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Sopa de miso, de Ryū Murakami

Sopa de miso, de Ryū Murakami

En julio de 2026 estuve con Almudena, mi mujer, de vacaciones en Japón. La primera semana nos alojamos en Tokio, en un hotel del distrito de Shinjuku, en el barrio de Kabukicho, que es una zona de ocio nocturno de Tokio. A mi mujer y a mí nos gustó un bar de esta zona para cenar o tomar algo por las noches, y así muchos días atravesábamos unas calles de Kabukicho que intuía, por lo que había leído en internet, que eran las mismas en las que discurría la novela Sopa de miso (1997) de Ryū Murakami (Sasebo, Nagasaki, 1952). Este libro lo había hojeado alguna vez en la biblioteca de Pueblo Nuevo, en Madrid, que queda cerca de mi casa. De Ryū Murakami había leído, hará unos veinticinco años, Azul casi transparente (1976), su primera novela, en la edición de Anagrama, y guardaba un buen recuerdo de la modernidad y dureza de ese libro. Azul casi transparente es una traducción de la versión inglesa, y Sopa de miso, que en España la ha sacado la editorial Malas Tierras, sí es una traducción directa del japonés, a cargo de Jaime Montes.

El narrador de Sopa de miso se llama Kenji. «Acabo de cumplir veinte años y, aunque mi inglés está lejos de ser perfecto, trabajo como guía nocturno para turistas extranjeros. Me encargo sobre todo de la industria del sexo, así que en realidad no necesito un inglés muy fluido», leemos en la página 9 y primera del libro. Kenji, huérfano de padre, decidió no acudir a la universidad, y para independizarse lleva dos años acompañando a extranjeros por los bares y prostíbulos de Kabukicho. No trabaja para una agencia, ni tiene oficina, simplemente pone un anuncio en una única revista sobre ocio nocturno en Tokio para extranjeros.

"Desde el principio, Kenji va a tener la sensación de que Frank le miente, que cuando le dice que se dedica a importar radiadores Toyota al sudeste asiático no es cierto"

Kenji nos va a narrar algo que le ocurrió durante los últimos tres días del año anterior. No parece que la narración de los hechos, que empiezan el 29 de diciembre (posiblemente de 1996), esté muy separada de ellos. Ese día 29, Kenji va a conocer a Frank, un turista estadounidense, que le dirá que tiene treinta y cinco años. Justo cuando suela el teléfono y Kenji entra en contacto por primera vez con Frank, Kenji estaba leyendo en el periódico una noticia sobre una adolescente asesinada, de un modo salvaje, en Kabukicho. Desde el primer momento, Kenji empezará a sospechar que Frank ha podido ser el asesino. La adolescente parecía ejercer la prostitución, bajo la protección de un grupo de delincuentes. El periódico que lee Kenji advierte a las chicas sobre el peligro de las «citas retribuidas». Hace poco vi en Filmin la película Love & Pop (1998), del director Hideaki Anno, que está basada en la novela Topaz II (1996), de Ryū Murakami, que no se ha traducido aún al español. Esta película se centra en este fenómeno de las «citas retribuidas», en las que adolescentes salen con hombres mayores a cambio de dinero o regalos, y que era un hecho que alarmaba a la sociedad japonesa de la época.

Desde el principio, Kenji va a tener la sensación de que Frank le miente, que cuando le dice que se dedica a importar radiadores Toyota al sudeste asiático no es cierto. Y también Kenji va a describir a Frank, para el lector, con características que crean extrañeza sobre su persona: su rostro, por ejemplo, tiene algo raro, que no permite averiguar su edad, y sobre todo esto se debe a su piel. «Parecía casi artificial, como si hubiera sufrido algún tipo de quemadura horrible y un cirujano hubiese tenido que reconstruirle la cara con un material sintético pero increíblemente realista» (pág. 13).

"Kenji acompaña a Frank por los locales de Kabukicho este 29 de diciembre y nos irá hablando de las personas con las que se encuentran"

Montes, el traductor, tiene que trabajar el lenguaje juvenil de Kenji, y así podremos leer expresiones en su discurso como «dar la turra», «gente chunga», «chulos de putas»; sin embargo, Kenji también es un joven que suele hacer agudas reflexiones sociológicas sobre los japoneses y, a veces, por contraste, sobre los estadounidenses, o aparecen en el texto cuestiones sobre el modo de vida japonés. Algunas de estas apreciaciones podrían ser las siguientes: «A los extranjeros hay muchas cosas de este país que les parecen anormales, y yo soy incapaz de explicarles la gran mayoría de ellas. Me preguntan cosas como: “Si Japón es uno de los países más ricos del mundo, ¿por qué tenéis el problema del karoshi, la gente que trabaja hasta la muerte?”. O: “Puedo entender que les pase a chicas de los países asiáticos más pobres, pero ¿por qué en un país tan rico como Japón las estudiantes se prostituyen?”» (pág. 52).

