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Solo para gente Smart

El otro día publiqué en mi blog una reflexión, o más bien un lamento, sobre lo que en el mundo de los productos digitales muchos llaman la shittización de un producto. Que queda muy chulo ponerlo en inglés, pero no es más que decir que es que un producto se convierte en una mierda. El artículo, que fue a la par una narración y una forma de hacer autoterapia, contaba tres situaciones que confluyeron en mi vida a la vez, generando un estado de cabreo, frustración, y estrés.

Sí, y lo peor es que tiene que ver con la tecnología.

Lo que yo pensaba en esos momentos era que, si yo, que soy un amante de la tecnología, que entiendo todo lo que está pasando, qué sé lo que me están pidiendo los diferentes productos, aún así me estaba cabreando y frustrando, cómo no iba a entender a aquellos que no quieren seguir la evolución tecnológica porque no son técnicos.

El problema que salta a la vista es que muchas gamas de productos se han shitted, por muchas cosas que no tienen que ver con el producto en sí.

"De la innovación a producción en meses. La consecuencia natural es que los productos están incompletos, sin probar, o directamente no funcionan bien"

Primero de todo, dejadme tener una pequeña reflexión con vosotros que en muchas reuniones los que trabajamos en tecnología he compartido. Y es la que ya sabéis, seguro. Esto va muy rápido. Y es verdad. Va muy rápido. La competencia entre compañías y países, y la guerra por la supremacía de las grandes empresas tecnológicas hace que una innovación pase a estar en las manos de los clientes en meses, cuando antes era un ciclo de años.

Recuerdo que los departamentos de innovación se diseñaban a tres, cinco e incluso —os lo juro— con proyectos a diez años. Hoy en día ya no es así. De la innovación a producción en meses. La consecuencia natural es que los productos están incompletos, sin probar, o directamente no funcionan bien. La razón de esto es que no se sabe si van a gustar a los usuarios o si tienen sentido, así no hay tiempo ni dinero que gastar en hacer pruebas con usuarios primero, o destinar semanas de pruebas de calidad. Se lanza y se ve lo que pasa. Y si hay suerte y gusta, pues The winner takes it all, que dicen los que saben de esto. Ser el primero tiene premio.

"Si quieres arreglarlos tienes que poner un montón de medidas de seguridad extras y comprobar en todo momento qué está haciendo el modelo"

Un ejemplo claro de esto son los sistemas de Inteligencia Artificial, donde hemos tenido tantos fallos en todos los productos, tantos problemas de seguridad, tantos nuevos retos que nos han venido de improviso, porque el producto se va a construyendo mientras se lanza. Cosas como los problemas de hacking a los Agentes de IA, que hoy en día son clave y un auténtico quebradero de cabeza en el mundo empresarial, simplemente no existían hace apenas un año.

Todos los modelos de Inteligencia Artificial Generativa se lanzaron sabiendo que tenían problemas de Prompt Injection, Jailbreak, Hallucinations y Un-alligment por diseño. Es decir, que si quieres arreglarlos tienes que poner un montón de medidas de seguridad extras y comprobar en todo momento qué está haciendo el modelo.

Para explicar los fallos en los modelos de IA que tenemos hoy en día suelo contar una metáfora graciosa con esto. Imagina que tú eres un modelo de Inteligencia Artificial y recibes el “Prompt” de “Estudiar”, así que decides que para hacer esa tarea lo mejor es ir a la Biblioteca. Sin embargo, cuando llegas allí te encuentras con un dato que no conocías al principio. Está tu colega, que te dice: “Necesito que me ayudes en la cafetería con el ejercicio tres, que no me sale”. En este caso, el contexto te ha dado un nuevo “Prompt” y el modelo de Inteligencia Artificial lo sigue, así que, en lugar de ir a la biblioteca directo, se van a la cafetería para poder hablar y allí el camarero dice: “Para estar aquí tenéis que consumir, ¿así que qué queréis tomar?” Cuando tú vas a pedir un café, tu amigo dice: “No, mejor tráenos dos cervezas que son las 17:00 de la tarde ya”.

