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Sobrevivir al fin del mundo

Imagen de portada: Lénine Prospekt ©Christophe Jacrot

Los personajes de una novela no tienen por qué ser de carne y hueso. Un pueblo, una montaña, una región o una ciudad pueden protagonizar una narración: el Nueva York por el que vaga Holden Caulfield —de parque en parque, de hotel en hotel— en El guardián entre el centeno; la Florencia de Una habitación con vistas (E. M. Foster), en la que Lucy Honeychurch descubre el amor y despierta al mundo paseando por la Piazza della Signoria; la Barcelona más genuina y gastronómica de las novelas de Carvalho, en las que Manuel Vázquez Montalbán nos lleva de Casa Leopoldo al bar Glaciar, del Raval a la Plaza Real pasando por el Mercado de la Boquería. En La memoria del hielo (Desnivel, 2021), la segunda novela de Susana Rizo —después de su premiado debut con Las vidas que te prometí (Plataforma editorial, 2018)—, también hay una localidad con un papel de peso en el reparto, Norilsk (krai de Krasnoyarsk, Rusia), la ciudad más contaminada del mundo, levantada sobre el enorme osario que fue el terrorífico gulag de Norillag. Situada al norte del círculo polar, esta urbe industrial de Siberia envía a la atmósfera más de dos millones de emisiones de gas al año. Aquí el frío es extremo, la luz escasa y el aire irrespirable. ¿Por qué Norilsk? Porque esta es una historia al límite —empapada de realismo mágico— que solo podría tener sentido pleno en este lugar.

El infierno también puede ser fascinante.

"Un viaje lleno de misterio hacia el interior de dos almas atormentadas que se hunden en el resquebrajado permafrost"

Pero Susana Rizo no se conforma con localizar su novela en un escenario tan poderoso como Norilsk. Allí sitúa a una mujer con una personalidad arrolladora, Elena Ivanova, que le arrebata el timón a Rizo y solo lo suelta para compartir protagonismo con el enigmático Serguéi. La memoria del hielo nos traslada a la primera noche del invierno polar en Siberia, cuando una joven Elena —atrapada por un alcoholismo que está arrasando su hígado, y también su corazón— escucha unas desgarradoras notas musicales que provienen de un edificio abandonado. Allí se esconde Serguéi, con quien comenzará a compartir confidencias y descubrir oscuros secretos durante los 45 días de oscuridad ártica. Un viaje lleno de misterio hacia el interior de dos almas atormentadas que se hunden en el resquebrajado permafrost.

«Elena había llegado a odiar Norilsk, la ciudad en la que nació, situada en el paralelo 69, más allá del círculo polar ártico. «El lugar de la Tierra más inhóspito para vivir», así es como se la conocía en el resto del mundo. Y exactamente así lo percibió ella durante mucho tiempo«.

"Todo este edificio que la autora levanta se remata utilizando una argamasa en la que se muestra experta, la magia"

La memoria del hielo es ante todo un relato de supervivencia. Elena Ivanova vive presa de Sveta —el nombre con el que llama a su compañera de viaje, la botella de vodka que le proporciona su dosis necesaria para huir de ese lugar, aunque sea por unas horas, las que permanece inconsciente en el suelo de su habitación—, inmersa en la autodestrucción, ella ejemplifica la sinrazón de esa ciudad metalúrgica donde el único futuro es dejarse llevar hacia la desolación entre cobalto y paladio. También es una historia de segundas oportunidades; la que reclama Serguéi, y cuya búsqueda activará a Elena para intentar escapar ambos a su trágico destino.

«Quien no acaba sintiéndose parte de Norilsk acababa sepultado bajo la nieve«.

Susana Rizo abre el Moët & Chandon al principio del libro, con un primer capítulo hermoso y desgarrador, pero Rizo no se conforma y nos ofrece más licores de calidad durante el resto de su novela, y lo hace con un ritmo frenético que te obliga a leerla de un tirón. La autora traza con escuadra y cartabón los caminos de Elena y Serguéi, utiliza el soldador de su estilográfica para no dejar un solo resquicio en la trama; cada coma, cada frase, cada párrafo está ahí por algo, como descubriremos al leer la palabra «Fin». Y todo este edificio que la autora levanta se remata utilizando una argamasa en la que se muestra experta, la magia. Todo lo apuntado en su debut literario, Las vidas que te prometí: sensibilidad, capacidad para el relato, creación de personajes que comunican con el lector, se multiplica por mil en esta nueva novela, perfectamente hilvanada. Memoria del hielo es la confirmación del talento de una escritora con infinitas posibilidades.

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Autora: Susana Rizo. Título: La memoria del hielo. Editorial: Desnivel. Venta: Todos tus librosAmazon y Casa del Libro.

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