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Tras la huella artística de Jorge Sepúlveda

Tras la huella artística de Jorge Sepúlveda

Hoy tengo la oportunidad de contar en estas páginas virtuales el porqué de mi nuevo libro Jorge Sepúlveda, la voz de la nostalgia (Ediciones ProBoCa) cuyo prólogo corre a cargo del maestro de periodistas Javier de Montini. Se trata de la biografía de aquel cantante romántico que endulzó las vidas de los españoles hace más de setenta años. Y a muchos se las endulzó de tal manera que los enamoró, los empujó al altar y los inspiró para tener algún que otro retoño. Así se lo hacían saber a él, los admiradores que le paraban por la calle: «¡Yo estoy en este mundo gracias a sus discos!». Y muy complaciente, el caballero de atildado bigotito los saludaba con su mejor sonrisa.

Una de las razones fundamentales por las que decidí meterme de lleno en esta historia fue la de rendir un sincero tributo a su figura por haber sido uno de los artistas españoles más importantes de su tiempo, hoy en día prácticamente olvidado. Sin entrar en la despiadada tendencia que existe en este país a destruir a nuestros mitos, creo que merecía la pena que alguien, en su aniversario de nacimiento, le encargara una tarta en forma de libro. Mi interés por la cultura pasada y presente y mi curiosidad por los viejos discos de pizarra y de vinilo que había en casa de mis abuelos también ayudaron al alumbramiento de esta biografía.

Dicen que recordar es volver a vivir pero en mi caso no podía ser así, ya que en la época de posguerra, que es cuando Sepúlveda comenzó a cantar, yo no estaba ni en proyecto, porque mis padres tampoco habían nacido. Así que con el lema inventado de “descubrir es vivir desde cero”, me puse a escarbar en las madrigueras de la memoria viva y de la muerta, es decir, de los testimonios de las personas que lo conocieron y de los archivos y hemerotecas que conservan escasa pero impagable información del personaje.

No ha sido empresa fácil la de recomponer el puzzle de una vida artística como la de este valenciano que, de vivir, tendría ya cien años. En el inminente mes de junio hará treinta y cinco veranos que se apagó la voz de Luis Sancho Monleón, como realmente se llamaba. Estas efemérides han sido otro de los motivos, aprovechado por los medios como gancho, para rescatar su vida y su música melódica que sonaba en las emisoras de radio y en las secciones llamadas «peticiones del oyente». Su voz nasal y aterciopelada cantaba boleros y pasodobles como Mirando al mar, Mi casita de papel, Tres veces guapa, Cántame un pasodoble español, María Dolores y un sinfín de arrulladoras canciones de amor que encajaron a la perfección en aquella España en blanco y negro.

"Cuentan que le pasó lo mismo que a Gila: lo condenaron a morir fusilado pero se libró cayendo entre los cuerpos inertes"

Aunque no quede apenas rastro de los lugares que frecuentaba el protagonista de mi relato, me empeñé igualmente en buscar sus huellas, tratando de pisar lo más cerca de donde él lo hizo. Viajé a Valencia, donde nació y pasó su infancia. Después fui a Santander, donde cantó para todas las clases sociales y donde aún lo idolatran por componer aquella bella letra, inmortal: «Santander, eres novia del mar, que se inclina a tus pies y sus besos te da». Allí, frente a la bahía, existe un busto en bronce que siempre tiene flores frescas. Por supuesto recorrí las calles del viejo Madrid donde se hizo profesional. Miraba y pensaba: “En ese bloque de pisos estuvo la sala Casablanca, donde debutó; allí en aquel edificio de la calle de Toledo vivió más de veinte años; en esa iglesia de la Paloma se casó; en ese bajo tapiado estuvo la parrilla del Rex donde actuaba…” ¡Ay!

Aterricé en Palma de Mallorca y me pasó lo mismo: “Ahí estuvo Tagomago, donde iba a ver actuar a su buen amigo Antonio Machín; en esa otra calle vivió alquilado un tiempo; aquella casita baja ya remodelada fue su nidito de amor con su mujer Angelines…” Y también visité su última morada, la fosa común del cementerio municipal de Palma, donde pidió ser sepultado de forma anónima.

Al haber nacido en 1917 era inevitable olvidar ese capítulo: la guerra civil. Le tocó en el bando republicano, donde llegó a sargento. Cuentan que le pasó lo mismo que a Gila: lo condenaron a morir fusilado, pero se libró cayendo entre los cuerpos inertes. Fue herido en una mano y retirado del frente. Al terminar la contienda fue a la cárcel, al campo de concentración de Albatera. El resto de su vida quiso pasar desapercibido políticamente pero al morir Franco ayudó todo lo que pudo en la Asociación de Excombatientes Republicanos de Mallorca. Historias duras, terribles pero ciertas.

"Descubrí que Jorge Sepúlveda no solamente fue un refinado cantante con planta de galán sino todo un autodidacta"

El libro también está lleno de anécdotas simpáticas, de curiosidades, de hallazgos que para mí valen oro. Escribiéndolo hasta hice nuevos amigos. Localicé a su hijo Roberto Sancho, que ni sabía que existía. Y a las cuñadas del cantante, que conservaban recortes de prensa, fotografías en sepia y ¡hasta su capa española! Ya son como de mi familia. Descubrí que Jorge Sepúlveda no solamente fue un refinado cantante con planta de galán sino todo un autodidacta. Gran aficionado al jazz, emulaba a la mejor escuela: Sinatra, Crosby, Bennett… Acompañado de grandes orquestas, se convirtió en todo un crooner interpretando su repertorio con un gusto exquisito, y así llegó a ser el número uno de su época.

Sé que hay un público que recuerda muy bien al cantante. Casi toda la gente que tiene más de cincuenta años sabe quién fue. Y algunas de esas personas son verdaderos seguidores de su música, se acuerdan de sus canciones, me las tararean cuando les hablo de él, y eso es precioso. Mi generación no conoce ni de lejos a Jorge Sepúlveda pero ¿les interesa conocerlo? No lo sé. Si mi investigación sirve para que al menos alguien ponga una canción suya en Spotify o para que le pregunte a su mamá o a su abuela si les suena de algo, habrá valido la pena.

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Autor: Carlos Arévalo. Título: Jorge Sepúlveda, la voz de la nostalgia. Editorial: Ediciones ProBoCa. Venta: en www.carlos-arevalo.com/tienda