"¿Qué tiene que ver la acción de tomar una cerveza con estudiar? La respuesta es nada. Te has liado, que decimos los humanos. En el mundo de la IA se dice que se ha desalineado"

Lo que tu amigo y el camarero han hecho es lo que se llama Prompt Injection, que es lo que les sucede a todos los modelos de Inteligencia Artificial. Si cuando están resolviendo un Prompt se encuentran con una nueva orden, la siguen aun cuando no han acabado la anterior. Ahora tú estás tomando cervezas, que era algo que no hubieras hecho si te lo hubieran dicho desde el principio. Hubieras detectado el peligro y hubieras dicho: “No, tengo que estudiar hoy”. Pero la sucesión de acontecimientos te ha llevado a la cafetería, y en la cafetería te han obligado a pedir algo, y tu amigo ha pedido por ti, así que te han hecho un “Jailbreak”, que es saltarse las protecciones sobre las cosas que no debes hacer. Como cuando yo le pido a un modelo de IA que me ayude a matar a alguien, pero antes le he dicho que realmente es un juego de rol, nada más.

Además, te estás tomando una cerveza, y la pregunta es… ¿Qué tiene que ver la acción de tomar una cerveza con estudiar? La respuesta es nada. Te has liado, que decimos los humanos. En el mundo de la IA se dice que se ha “desalineado”. No se sabe qué ha pasado, pero hemos mandado el modelo de IA a resumir el buzón de correo y se ha puesto a construir una bomba… ¿por qué? Pues porque se habrá encontrado órdenes que han hecho Prompt Injection y Jailbreak en algunos de los mensajes de la bandeja de entrada, ya ves.

Por último, como te estás tomando cervezas, tu lucidez sufre y comienzas a cometer errores, que es lo que en el mundo de los modelos de IA decimos que son “Alucinaciones”. Es decir, no hay garantía de que ningún dato que yo, como humano con tres cervezas dé, sea 100% correcto, como no lo hay con la IA. Estas cuatro debilidades en los modelos de IA son conocidas, pero aun así se han lanzado y estamos construyendo el mundo sobre ellos, lo que deja una cantidad enorme de problemas de seguridad, pero alguien habrá dicho: “¡Fuimos los primeros!” Recordad lo que importa es la velocidad.

"La consecuencia natural es que ningún negocio o producto digital es suficientemente bueno si no puede ser convertido en una plataforma para generar crecimiento de lo que se busque"

La segunda de las reflexiones tiene que ver con el “Growth” o Crecimiento, que es el mantra que quieren todas las empresas tecnológicas. Eso significa que tienen que crecer en usuarios, en ingresos, en margen operativo, en beneficios y en dividendos. Si no crece en todos esos parámetros, entonces la empresa se está estancando, y por lo tanto el mercado te castiga. Es una guerra de “Up or Go” que ningún ejecutivo de ninguna empresa digital puede evitar. Es la guerra, que diría Groucho: más madera.

La consecuencia natural es que ningún negocio o producto digital es suficientemente bueno si no puede ser convertido en una plataforma para generar crecimiento de lo que se busque: de usuarios, de ingresos, de margen operativo, de beneficio, de dividendos.

Así que, si tienes un producto digital con el que estás a gusto, cómodo, feliz, no te preocupes, detrás de él hay gente que tiene la necesidad de exprimir ese producto para que les des crecimiento. ¿Y cómo se lo vas a dar? Pues tienes que tener pagar más, darte de alta en más servicios, pasar más tiempo en la plataforma —si el negocio es vender anuncios—, tienes que darles más datos —si esos datos les dan información para venderte más—, tienes que suscribirte a más servicios, y conocer los nuevos que se van a lanzar. Y para ello, van a retorcer el producto y plagarlo de caminos a su crecimiento.

