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Todos somos Leopold Bloom

Galaxia Gutenberg, en este año de conmemoraciones del centenario de la magna novela del exiliado irlandés, y tras haber editado recientemente el Ulises con ilustraciones de Eduardo Arroyo, en una versión que bien podríamos denominar primigenia, al brindar a los lectores la traducción del escritor argentino José Salas Subirat, el primero en versionar el Ulises al español, completa su declarado homenaje a esta cumbre literaria, para gozo de joycianos y de lectores en general, con la publicación del libro de Eduardo Lago Todos somos Leopold Bloom: Razones para (no) leer el Ulises.

Digo libro, sin especificar su naturaleza, con el objeto de no alejar a los lectores más apocados, si bien la mayoría de sus páginas pueden pertenecer con todo merecimiento al género hermenéutico —Lago interpreta y desvela no pocos de los incontables arcanos que atesora el Ulises—, al ensayístico y a los más ortodoxos estudios literarios. El libro es todo eso, pero también mucho más, al presentarse ante nosotros con la inmediatez de un cuaderno de bitácora, de un manual de instrucciones tejido con generosidad por un apasionado y lúcido lector que lleva dándole vueltas al Ulises desde hace más de 50 años.

"Lago, en estas páginas, no pretende trenzar un nuevo hilo de Ariadna ni tampoco transformarse en un profesoral Virgilio con el que recorrer los 18 círculos joycianos"

El profesor, escritor y traductor Eduardo Lago, desde sus numerosas experiencias e inmersiones lectoras en el Ulises, no cesa de lanzarnos liberadores interrogantes, a la vez de darnos algunas certezas para que podamos navegar con ciertos puntos de orientación por el insondable dédalo al que nos somete Joyce, una y otra vez, en el Ulises. Lago, en estas páginas, no pretende trenzar un nuevo hilo de Ariadna ni tampoco transformarse en un profesoral Virgilio con el que recorrer los 18 círculos joycianos, sino que en todo momento intenta trasladarnos, generosamente, un mapa experiencial para que con nuestros medios podamos sortear con éxito los peligros que nos aguardan tras las esplendorosas páginas del Ulises.

El Ulises es una novela, señala Eduardo Lago, que «pertenece a un club singular: el de los libros que la gente afirma de manera enfática adorar y de hecho adora sin haberlos leído». Una novela que ya forma parte de nuestra percepción de la realidad, y de la que resulta imposible sustraerse. Igual que todos somos un poco Quijotes o un poco Sancho Panzas, también todos somos un poco Leopold Bloom. El propio Eduardo Lago no deja de replantearse una y otra vez las causas de la fascinación que siente por esta ficción desde que a sus diecisiete años se sumergió en su procelosa prosa: «¿Cómo hablar de un libro así? ¿A qué responde la fascinación que ejerce, solo comparable a su legendaria dificultad?». El profesor llega incluso a realizar un recorrido por la tradición literaria y por su personal canon de lecturas —donde, incitadoramente, en un libro sobre el Ulises de Joyce, reconoce su devoción por Marcel Proust—, hasta alcanzar la honesta conclusión de que el Ulises es uno de esos libros a los que siente «la necesidad de regresar constantemente», quizá, como le sucedía a Faulkner con el Quijote de Cervantes, «para ver qué cambios se habían producido en su propia alma». Eduardo Lago suscribe, para reafirmar su conclusión, las palabras de T. S. Eliot: «Es un libro con el que todos estamos en deuda, y del que ninguno de nosotros puede escapar», porque de alguna manera Todos somos Leopold Bloom.

