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Ulises en México

yo tuve un sueño villalobos

"Juan Pablo Villalobos ha rescatado la voz de un haz de chavales centroamericanos que afrontan solos la epopeya contemporánea de pasar la frontera de Estados Unidos"

Uno va haciendo vida en sus diarias confortabilidades, desde la mecedora de las rutinas, afrontando las lecturas habituales, las que van enviando las editoriales, el diario, hasta que Juan Pablo Villalobos te saca de la estampa burguesa en que ha derivado casi todo lo cotidiano con esa compilación de crónicas/testimonio que se marca ahora. Los libros son buenos libros cuando te sacan a viajar por imaginarios sin explorar o hacen que te remuevas inquieto en el asiento, como si el butacón del bisabuelo de repente se hubiera vuelto incómodo. La mentira es una educación, aparte de un arte para algunos donjuanes, una habilidad que se aprende al tiempo que se memoriza el alfabeto o la tabla de multiplicar. Los niños no dicen la verdad por ser ángeles, sino por ingenuidad, o sea, por falta de maldad, que es otro de los dones que las calendas van regalándonos cada poco tiempo. Juan Pablo Villalobos ha rescatado la voz de un haz de chavales centroamericanos que afrontan solos la epopeya contemporánea de pasar la frontera de Estados Unidos. El escritor lo hace con una tapicería de palabras expresionistas, como si asumiera que para acceder a cualquier realidad antes se requiriera de una sintaxis y unos vocablos que dibujen la arquitectura del contexto, de las circunstancias, y nos ayuden a alejarnos de los lugares comunes, a renunciar de ciertos estereotipos simplistas. Aparece así ganga, para referirse a la gavilla de bandas y sicarios que van haciendo de los barrios sus propios territorios comanches, o hielera, para nombrar los centros de detención norteamericanos, que son como una materialización tardía de algunos tormentos del Dante, con sus adocenamientos y aglomeraciones.

"Lo de Villalobos es un intento de enseñarnos cómo son esos chicos, los argonautas de hoy, algo así como unos hoplitas sin armadura, pero con coraje para montarse a lomos de la bestia, el tren de los inmigrantes"

El mundo va dejando de ser un puzle de naciones bienintencionadas, con sus promulgaciones de derechos humanos y todas esas cosas, para convertirse en un inmenso gueto, en un atlas de ricos y pobres. Juan Pablo Villalobos nos narra lo que conocemos y no vemos, o no deseamos ver, que es la aventura continental de los nuevos Ulises, la odisea de los miles de chamacos que buscan El Dorado de una oportunidad, vamos, un trabajo decente y un estipendio para ir cumpliendo los pagos con honradez, más que la utopía de un nuevo Cipango o esa promesa de oro que sedujo a la legión de mineros que ascendieron las Golden Stairs en su camino hacia el Yukón. Aquí la cuestión es que Occidente va evolucionando hacia un Far West de muy difícil remedio, en el que cada uno vela por lo suyo y donde la vida decente, o con decencia, va complicándose cada vez más, y no digamos ya para el que viene de fuera. Lo de Villalobos es un intento de enseñarnos cómo esos chicos, los argonautas de hoy, algo así como unos hoplitas sin armadura, pero con coraje para montarse a lomos de la bestia, el tren de los inmigrantes, algo que no harían muchos John Wayne de por aquí, van confiando su resuello en tratos con las mafias para huir de la violencia, el hambre, el padre alcohólico, la pobreza, las celdas que van visitando o los mareros que les cercan en las rúas, lo que indica que la peña no se marcha del país por capricho, por mejorar los ingresos de la cuenta bancaria, como creerán algunos, sino porque les han tocado unos naipes difíciles, una mano dura de jugar. O sea, que nos brinda un retrato humano o que rezuma humanidad, de los que apelan a la conciencia, lo que, seguro, debe fastidiarle el discurso a más de uno.

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