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Un corazón tomado por asalto

Un corazón tomado por asalto

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Marina Tsvietáieva (Moscú, 1892-Yalébuga, 1941) escribe La amiga entre octubre de 1914 y mayo de 1915. La poeta tiene 22 años de edad y su corazón, como diría una tradición que se remonta hasta La Eneida, arde en llamas:

Pero la reina herida hacía tiempo de amorosa congoja
la nutre con la sangre de sus venas y se va consumiendo
en su invisible fuego.

(Virgilio, Libro IV, 1-5)

Provocadas en su momento por la también poeta Sofía Parnok (1885-1933), estas llamas se alzan desde cada uno de los 17 poemas que conforman el ciclo, y solo a riesgo de propagarlas por el propio corazón puede uno contemplarlas.

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La obra completa de Tsvietáieva, escrita en un período relativamente breve —de 43 años—, cubre el campo del lenguaje literario en toda su extensión: desde la poesía lírica y la correspondencia epistolar en un extremo —el del discurso— hasta la poesía épica y la dramática en el otro —el del relato—, pasando por el ensayo y la crónica.

En La amiga —ciclo de poemas líricos—, Tsvietáieva explota, a su vez, todas las formas de la elocuencia: de la elegía al elogio y de la súplica al mandato, de la confesión a la acusación y de la bendición a la maldición:

La amo. ¡Como una nube amenazante
sobre usted se halla — el pecado!
Porque es usted sarcástica e hiriente,
y de todas, la mejor.

[…]

Porque a usted, mi demonio de prominente frente,
le diré: “Perdón”. 

Porque — incluso si me desgarrara sobre su tumba —
¡no hay para usted salvación!

(Poema 1, 16 de octubre de 1914)

Por su temática —el amor— y por las circunstancias de su composición —el romance con Parnok—, el ciclo se relaciona directamente con otros dos textos del mismo tipo: el Poema de la montaña y el Poema del fin, inspirados ambos por Konstantin Rodzévich (1896-1988), antiguo oficial de la Guardia Blanca, y escritos en 1924, de enero a febrero el primero y de febrero a junio el segundo:

Lloraba la montaña: qué tristeza
ser mañana lo que hoy es sangre cálida.
[…]

Lloraba la montaña — que solo humo
quedará de lo que hoy es Roma y mundo. 

(Poema de la montaña, VII, 1 de enero-1 de febrero de 1924)

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Tsvietáieva y Parnok se conocen a principios de octubre de 1914, cuando la primera lleva ya dos años de casada con Serguéi Efrón (1893-1941), un joven de 21 años de edad aficionado a la pintura y a la escritura que, tras el ingreso de Rusia a la Primera Guerra Mundial el 1 de agosto, se enlista como voluntario y trabaja como camillero en un tren médico.

Madre, con él, de una niña nacida el mismo año de su matrimonio —Ariadna—, Tsvietáieva, no obstante —o, precisamente, debido a ello—, ignora el placer sexual hasta ese momento:

Y te diré también,
¡qué más da, es la víspera!
Que esta boca, antes
de tu beso , era virginal.

(La amiga, poema 13, 28 de abril de 1915)

De acuerdo con Simon KarlinskyLa amiga, además de representar, para Tsvietáieva, una revelación física y espiritual —o, precisamente, debido a ello—, también representa su “madurez” literaria.

El ciclo, pese a todo, permanecerá inédito hasta 1976, año en que se publicará en Francia, y la relación entre la poeta y Parnok —conocida por Efrón desde el principio— solo durará un año y medio, hasta febrero de 1916.

La traductora del ruso al español de La amiga (Editorial Pre-Textos, 2023), la doctora Reyes García Burdeus, advierte que no solo Karlinsky, sino también la filóloga Sofía Polyakova, aseguran que Tsvietáieva “nunca olvidó” a Parnok a pesar de que la poeta misma, años más tarde, haya dicho, justamente, lo contrario: “No me acuerdo en absoluto de ella… no la recuerdo” (p. 18-19).

Yo, a diferencia de Karlisnky y Polyakova, estoy convencido de que las palabras de Tsvietáieva hay que interpretarlas, siempre, al pie de la letra.

“El amor”, se lee en el epígrafe de La amiga, “vive en las palabras y muere en las acciones”.

El precio que la poeta paga por el poder incandescente de su voz es el abandono de toda esperanza:

Amor, que en nobles corazones prende,
[…]
Amor, que a nadie amado amar perdona
[…]
Amor nos procuró la misma muerte

(Dante, Comedia, Canto V, 99-108).

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La imagen de una noble ciudad arrasada por el fuego de un ejército enemigo —las ruinas ensangrentadas de Troya bajo el atardecer encendido por la armadura dorada de Aquiles— quema en La amiga:

Hay nombres como flores sofocantes,
y hay miradas como llamas danzantes…
[…]

Hay mujeres: sus cabellos como un casco,
sus abanicos desprenden olor a sutileza y a muerte.
[…]

(Poema 14, Día de la Ascensión, 1915)

Usada originalmente por Virgilio como metáfora del amor de Dido por Eneas y, más tarde, por Dante y por Racine como metáfora del amor de Francesca por Paolo y de Pirro por Andrómaca, respectivamente, esta imagen —como dirá Marguerite Yourcenar del poeta francés—  recobra con Tsvietáieva su “esplendor de verdaderas llamas”.

Adornado con las galas de un guerrero, el deseo nos subyuga como una fuerza devastadora, como una esclavitud o un sacrificio irresistibles:

bajo la pesadez del pelirrojo casco,
ni una mujer ni un niño, —
¡pero algo más fuerte que yo!

(Poema 10, 28 de enero de 1915)

Solo a riesgo, pues, de propagarlas por el propio corazón —por la propia Ilión— puede uno contemplar estas llamas:

¡este corazón se toma por asalto!

(Poema 9, 14 de enero de 1915)

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Autora: Marina Tsvietáieva. Título: La amiga. Traducción: Reyes García Burdeus. Editorial: Pre-Textos. Venta: Todos tus libros.

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