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Tercer cielo, de Rocío Márquez y Bronquio: El flamenco que sonaría en una «rave»

Tercer cielo, de Rocío Márquez y Bronquio: El flamenco que sonaría en una «rave»

En ocasiones se ha hablado de «flamenco puro» para referirse a lo supuestamente «ortodoxo» y «tradicional», a lo que es fiel a un canon y tiene unas barreras delimitadas, como si fuese una disciplina intocable y sacralizada. Cambiar esta frase por: Fueron muchos los artistas flamencos criticados en su momento por heterodoxos, que curiosamente luego pasaron a la historia por ello: Camarón puso el flamenco patas arriba con La Leyenda del Tiempo, Ray Heredia creó lo denominado «nuevo flamenco» con Quien no corre, vuela, y Enrique Morente compuso un Omega llevando la vanguardia al extremo. Con el tiempo, esa idea de «pureza» parece tener más que ver con ser libre y espontáneo que con adherirse a una tradición marcada. Así, cada vez encontramos más artistas sin prejuicios a la hora de mezclar el flamenco con otros géneros, como Califato ¾ y los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Además, es preciso tener en cuenta la reciente reivindicación del folclore español por parte de artistas jóvenes españoles que se han atrevido a fusionarlo con otros géneros, como es el caso de Baiuca y Boyanka Kostova.

"Si el disco de por sí llama la atención por su peculiar fusión de géneros, también lo hace indudablemente por sus letras"

Dentro de este panorama nacional musical nace Tercer cielo, el último proyecto de la cantaora onubense Rocío Márquez, unida con el músico jerezano Bronquio para recuperar el espíritu de Omega y crear una obra compacta que mezcla palos flamencos con música electrónica. Cuando Rosalía debutó con El Mal Querer, Pedro G. Romero afirmó que era una artista a la que «se estaba esperando», como si viniese a ocupar un hueco que debía llenarse necesariamente. Lo mismo podríamos decir de Rocío Márquez: era necesaria una figura que aunase el flamenco con sonidos de la electrónica usando su voz como un instrumento más, siendo susceptible a cambios y experimentación, atravesando referentes que vayan, por ejemplo, desde nuestro clásico Manolo Caracol a la joven productora y DJ venezolana Arca. El propio Bronquio, curiosamente, ya había experimentado con anterioridad sampleando al dúo Lole y Manuel en su canción «Niño».

Si el disco de por sí llama la atención por su peculiar fusión de géneros, también lo hace indudablemente por sus letras. La idea de «tercer cielo» aguarda ese experimentar, en palabras del propio Bronquio: «Un primer cielo es cuando te empiezas a dedicar a lo que te gusta. El segundo es cuando niegas todas las reglas que has seguido para abrirte a otros espacios, y el tercero es cuando te da igual todo y empiezas a jugar». Para alcanzar esta idea mediante las letras se han ayudado principalmente de la escritora y poeta Carmen Camacho. Pero, a su vez, también han adaptado escritos de otros autores: el disco se abre con «Paraíso. Cuántos cuerpos por venir», una canción milonga en la que se toma como idea el poema «Denso, denso» de Miguel de Unamuno («Cuanto más denso más blanco, si es pensamiento»). El tema que la sigue, «Exprimelimones», recupera frases de la conferencia Juego y teoría del duende, de Lorca («El duende exprime limones de madrugada […]. Las artes y los países tienen ángel, musa y duende»).

"Esa idea de experimentación también continúa en Droga cara, un aguilando que canta la contundente frase Voy a parirme a mí misma"

El álbum también alberga poemas de contemporáneos, como es el caso de «La piel», canción que aparece dividida en tres versiones a lo largo del disco y que combina distintos versos del poema «Por recoger tus huellas», de Luis García Montero («Qué solitario vivo / en este corazón / donde hace frío […]. Por recoger tus huellas / ha caído la nieve / sobre la acera […]. Donde la nieve espera, / preparando el regreso / para tus huellas»). En el garrotín «Un ala rota», de carácter muy festivo, se recupera el sonido Caño Roto, de Las Grecas, y se adapta la letra acorde a la idea de libertad, presente durante todo el disco («Con el garrotín / con el garrotán / en el nombre de la libertad»). Esa idea de experimentación también continúa en «Droga cara», un aguilando que canta la contundente frase «Voy a parirme a mí misma». Llama atención especial la canción por soleá «Prefiero la muerte», inspirada en el «Prefiero mejor la muerte», de Manolo Caracol, y la malagueña posterior de Enrique Morente junto al maestro Sabicas («Mátame ya de una vez / porque yo prefiero la muerte / sin tu querer»).

El disco es seguido de «Mmmm», unas bulerías cuya letra adapta el «Tarde te amé» de Las confesiones de San Agustín («Tarde te amé, hermosura antigua y nueva / que estabas dentro de mí»), y que combina también con el «Toda ciencia trascendiendo» de una de las coplas de San Juan de la Cruz. Pero sin duda, son claves las dos últimas canciones del álbum: la penúltima, «El corte más limpio», es la más puramente electrónica, y podría sonar perfectamente en una rave de techno a las siete de la mañana, coordinando palmas con una voz distorsionadísima de Rocío —hasta tal punto de que lo único entendible es un breve «Y te cortaron las manos»—. El disco termina con una toná, «La Marca», cantando el «Aquel que se va» de Antonio Mairena y cerrando de esta forma el trabajo con su profundo verso «Qué grande es la libertad».

"Así, este cúmulo de diecisiete canciones termina conformando lo que es un álbum multisensorial, donde la voz se vale de sus distintas facetas y capas"

Así, este cúmulo de diecisiete canciones termina conformando lo que es un álbum «multisensorial», donde la voz se vale de sus distintas facetas y capas. Rocío Márquez, gran conocedora del flamenco —y que además ha escrito una tesis sobre su técnica vocal—, hace una idónea pareja artística con Bronquio, de tradición punk-hardcore y con experiencia en fusiones de electrónica con otros géneros. Aunque Rocío cante ese claro «Voy a parirme a mí misma» —refiriéndose a la renovación y autonomía propia dentro del arte—, no escatima en tener claros sus referentes e ir de lo antiguo a lo nuevo, de lo culto a lo popular, del campesinado rural a la rave moderna. De San Juan de la Cruz a Lorca y de la toná —uno de los palos matrices del flamenco—, a las bulerías interpretadas con voz enlatada; también de los verdiales malagueños a la milonga flamenca derivada de la rioplatense de Gardel. Porque, como ya ha dicho la joven cantaora en alguna entrevista —citando al poeta Luis Rosales—, «lo vivo es lo junto», y en la pureza también reside la libertad de emparentar unos referentes para así conseguir una expansión de las barreras culturales, mediante el «riesgo» que en ocasiones conlleva, y que este prometedor álbum ha conseguido asumir.

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