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Un Grupo de Mejores Amigos

Ilustración: Juan Carlos Viéitez.

—Quiero hablar como tú, me encanta tu acento escocés —le dijo ella—. Quiero formar parte de algo, ser de algún sitio.
TESSA HADLEY (trad. de Magdalena Palmer)

1. Mis amigos y yo, y esto lo digo sin ningún tipo de humildad ni vergüenza, somos guapísimos, listísimos y divertidísimos. Pero solo si estamos los cuatro juntos. La última vez que nos reunimos todos fue en diciembre de 2019, cuando vinieron a verme a Bruselas. Una noche fuimos a la fiesta que organizaba una de mis compañeras de trabajo. Después de que nosotros irrumpiéramos en la casa, la música mejoró considerablemente, se oyeron muchas más risas y las fotos salieron mejor. Qué contento se te ve esta noche, me dijo mi compañera. Claro, es que hoy estamos los cuatros juntos. La mañana siguiente la pasamos acurrucados los cuatro en un colchón inflable en mitad del salón de mi casa y por la tarde fuimos a pasear por Brujas. En un café en el que la gente firma servilletas y las cuelga en la pared, hice un dibujito de los cuatro. En el reverso escribimos: Manu, Inés, Josecarlos y Carlos, cuatro chiquitos que no se comieron una mierda (supervivientes !!!! oleee). Y mientras lo colgábamos en la pared nos partíamos el culo de risa.

2. Este verano nos volvimos a ver, pero solo éramos tres. Cuando en Granada, donde nos conocimos, hacíamos cosas y faltaba uno de los cuatro, iniciábamos una campaña de mensajes y llamadas hasta hacer que viniera el que faltaba. Porque es raro cuando falta uno. Durante el viaje en tren hasta el reencuentro este verano me puse de pronto algo nervioso. ¿Cómo sería estar con Manu e Inés pero sin Josecarlos? Por alguna razón inexplicable e ilógica, temía encontrarme sin tema de conversación con mis amigos. No fue así.

3. Pero sí fue muy raro que faltara uno de nosotros. Sentamos a la mesa un peluche de Mickey Mouse que genuinamente se parecía a Josecarlos y le mandamos fotos con una cerveza en la mano. Luego, llevado por sustancias más o menos psicotrópicas, acabé llorando por todo lo que lo echaba de menos. También lo eché de menos una tarde, después de nadar en un embalse, cuando estábamos cansados y quemados por el sol. Yo quería ir a visitar un castillo, pero los demás no tenían ganas, y sabía que él habría querido hacerlo y que, si él hubiese estado allí, habría obligado a los demás a conducir hasta el castillo. Le mandábamos constantemente fotos y escribíamos: ponte bueno pronto, Josecarlitos, te echamos mucho de menos.

4. Aquellos días de verano no fuimos tan guapos, tan listos y tan divertidos como hubiésemos sido si Josecarlos hubiese venido. Pero al mismo tiempo no podíamos dejar que su ausencia nos lo impidiera. Así era la vida y sobre todo la vida adulta y sobre todo la vida adulta durante una pandemia. Cuando nos lo estábamos pasando bien, en plan muy bien, algo pesaba dentro de mí, como si estuviéramos traicionando a nuestro amigo ausente. Porque somos cuatro amigos, no tres, y si nos lo pasábamos bien sin él significaba, en algún pliegue remoto y cruel de mi mente, que no lo necesitábamos.

5. No es cierto. Seguimos siendo cuatro mejores amigos. De hecho, ahora que Manu, Inés y yo vivimos en Madrid sin Josecarlos, lo echamos todo el tiempo de menos. Siempre que quedamos decimos: y esta silla que sobra es la de Josecarlos. A veces hay desequilibrios, o se abren nuevos caminos que no serían posibles si Josecarlos estuviera aquí. En esos momentos no nos reconozco, no es el grupo, no somos los cuatro. El Grupo De Amigos. Somos otra cosa, somos Manu, Inés y yo, sin Josecarlos.

6. ¿Cómo seguir adelante cuando echas en falta a un amigo? Si me preguntan a mí en este mismo momento, porque me falta Josecarlos diré que falta el que más hueco deja cuando no está. Puedo hablar horas y horas sobre lo que no hacemos porque falta él: ir al cine a ver blockbusters, tener discusiones estúpidas porque le encanta jugar a ser el abogado del diablo, ir de rebajas o hacer fiestas de pijamas, por ejemplo. Pero lo cierto es que siempre hace más falta justo el que no está, y sentiría el mismo vacío si me faltaran Inés o Manu. Por suerte Josecarlos no ha muerto (¡superviviente!). Solo vive en otra ciudad porque la vida a veces pone las cosas complicadas para que nos tomemos en serio lo de ser felices.

