sea o no sea de naturaleza menor, es su sincera y relajada arquitectura argumental, que navega entre lo absolutamente convencional y lo anecdótico"

Lo que convierte a ¡Shazam! en un acierto total, sea o no sea de naturaleza menor, es su sincera y relajada arquitectura argumental, que navega entre lo absolutamente convencional y lo anecdótico, y que produce una sensación de juego, de (falsa) anarquía. El mago que concede el poder a Billy Batson (el inevitable Djimon Hounsou) desaparece de nuestra vista una vez se produce el trasvase, dejando al joven sin figura paterna, sin la figura arquetípica de un Maestro que oriente al héroe becario en sus primeros pasos… y que por tanto se dedica a hacer lo que cualquier otro niño haría con las capacidades de un héroe: el tonto con su mejor amigo. Una perfecta metáfora de un mundo confuso, apático y sin referentes que la película sin embargo refleja sin hostilidad, con optimismo y gusto por la travesura doméstica, en clave de comedia familiar.

El segundo acto completo de ¡Shazam! son líos y travesuras generadas por accidente por el propio protagonista, que encuentra por el camino un consuelo a su desamparo, un grupo del que formar parte… una familia disfuncional ya nunca más guiada por convencionales vínculos sanguíneos. Sandberg lo refleja con cierto ocasional gusto por el terror (su debut fue Nunca apagues la luz, seguida de la secuela Annabelle: Creation, todas para la New Line), como en la inesperada muerte de una científica, no exenta de choteo, o la escena en la que el villano aniquila a toda una mesa de ejecutivos, inesperadamente violenta, diseñadas todas para oponer al villano Sivana a Billy Batson: un hombre corrompido que rechaza a su familia y otro en ciernes que busca la suya a toda costa. El final resulta incluso conmovedor si en su agenda sentimental se encuentran títulos como Big, Cazafantasmas o El chico de oro, películas todas ellas caracterizadas por su falta de introspección… y su absoluto carisma: el poder de Shazam encarnado en el musculoso Zachari Levy no solo es un superhéroe con determinados valores, sino el hombre en el que un niño desgraciado se va a convertir, a pesar de los pesares.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)