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Siglo y medio de poesía moderna

El invierno de 1870 sorprendió a los madrileños con una ola glacial como no recordaban ni los más longevos. El día 6 de diciembre, la capital se despertó con una nevada de diez centímetros de espesor tras una madrugada a cinco grados bajo cero. El 22, día en que murió Bécquer, la nevada fue aún mayor. Las enfermedades pulmonares colapsaron las consultas médicas, en una cantinela que le sonará a quien sujete este texto. No se sabe si este descenso de temperaturas afectó a la ya frágil salud de Gustavo, lo que sí se sabe es que el día 10 ya andaba postrado en la cama para no salir de ella más. Agonizante, quemó papeles atados con una cinta azul, el color del amor en la poética de entonces. Hay quien dice que era parte de su obra, hay quien dice que eran cartas dirigidas a misteriosas amantes. Cuentan que sus últimas palabras fueron: «¡Todo mortal!». Media hora después de su muerte, un eclipse de sol apagó la ciudad. «Donde habite el olvido, allí estará mi tumba», rezan unos de sus versos más famosos.

"«Qué solos se quedan los muertos», había dicho en otra de sus famosas rimas. Volvía a equivocarse. A partir de entonces, le acompañarían miles de lectores"

Pero mucho me temo que el sevillano y su obra andan muy lejos de ese olvido junto al que creyó descansar. El 23 de diciembre, un día después de su muerte, un grupo de amigos se reúne en la plaza del Progreso para homenajear al poeta. En este sentido, pretenden recopilar sus mejores trabajos en verso y en prosa. La situación política era entonces una locura, pero aun con eso, personajes de distintas ideologías participaron en la edición. El rey Amadeo, que ya se había percatado de la sinrazón que movía el país que gobernaba, contribuyó con mil reales, acaso para mantener la concordia en torno a la figura de Bécquer. Las Rimas se publicaron en el verano de 1871, y su popularidad fue tal que pese a las modas vanguardistas finiseculares nadie podía competir en fama con las estrofas de Gustavo. «Qué solos se quedan los muertos», había dicho en otra de sus famosas rimas. Volvía a equivocarse. A partir de entonces, le acompañarían miles de lectores.

"Bécquer marca el inicio de la poesía moderna. Este diciembre se cumplen ciento cincuenta años de su muerte, y no hay movimiento poético que escape a su poder"

Bécquer marca el inicio de la poesía moderna. Este diciembre se cumplen ciento cincuenta años de su muerte, y no hay movimiento poético que escape a su poder. Tiene de romántico el hecho de llevarle la poesía a los de abajo, despojarla de clases, simplificarla mientras la enriquecía. Influyó tremendamente en el Modernismo, en Darío, en Juan Ramón y en Machado. A través de ellos pasa al Veintisiete, a Miguel Hernández y la generación de posguerra, a la poesía social y el Cincuenta, y así hasta hoy. No se comprende la lírica del último siglo y medio sin este revolucionario, que según Miguel Mena es el autor más leído en castellano después de Cervantes. No hay en España quien no sepa que volverán sus golondrinas; que una extraña pupila azul le volvió loco; o que podrá no haber poetas, pero siempre habrá, por suerte, poesía. Salve, Gustavo Adolfo.

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