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Televisión que invita a la lectura

Mi madre me enseñó muchas cosas. Una de las más útiles es que uno debe tener siempre a Shakespeare a mano.

Dr. Víctor Frankenstein, capítulo 2 de la temporada 1 de Penny Dreadful

La cultura no nace de cero. Es un proceso acumulativo en el que todo lo pasado importa, incluso para dar a luz a un movimiento rupturista. El blues, por ejemplo, se construye sobre un patrón básico asentado durante décadas. 12 compases son sus cimientos, una base sólida sobre la que se construyeron otros géneros musicales, como el rock and roll. En la narrativa de ficción sucede lo mismo. Los relatos crecen gracias a la autorreferencia, al impulso de los que llegaron antes.

John Logan es el creador de Penny Dreadful, una serie de televisión que está a punto de estrenar su tercera temporada (en España llega el 2 de mayo a Movistar+). Imagino el escritorio del guionista repleto de libros, con Mary Shelley, Oscar Wilde, Bram Stoker, Alan Moore, Shakespeare, Lovecraft y Edgar Allan Poe, entre otros, impulsando cada golpe de teclado. La serie ofrece un camino de ida y vuelta entre los libros y las pantallas. Prescribe novelas cada vez que presenta a un personaje, ya sea principal o secundario. Además, ofrece una segunda vida a iconos literarios como Dorian Gray, Frankenstein, Mina Murray o Calibán.

Puede que haya quien vea aún las series de televisión como esas penny dreadfuls del siglo XIX británico, como un entretenimiento barato. Grave error. En casos como el que nos ocupa difícilmente le sacará todo el partido a la historia quien no haya disfrutado previamente de un buen puñado de clásicos literarios. En plena expansión de la narrativa televisiva, sus cimientos culturales están más que claros.

Los protagonistas de Penny Dreadful, Vanessa Ives (Eva Green) y Sir Malcom Murray (Timothy Dalton), no sólo dedican su vida a la lucha contra el mal, también se han empeñado en que leamos, y lo hacen a las órdenes de directores como José Antonio Bayona o Paco Cabezas. Hay mucho que aprender de cómo la cultura anglosajona homenajea, respeta y construye sobre sus iconos.