"Eduardo Lago también señala con finura la continuidad escritural de Joyce"

Fácilmente puede entenderse ahora el otro hemistiquio del título: Razones para (no) leer el Ulises. Debido a que sus páginas no se pueden afrontar como una lectura común sino como toda una inmersión, o como dice Eduardo Lago: «El Ulises es, literalmente, un viaje, y no es posible saltarse ninguna etapa de [su] singladura sin perder la perspectiva», por lo que «[h]ay que afrontar el reto de [su] lectura como si se tratara de una peregrinación». Tengamos en cuenta que Joyce en su novela se asoma «al útero mismo del idioma», por lo que el lúcido T. S. Eliot «vio en sus esfuerzos la liquidación de la novela del siglo XIX, una liquidación irreversible» que hacía prácticamente imposible «volver sobre los modos del realismo», como comentó a Virginia Woolf.

Eduardo Lago también señala con finura la continuidad escritural de Joyce, así como la interrelación que existe entre sus obras —El retrato del artista adolescente, Dublineses, el Ulises…—, cuyos temas, tramas y personajes saltan de las páginas de unos a otros libros, amplificando permanentemente sus connotaciones y registros. Joyce, nos recuerda Lago, «sostenía que en esencia todo escritor albergaba dentro de sí una sola novela, y que lo demás son variaciones artísticas sobre un texto único y esencial». El Ulises refrenda y ejemplifica perfectamente este planteamiento, ya que surge del boceto de un cuento de Dublineses, que afortunadamente —como sucede con su lectura— acabó adquiriendo vida propia.

"Quién podía imaginar que una reescritura simplificada de la obra de Homero fuese a inspirar la novela más enigmática y fascinante de la literatura occidental"

La literatura es un palimpsesto, un azaroso intercambio y cruce de débitos, a veces insospechados y caprichosos. Joyce no se inspira en Homero para escribir su magna novela, sino en una versión de la Odisea para niños realizada por el ensayista inglés Charles Lamb —Las aventuras de Ulises—, «cuya lectura dejó una huella inolvidable en Joyce cuando tenía tan solo doce años». Una lectura que se hizo carne y memoria en el brillante estudiante adolescente y que «tuvo grandes consecuencias en la historia de la literatura, pues sin el libro de Lamb no estaríamos leyendo el Ulises». De esta manera tan inesperada se tejen y se construyen las obras más sorprendentes. Quién podía imaginar que una reescritura simplificada de la obra de Homero fuese a inspirar la novela más enigmática y fascinante de la literatura occidental.

El Ulises nunca perderá su complejidad, pero Eduardo Lago ha realizado una aportación sustantiva tanto para los que afronten el reto de leer el Ulises por primera vez como para aquellos que no cesamos de transitar por sus páginas. Eduardo Lago sigue escrupulosamente las indicaciones de James Joyce, reflejadas en lo que se conoce como esquema Linati y esquema Gilbert-Gorman, nombres de los amigos y críticos a los que Joyce les envió por carta una especie de mapa para visualizar los planos subyacentes de la estructura escritural del Ulises. Lago sintetiza y sigue minuciosamente estos esquemas, a la vez que introduce cada capítulo del Ulises con un resumen de su respectiva correspondencia con la Odisea, consiguiendo reordenar e iluminar numerosos y subrepticios arcanos, así como cumplimentar y completar —sin engorrosas y abstrusas interferencias— su lectura.

El Ulises es una novela con un «altísimo nivel de exigencia ética y estética», una novela que se muestra siempre muy exigente con los lectores, y que incluso llega a veces a expulsarlos «de sus dominios», porque como dice Eduardo Lago: «Hay libros en los que cabe la totalidad de la experiencia humana, libros cuya lectura nos explica lo que somos, libros en los que caben todos los libros, el resto de los libros, los que están escritos y los que están por escribir, libros que cuando se cruzan en nuestro camino cambian el curso de nuestra vida» Sí, son muchas las cosas que nos aporta la lectura del Ulises, así que no se desanimen, acudan a Eduardo Lago.

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Autor: Eduardo Lago. Título: Todos somos Leopold Bloom: Razones para (no) leer el Ulises. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todostuslibros

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