¿Y si simplemente estás a gusto con lo que tenías? Mala suerte, amigo, es el mercado.

"Los que llevamos años con los smartphones sabemos que les llamamos teléfonos, pero no es verdad. Son los miniordenadores que se buscaban desde la época del Apple Newton y las PDAs"

Esta forma de pensar tuvo sus primeras víctimas en los usuarios de teléfono móvil que se negaron a pasar a los SmartPhones. En estos, por poner a los iPhone como ejemplo, hay que sacarse usuario de Apple ID, de WhatsApp, tener cuenta de Twitter (o X), actualizar parches de seguridad, configurar el segundo factor de autenticación para el Apple ID, tener un Passcode, configurar el FaceID, crearte una cuenta de iCloud para tener backup —no te olvides de ponerle un 2FA a tu cuenta de Apple ID y de ampliarlo porque está lleno, poner tu tarjeta de crédito, y aceptar el incremento del servicio de almacenamiento porque has consumido ya todos los datos en la nube—, añade tu e-mail al FaceTime para tener vídeollamadas y llamadas sobre Internet, etcétera… Tanto es así, que cuando vas a llamar a un contacto le puedes llamar por WhatsApp, por teléfono, por FaceTime, por Signal, por Telegram y por tambor, si te pones.

Mi madre me dice: “Cuando me llamas tú, hijo, suena diferente. ¿Lo has hackeado para que sepa que eres tú?” No, mami, es que yo te llamo por FaceTime, y por eso te suena diferente, y el resto te llamará por teléfono. “¿Y no es lo mismo, hijo?” Me dice mi mami.

Los que llevamos años con los smartphones sabemos que les llamamos teléfonos, pero no es verdad. Son los mini-ordenadores que se buscaban desde la época del Apple Newton y las PDAs (Personal Digital Assistant), que venía a ser un iPad sin conexión a Internet, y con un interfaz de usuario de los años 90. Como las PDA no tiraban, alguien pensó en fusionarlo con un teléfono móvil —que la gente lo llevaba en el bolsillo—. Fue fácil ir metiendo las funciones de la PDA en esos teléfonos. Recuero cómo Steve Jobs decía que iPhone era un iPod, un teléfono y un navegador de Internet… y mucho más que vendría luego. Hoy en día hay gente que tiene eSIMs en SmartPhone sin número de teléfono.

Las que pasé para migrar un iPhone Europeo con una SIM y una e-SIM de dos empresas distintas, de dos países distintos, con múltiples apps, a un iPhone americano más moderno: fue un proceso muy divertido de casi tres días. Validando cuentas, segundos factores de autenticación, apps que deben ser firmadas, eSIMs que no se migran porque son multiSIM con el Apple Watch, etcétera. Pero como soy un experto en tecnología, pues lo hice. Sabía lo que me estaban pidiendo en todo momento, y lo conseguí migrar. Lo hice, claro, pero me generó el sentimiento que os he contado. El sentimiento de que hacer algo así está al alcance una minoría muy pequeña.

Pero lo peor fue el enfrentar una SmartTV moderna a mi mamá.

Igual que el SmartPhone perdió a muchos usuarios, que dijeron: “yo solo quiero llamar por teléfono y como mucho que me manden un SMS”, con la televisión tenemos a mucha gente que dice: “joder, yo solo quiero ver la tele”, que es lo que mi madre cree que tiene. Y no. No es una televisión. Es un producto digital. Y mi pobre madre dice: “Yo solo quiero ver mi telenovela, hijo”.

Mi pobre madre solo quiere ver la televisión.

El problema es que tiene una SmartTV —por suerte, de las antiguas, donde solo hay una barra de apps— y un descodificador para ver la televisión, por lo que tiene que utilizar dos mandos. Y ella no entiende por qué a veces se le va la tele y no funciona.

