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Tocata y fuga teatral

Entre los dramaturgos hay una expresión que se ha convertido en el lema de la Feria del Libro Teatral y que, al tiempo que una verdad incuestionable, es también un deseo y una recomendación que esconde una súplica: “el teatro también se lee”.

Y hay autores/as de teatro que llevan esa máxima hasta sus últimas consecuencias. Lo que leemos ES teatro, pero sobre todo prima una poética particular que olvida por completo cualquier concesión a las unidades aristotélicas.

Por supuesto, son obras representables, pero es en la lectura de los textos donde podemos recrearnos en la belleza o el horror que ofrecen.

Sólo en la intimidad del diálogo entre el autor y el lector puede producirse esa catarsis que se busca provocar desde el escenario. Existirá, sin duda. Pero será diferente.

"Esto es así gracias al uso que el autor hace de las acotaciones, y que en un guion aporta una información útil y necesaria, pero que siempre acaba descartada"

Hay obras que contienen ese conjuro mágico. Y las dos obras que nos ocupan hoy, y que se alimentan la una de la otra, destilan esa magia.

Ignacio del Moral, maestro de guionistas y dramaturgo veterano, nos ofrece un ejercicio de estilo que sólo es posible cuando se cuenta con un determinado bagaje personal.

Igual que hay autores que retratan paisajes vividos a través de sus experiencias (ya sea una guerra, un éxodo, una violencia estructural…), Del Moral escribe una obra con los “restos de un guion”. Y esa particularidad, que pasa desapercibida para el lector neófito, hace que las dos obras que componen este volumen alcancen un nivel superior al resto. Esto es así gracias al uso que el autor hace de las acotaciones, y que en un guion aporta una información útil y necesaria, pero que siempre acaba descartada en la copia final —guion literario vs. guion técnico—.

Ojalá se publicaran más guiones literarios para disfrutar la belleza de muchas historias atrapadas y mutiladas por el rigor del lenguaje cinematográfico.

"La habilidad narrativa de Del Moral nos convierte en “cotillas”, lectores voyeristas que tras abrir el diario de P. no podemos dejar de leerlo"

Tanto P. ,el protagonista del primer bloque, como UNA y OTRA, las mujeres que componen el segundo, son personajes que podemos imaginar perfectamente en una pantalla. Eso sí, una pantalla que se enciende y se apaga para mostrarnos sólo fragmentos de la vida, o de un diario. No obstante, es a través del lenguaje teatral cuando estos personajes alcanzan la dimensión que merecen, porque sólo el teatro convierte el caos y el absurdo en verdad.

Los personajes que propone Ignacio del Moral necesitan del teatro para existir, más allá de los juegos experimentales y vanguardistas que puedan sugerir a quien quiera llevar los textos a escena.

Eso sí, querido lector, no pienses que esta es una obra “rara” o de lectura densa. Es una propuesta que respira el aire de libertad que inspiraba el teatro de los 90, cuando Ignacio la escribió y Ernesto Caballero la llevó a escena en la mítica Cuarta Pared.

Por el contrario, la habilidad narrativa de Del Moral nos convierte en “cotillas”, lectores voyeristas que tras abrir el diario de P. no podemos dejar de leerlo. Y lo abrimos y cerramos rápidamente para que no nos descubran, ansiosos por querer saber más. Y miramos a un lado y a otro, tratando de descubrir algún cómplice que, como nosotros, se haya convertido en guardián de su día a día.

Es entonces cuando, sin darnos cuenta, detenemos nuestra mirada en UNA u OTRA persona, provocando que sus vidas se modifiquen a través de nuestra mirada.

Ignacio del Moral nos ha regalado una pieza llena de ternura, humor y realidad. Y es esa realidad, perfectamente reconocible, la que nos hace convertirnos en cómplices de sus personajes.

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Título: Páginas arrancadas del diario de P. / Fugadas. Autor: Ignacio del Moral. Editorial: Ediciones Invasoras. Venta: Todostuslibros.

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