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Teoría del malentendido

Escribir Too late ha sido un acto de liberación. Cuando el corsé del mundo académico me oprimía el pecho hasta el desmayo de Elle Fanning en Cannes, una conversación con Enrique Vila-Matas fue la corriente de aire que volcó con violencia los objetos y cambió los muebles de lugar. De alguna forma este libro es el registro de ese cataclismo. Aunque también es un vagabundeo, un réquiem prospectivo y una gran carcajada.

"La novela está estructurada en tres tiempos (futuros) en los que hay trenes ingrávidos y lluvia, mucha lluvia, pero el agua no es hostil"

En cuanto al argumento, es fácil de resumir: un viejo crítico literario —el Crítico— escribe sus últimas palabras desde un piso destartalado en Nápoles; un prestigioso escritor —el Autor— baja de un tren en Turín dispuesto a zanjar su relación con el mundo exterior; mientras, un personaje con las manos tatuadas trata de reconstruir la historia escuchando desde una mesa cercana la delirante conversación que ambos mantienen. Todo esto para narrar la metamorfosis creativa de un personaje y revelar —recurriendo a la idea del negativo— una etapa particularmente oscura de mi vida.

La novela está estructurada en tres tiempos (futuros) en los que hay trenes ingrávidos y lluvia, mucha lluvia, pero el agua no es hostil, sino que marca el ritmo de la respiración mientras escribo. Porque lo hago en voz alta, marcando a veces con una mano el ritmo de las frases. Esa cadencia puede ser torrencial y a veces un simple goteo, como el de un gotero de morfina o el de un agujero en el techo. A veces sueño con que en este libro el agua fluye con la intensidad justa.

"El Crítico y el Autor conversan en la noche de Turín mientras alguien escucha desde una mesa cercana, incapaz —o no— de reescribir el mundo"

Las respuestas de Vila-Matas a aquella conversación que mantuvimos hace ahora cuatro veranos están reproducidas íntegramente en el libro, lo que supone una apuesta oulipiana por jugar en serio. El libro se debe a esa necesidad de vertebrar la narración en torno a una voz ajena, que interviene en el texto como la conciencia con la que de forma natural uno discute mientras piensa y, sobre todo, mientras escribe. Esa voz que duda y comete errores, pero que también crea y lo hace casi siempre a partir de ellos. Escribir Too late me forzó a dialogar con varias voces, propias y extrañas, hasta hacerlas mías. La conversación real fue como un esqueleto al que poco a poco —respirando, como si lloviera— fui sumando tendones, arterias, nervios, vísceras y músculo, hasta que la fabulación se abrió paso y entró luz en la crisálida. En ese momento, con ese cuerpo, las voces ya eran mías, y solo entonces empecé a comprender algunas metáforas, algunas imágenes.

Leer es habitar el texto, es apropiárselo y darle una segunda vida. Eso es lo que buscan —y lo que pedían— los personajes del libro, una segunda vida. El Crítico y el Autor conversan en la noche de Turín mientras alguien escucha desde una mesa cercana, incapaz —o no— de reescribir el mundo. Too late es tal vez una teoría del malentendido y de la lectura como mudanza. Es una invitación a mudar la piel.

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Autor: Mario Aznar . Título: Too late. Editorial: La Navaja Suiza. Venta: Todostuslibros

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