“Mamá, es que con el mando de la tele has tocado el subir o bajar canal y entonces se ha cambiado la fuente. Has pasado del HDMI al modo Televisión, y como no hay antena en la tele, pues no ves señal. No tienes que tocar ese mando para cambiar, solo para encender y apagar la tele. Y asegúrate de que el descodificador está encendido con la luz azul, y luego te mueves con el otro mando. No, con el botón de subir y bajar canal sólo cuando hayas seleccionado un canal, mientras tanto te mueves con las flechas. Vete a la guía con las flechas. Dale al ok. Sí, a ese botón que es como un cuadrado con una flecha que sale de él. A ese no. Dale para atrás… ¿cómo que cuál es el botón de para atrás? Pues el de la flecha retorcida. Vaya, no funciona. Vamos a empezar. Dale el botón del menú. Pero no a Inicio”.

Así que, como estaba harto de que tuviera dos mandos, le puse una nueva SmartTV con un solo mando y una app para ver la televisión. Todo parecía una buena idea hasta que la enchufé.

"Estoy ya cansado, llevo quince minutos siguiendo el proceso, pero por el momento nada de canales de televisión. Y cuando termino, se lo enseño a mi madre. Y me mira con cara de susto y me dice: ¿Y dónde está la tele?"

Todo comenzó solo con encender la televisión, donde se me pide que cree una cuenta de la empresa de SmartTV, que tengo que crear con un QRCode —imaginaos a una persona de 74 años ante eso—. Pero claro, la empresa quiere crecimiento, así que nuevas apps, nuevos usuarios, nuevos datos, nuevo acceso a servicios premium desde el móvil. Así que escaneo el QRCode y me pide que instale una app en el terminal, así que hay que usar las cuentas de AppleID para ponerla en el iPhone, la instalo, inicio sesión en la app con un correo y una password, me manda un SMS como 2FA, luego sigo con un Wizzard de permisos para datos y comunicaciones para la app. Que si quiero las noticias de la compañía de la televisión, las ofertas, los datos que le quiero dar de la app y a la SmartTV, y luego me pide el código que veo en la pantalla de la televisión de 14 dígitos, para darla de alta en mi app.

Estoy ya cansado, llevo quince minutos siguiendo el proceso, pero por el momento nada de canales de televisión. Y cuando termino, se lo enseño a mi madre. Y me mira con cara de susto y me dice: “¿Y dónde está la tele?”

Y yo miro la pantalla y lo veo todo claro, pero la miro a ella y pienso en un concepto que me salta a la cara: “Hay que saber un huevo para manejar una televisión”.

Solo con el interfaz que os he dejado, los conocimientos cognitivos que se supone que un usuario debe tener son más de un centenar. Y para una persona como mi madre, llegar a ver la novela es un reto brutal, así que está totalmente fuera de su alcance.

"Cada uno de esos iconos con un dibujo que seguro que conoces, pero que si no estás acostumbrado es un reto cognitivo más con el que debes lidiar"

Fijaos, en la imagen de cabecera hay un botón que pone “Watch Now” que está gris, y debajo hay una barra de tres botones que pone Discover en Blanco, Live y Apps. Una persona debe saber, solo para eso, que el banner de arriba es rotante, que hay cinco banners que van a cambiar automáticamente, pero que se pueden cambiar con las flechas —hay que llegar allí primero—; además debe saber que, si le da a Watch Now, se va ver en Prime, que es una app que requiere subscripción, y que si quieres verla tienes que tener una cuenta, o sacarte una cuenta de prueba, que te va a llevar a un asistente donde tendrás que poner un correo, validarlo con un 2FA, y que luego tendrás que poner una tarjeta de crédito y un número de teléfono que seguramente tendrás que validar, lo mismo te sale un QRCode que es algo que tienes que escanear y seguir desde tu Smartphone, donde tendrás que instalar una app, y configurarla también. Te pedirán permisos de GDPR para usar tus datos, y un largo etcétera.

