Pablo Vierci, autor de La sociedad de la nieve y productor asociado de la adaptación al cine de Juan Antonio Bayona, publica una novela sobre el abuso infantil sostenido por el poder, el silencio y la complicidad adulta.
En este making of Pablo Vierci explica cómo escribió El niño que heredó el silencio (Suma).
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El origen de El niño que heredó el silencio está en mi memoria, de mi infancia y adolescencia, en los años cincuenta y sesenta, cuando el tema del abuso sexual infantil “no existía” en la sociedad, pero yo sí sabía que existía, vaya si lo sabía, y que era durísimo, por lo que viví muy cerca de mí.
A lo largo del tiempo, ese tema siempre soslayado ha vuelto a mi memoria, una y otra vez, con dos preguntas que no lograba responder: por qué no se hablaba de un tema tan doloroso, que generaba semejante colapso emocional, y qué sucedió en esas cabecitas de niños abusados, que no he vuelto a ver.
Y detrás de estas dos constataciones, algo que se convirtió, para mí, en una asignatura pendiente: por qué yo no hice nada. Por qué los adultos con los que hablé, en su momento, minimizaron tanto el tema, al punto de invisibilizarlo por completo.
He escrito desde siempre, con una primera novela que, para mi sorpresa, fue exitosa, editada en 1979, y publicada, además de en Uruguay, en Brasil y Estados Unidos como libro de bolsillo, y cada tanto me volvía ese tema que permanecía escondido en mi inconsciente, con algunas imágenes que surgían de cuando en cuando con tanta nitidez, como si hubieran ocurrido ayer. Con ellas, la frase de Freud, que les daba algún sentido: las emociones que se reprimen no mueren: se entierran vivas y vuelven a surgir de la peor manera imaginable.
La principal dificultad que siempre encontré para escribirlo fue la dureza del tema. Porque de alguna manera tenía claro que el abuso debía contarlo en forma explícita, con detalles, como me los contaban a mí en aquel pasado que parecía tan remoto y sin embargo resultaba tan presente.
Al mismo tiempo, pasaba el tiempo, y el abuso sexual infantil continuaba como si nada. El caso de Jeffrey Epstein, que explotó recientemente, no es casual. No era algo exclusivo de los años cincuenta y sesenta, sino del presente, aunque ahora sí se podía romper el silencio.
Los números son tan elocuentes que en octubre de 2025 el Ministerio de Juventud e Infancia de España encuestó a más de 9.000 jóvenes entre 18 y 30 años, concluyendo que el 48% había sufrido violencia psicológica en la infancia y adolescencia, el 40,5% violencia física y el 28,8, o sea, casi uno de cada tres, violencia sexual.
Me parecía que si no lo contaba de forma explícita no sería fiel con lo que había vivido en forma tan intensa y tan cercana en mi pasado.
Entonces ocurre un hecho que me habilitó, psicológicamente, a seguir adelante. Cuando mi libro La sociedad de la nieve llega a manos de Juan Antonio Bayona, hace la película, de la que además soy productor asociado, y advierto, desde que empezamos a trabajar, que un hecho tan duro como lo que ocurrió en los Andes en 1972 llegaría a millones de personas, y a pesar de lo desmesurado (en verdad llegó a 250 millones de espectadores) asumo el coraje suficiente para afrontar esa asignatura pendiente como siempre quise hacerla: cruda, veraz, dolorosa.
Al mismo tiempo encontré el género que me parecía más adecuado, el del thriller psicológico, no para edulcorar la verdad, sino para disimular la crueldad.
Ese género además se corresponde como ninguno con lo que rodea al abuso sexual infantil: las mentiras, la culpa, la extorsión, la violencia, el suspenso, la vergüenza y, fundamentalmente, el silencio, porque el trauma ocurre no solo por el abuso en sí, sino porque el niño o adolescente no tiene un adulto con quien verbalizarlo, no encuentra una forma de narrarlo, por su inmadurez emocional y el temor de los adultos que lo rodean, que lo extorsionan, por lo cual ese perpetrador pasa a anidar en su psique como un parásito que le trastoca el destino.
La asimetría entre el perpetrador todopoderoso y el abusado, el niño, más vulnerable que ninguno, me decidió a narrarlo en primera persona, cuarenta años después de ocurrido el abuso, como suele ocurrir en la realidad: aquello fue tan duro que se requiere mucho tiempo para poder traerlo a la conciencia. En este caso, una serie de hechos fortuitos le permiten al protagonista hilvanar la urdimbre de lo que en verdad ocurrió en su infancia y adolescencia, entender los mecanismos de defensa que le permitieron sobrevivir, el costo que esto tuvo en su vida, y llegar a un final que puede ser un camino de liberación.
La investigación que hice fue exhaustiva, porque el tema me apasionó siempre, para entender esas preguntas que nunca tuvieron respuestas: cómo algo tan grave puede estar soslayado, barrido debajo de la alfombra, y qué sucedió en esas cabecitas tan vilipendiadas.
Al mismo tiempo el proceso de escritura, ralentizando las emociones desordenadas y enterradas en mi inconsciente, me permitió encontrar, también a mí, mi propia redención.
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Autor: Pablo Vierci. Título: El niño que heredó el silencio. Editorial: Suma. Venta: Todos tus libros.


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