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Tierra de oportunidades

Siempre he tenido la sensación, perdónenme que les diga, de que Castelao (1886-1950) nos legó cousas atemporales. Caricaturas válidas para describir casi cualquier realidad social presente, pasada o futura con mayor grado de acierto y síntesis que cien sesudos ensayos. Y que, por si fuera poco, no solo representan a los que hemos nacido en Galicia. En una de sus viñetas, una multitud de mujeres, hombres y niños de espaldas arrastran bultos y petates hacia un barco atracado en la lejanía. El pie de ilustración es certero: «sí, sí; pero a xente vaise». Porque sí, de una tierra pueden predicarse todo tipo de loas con los fines que se prefieran. «Rastrear» su abolengo hasta el Paleolítico si se quiere. Alabar sus paisajes, cultura, gastronomía y el carácter de sus gentes. Pero si no cuenta con lo mínimo para una vida digna —pan y posibilidades— esas gentes se marcharán. De marcharnos, en Galicia —y en toda España sabemos un rato; lo que hace más de un siglo muchos no sabían es que el destino de ese viaje sería el infierno.

Bibiana Candia (1977) viste la toga de Virgilio para guiarnos por este averno particular titulado Azucre (Pepitas de Calabaza, 2021), intensa y bellísima novela corta en torno a una terrorífica odisea real: la de miles de jóvenes gallegos que, a mediados del XIX, emigraron a Cuba en búsqueda de oportunidades y terminaron vendidos como esclavos por el empresario y político orensano Urbano Feijóo de Sotomayor (1808-1898), que pretendía sustituir la mano de obra negra y perpetuar el salvaje régimen de explotación de la caña de azúcar.

"Así es como ha construido Candia este volumen de capítulos breves, aunando pensamientos íntimos y recuerdos de una tierra exangüe que nada puede ofrecer a su prole"

Valiéndose de una prosa tan pulida como rica en matices, Candia entreteje un relato delicado, profundo, que podría incluso leerse como una suerte de diario de las emociones y tormentos de sus desdichados personajes principales —Orestes, el Tísico, el Rañeta, Trasdelrío, José el Comido, Tomás el de Coruña; rapaces inocentes doblegados hasta convertirse en sufridas herramientas de trabajo—, y que alcanza esa nota de «lírica humilde» que solo florece en el fango de la supervivencia.

Contamos en gallego con una palabra preciosa para describir el espíritu del libro, y que también identifica a una antología de relatos del mentado Alfonso Castelao: «retrincos», traducible como «cada uno de los pedazos que sobran de una cosa después de cortarla». Porque así es como ha construido Candia este volumen de capítulos breves, aunando pensamientos íntimos y recuerdos de una tierra exangüe que nada puede ofrecer a su prole, encerrando en sus páginas el testimonio fragmentario de quienes cruzaron el océano en condiciones infrahumanas para descubrir que siempre existe un lugar peor. Y porque así quedó Galicia —recortada— tras las sucesivas oleadas de emigración, así se quedaron quienes siguieron allí —madres despedazadas, hermanos sin hermanos—, y en eso mutaron los supervivientes de la atrocidad: en hombres rotos y espíritus amputados por el horror de la esclavitud.

"El auténtico enemigo de quienes no tuvieron más remedio que sustituir por un sol abrasador los ríos, fuentes y regatos pequeños a los que cantaba Rosalía no es otro que la avaricia, una de las variantes más peligrosas del egoísmo"

Candia muestra eso y más a través de los párrafos y los silencios —hay quien dice que ahí reside la literatura más valiosa— de una obra que entronca con el pasado negrero de los países europeos, con la pobreza como estigma universal y con el fatalismo marca de la casa de la literatura galaica clásica: en Azucre no cuesta encontrar —en las decisiones que se toman, en los diálogos lacónicos, en los secos monólogos interiores ligados a sentimientos primigenios— similitudes con los personajes urdidos por maestros de la narración como Eduardo Blanco Amor (1897-1979) o Carlos Casares (1941-2002). Incluso hay espacio para acoger detalles provenientes de la mejor tradición del realismo mágico cercana a Álvaro Cunqueiro (1911-1981) o Manuel Rivas (1957).

En cualquier caso, dice el refrán que hambre y frío meten al hombre en casa del enemigo. En Azucre queda claro que ese enemigo no respondía, ni responderá jamás, al nombre de una sola persona —un supuesto compatriota que, como suele ocurrir, moriría en la cama—; tampoco al de todos aquellos que, a sabiendas, colaboraron con semejante crimen desde el lado prensil de la vara, ya vistieran traje, sotana o camisa de labriego. El auténtico enemigo de quienes no tuvieron más remedio que sustituir por un sol abrasador los ríos, fuentes y regatos pequeños a los que cantaba Rosalía (1837-1885) no es otro que la avaricia, una de las variantes más peligrosas del egoísmo. A quienes la fomenten o la permitan, ni agua. Para el resto, para quienes la sufren, hay otro verso de la inmortal santiaguesa, bálsamo de abnegación y recordatorio de que incluso ese sufrimiento es pasajero y compartido:

que no tan solo para ti corren
horas y meses.
Todo contigo, seres y mundos
deprisa marchan, todo envejece.

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Autora: Bibiana Candia. Título: Azucre. Editorial: Pepitas de calabaza. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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