O en la página 87: «Creo que la gente como Jun y como yo nos estamos convirtiendo en mayoría en este país. Muy pocos de nuestra generación o de la que nos sigue alcanzará la madurez sin conocer un tipo de infelicidad tal que uno no pueda afrontarla por sí mismo. Aún somos una minoría, así que los medios de comunicación nos llaman “jóvenes hipersensibles” o el último concepto de moda».

Kenji acompaña a Frank por los locales de Kabukicho este 29 de diciembre y nos irá hablando de las personas con las que se encuentran. «No diré que solo hay gente deprimente trabajando en Kabukicho, pero aquí todo el mundo tiene un pasado» (pág. 32). La tensión narrativa irá creciendo según avance la noche y Kenji vaya conociendo más a Frank.

"Kenji tiene una relación con Jun, una joven de dieciséis años, que suele visitarle en su casa y que también empezará a sentirse preocupada por lo que le cuenta este sobre Frank"

En más de una ocasión he pensado que las influencias literarias de Ryū Murakami eran muy propias de la narrativa estadounidense. Así, por ejemplo, en los discursos de los personajes se van filtrando pequeñas historias que parecen propias de la ficción breve estadounidense. Ryū Murakami creció en Sasebo, donde había una base militar estadounidense, y siempre ha declarado que la cultura popular estadounidense ha sido importante para él. No he encontrado una declaración que afirme que, cuando escribió Sopa de miso, se sintiera influido por obras como Menos que cero (1985) o American Psycho, de Bret Easton Ellis, pero sí sé que estas obras se tradujeron pronto al japonés y es probable también que Murakami pudiera leer en inglés. Sí que siento una conexión entre estos autores. O quizás haya algo más profundo con la propia ficción de los noventa, con la pulsión universal del cambio del milenio, y la sensación de aislamiento de las personas en medio de los avances tecnológicos que se percibían aquellos días, donde la figura del asesino en serie o el psicópata se hizo tan presente en la ficción literaria o cinematográfica.

Kenji tiene una relación con Jun, una joven de dieciséis años, que suele visitarle en su casa y que también empezará a sentirse preocupada por lo que le cuenta este sobre Frank. Sobre todo, cuando el día 30 de diciembre las autoridades den la noticia de la muerte violenta de un mendigo en la zona. Kenji volverá a sospechar de Frank, pero no tiene ninguna prueba que haga que le pueda denunciar a la policía.

"Sopa de miso se publicó primeramente inicialmente en 1997 por entregas en un periódicos, durante unos meses, y luego, ese mismo año, apareció en forma de libro. Es una de las novelas más populares del autor"

Hacia la mitad de la novela se produce un giro en la trama, que no quiero desvelar, un giro que adentra la novela en las tinieblas de la violencia más extrema, y que le hará al lector plantearse qué clase de narrador es Kenji. ¿Es un narrador no fiable y el lector debe poner en entredicho lo que nos cuenta? ¿Kenji está preocupado por alguien que puede ser un psicópata o un sociópata, pero en el fondo él también lo es? ¿Es Kenji un personaje marginal que desprecia a las personas, igual que parece hacerlo Frank, quien afirmará que le extirparon una parte del cerebro y sus reacciones no son las normales?

Sopa de miso se publicó primeramente inicialmente en 1997 por entregas en un periódicos, durante unos meses, y luego, ese mismo año, apareció en forma de libro. Es una de las novelas más populares del autor. Sopa de miso describe muy bien el desconcierto de fin de milenio que se vivió en los 90. Es una novela ágil y cargada de tensión. Quizás su segunda mitad resulte algo desconcertante y le haga cuestionarse al lector su verosimilitud narrativa, pero contiene también agudas reflexiones sobre el Japón moderno y describe el barrio de Kabukicho con mucha viveza. Sopa de miso ha supuesto un salto para mí desde autores japoneses más clásicos —como Soseki o Mishima— hasta esta modernidad, más de corte norteamericano, y a veces muy cinematográfica. Una novela perturbadora.

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