Pero tiene también que saber que, si cuando está en Discover le da a la derecha, le va a salir una pantalla completamente nueva, en este caso de Live, que son contenidos de todas las apps que se están emitiendo en directo. Y cada uno de esos contenidos desde una suscripción distinta, que te va a obligar a un registro diferente. O que va a intentar que te registres.

Pero si en lugar de ir a la derecha vas hacia la izquierda, se abre un panel de configuración que estaba solo con unos iconos. Cada uno de esos iconos con un dibujo que seguro que conoces, pero que si no estás acostumbrado es un reto cognitivo más con el que debes lidiar. Y cada vez que pinchas en uno, se abre un nuevo control a la derecha con un montón de iconos. Y si pasas por esos nuevos iconos, cada uno de ellos tiene un menú de opciones que se bajan hacia abajo para tocar cosas, que tienen que ver con el bluetooth, el modo imagen, la configuración de la red Wifi, la VPN, etc…

"Después de darle una explicación magnifica que bien podría empaquetar en un curso de interfaces de usuario, mi madre me miró y me dijo: Esto es más complicado que mi vieja tele con dos mandos, hijos… ¿la puedes descambiar?"

Pero si en lugar de ir a la derecha o a la izquierda bajas… El scroll… —perdón, perdón, perdón— el desplazamiento vertical hacia abajo es infinito. Pasando por contenidos de diferentes apps, y apps, que si pulsas en uno de ellos te llevará a un nuevo universo de interfaz totalmente diferente. Para salir de ese nuevo mundo, tienes dos botones. El de “volver” que te lleva al punto de la navegación anterior… “hijo, ¿qué es el punto de la navegación anterior? Yo solo quiero ver mi telenovela… ¿Cómo pongo el canal?”… o el botón de Inicio que es la casita y te lleva a la pantalla principal: “¿Y qué es la pantalla principal, hijo?” Pues la del menú de opciones que hemos visto, mama. “Y este botón que pone Menú, qué es hijo?” Pues no sé, mamá, en cada app tendrá un funcionamiento. “¿Y en mi tele cómo funciona?”

Después de darle una explicación magnifica que bien podría empaquetar en un curso de interfaces de usuario, mi madre me miró y me dijo: “Esto es más complicado que mi vieja tele con dos mandos, hijos… ¿la puedes descambiar?”

Y eso hice. Y Mi Survivor —mi hija pequeña de 12 años—, que es una problem-solver en estado puro, optó por la solución más práctica. “Abuela, dame el mando del que no debes tocar los botones y celofán, que te lo voy a arreglar”.  Así que se quedó todo el mando como el de muchas personas mayores, que son excluidas de servicios tan básicos como ver la televisión solo por el deseo de “Growth”.

Ejemplo de mandos cercenados para personas mayores.

Es el mundo que vivimos, y aunque yo me esfuerzo por estar al día de toda la tecnología, es clarísimo que estamos permitiendo que los productos digitales definan las reglas y subyuguen a un televidente en un futuro consumidor de nuevos productos. Hemos convertido las televisiones en plataformas de recolección de datos y venta de otros servicios. Y lo mismo con los teléfonos, las cámaras de fotografía, las gafas, y pronto las lavadoras y las tostadoras.

Las camas serán smartbeds y nos venderán servicios extras de apps de psicodelia para alcanzar el culmen del éxtasis mucho más eficientemente e intenso. Eso sí, si eres capaz de configurar el Segundo Factor de Autenticación de la cama, que va a reconocer a las personas que en ellas duermen por la recogida de los sonidos de los ronquidos y el peso en el colchón. ¿Apostáis a que vais a tener que configurar la cama antes de usarla escaneando un QRCode y que va a ser una suscripción mensual el dormir en ella?

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