***

7. ¿Cómo seguir adelante cuando te falta un amigo? De eso va la novela de Tessa Hadley Lo que queda de luz (Sexto Piso, 2020, trad. de Magdalena Palmer), un viaje por los restos de luz que quedan cuando muere un amigo. Zachary cae fulminado por un infarto repentino y la noche del entierro su mujer Lydia y sus amigos Christine y Alex duermen los tres abrazados en la misma cama. Aunque están casados y son en efecto dos matrimonios, el libro no cuenta la historia de dos matrimonios amigos, sino de cuatro mejores amigos. De hecho, ni siquiera se nos cuenta cuándo y cómo se casaron, porque no importa. Importa que son cuatro, tres abrazados en la misma cama y uno muerto. Cada uno necesita al resto de una forma distinta y única: Christine a Zachary para pintar, Alex a Lydia para no sentirse un fracasado o Lydia a Zachary para ser parte de algo. Si falta uno, a todos les falta algo de vital importancia.

8. Uno de los grandes aciertos del libro es que nada importe más que la amistad. Ni el amor ni el matrimonio ni el deseo ni los hijos. De hecho, podría pensarse que se han casado solo por el afán de mantenerse unidos, de constituir una unidad, un Grupo De Amigos institucionalizado que sobreviva al paso del tiempo. Otro de los grandes aciertos de Tessa Hadley, y donde reside para mí su talento extraordinario para la novela, es la crueldad y la honestidad con la que narra a sus personajes. Sus pasiones más bajas afloran constantemente y se pueden reconocer a simple vista en los comentarios más inocentes. Los amigos a veces se increpan, se detestan, te hacen sentir mal porque sabes cuánto se quieren aunque ahora, jolín, qué pena, de pronto hayan dejado de hablarse. La honestidad de Tessa Hadley con sus personajes es la misma que requiere la amistad.

9. Cuando era adolescente pensaba que los adultos no tenían amigos. Extraía las conclusiones de mi entorno, de ver cómo la vida social de mis padres se reducía casi por entero a su familia y algunos compañeros de trabajo. También de las ficciones que me rodeaban, donde a menudo el amigo solo es un personaje secundario que ayuda al héroe a conseguir su gran hazaña. Como al éxito suele seguirle un matrimonio, el escudero de pronto ya no cabe en la vida del héroe. Es decir: el amigo debía acompañar a lo largo de la juventud y en la edad adulta desaparecer.

10. A medida que he crecido, que he conocido a los que ahora son mis amigos, que los he abrazado en multitud de despedidas y reencuentros, sé que, por suerte, mis amigos no desaparecerán, o que mi viaje será en cualquier caso mucho más largo que una simple hazaña clásica. En el confinamiento jugamos a OT e hicimos sus correspondientes galas por Skype. En una de ellas, la que debía ser la gala final, yo me hice un vestido con papel de aluminio y me disfracé de Rosa de España. No les dije nada, solo me planté disfrazado delante de la cámara a la hora que habíamos convenido y, cuando comenzó la videollamada, me presenté como la invitada estrella de la noche. Las risas de mis amigos, sus caras tremendamente sorprendidas y felices, fueron el único momento bueno de todo el confinamiento. ¿Cómo puede vivir alguien sin hacer felices a sus amigos? ¿Y sin hacerlos reír? ¿Cómo podría vivir nadie sin amigos?

11. Se puede, pero es una vida muy fea. Tessa Hadley lo sabe y nos ofrece aquí una visión pesimista y cruel de la vida sin amigos. Porque a Lydia, Christine y Alex, que se les ha muerto un amigo, se les ha muerto en realidad su Grupo De Amigos. Siguen vivos, claro, pero qué manera tan cruel de hacerlo. Cerré el libro con los ojitos empañados, repasé los pasajes que había subrayado y me metí en la ducha, porque era el cumpleaños de Manu y habíamos quedado para celebrarlo. En el cumpleaños nos lo pasamos bien, pero nos faltó como siempre Josecarlitos para poder abrazarnos los cuatro a la vez y sentir una de las emociones más bellas de mis veinticinco años: pertenecer a un Grupo De Mejores Amigos en el que todos son de igual modo imprescindibles. Espero después de esta lectura que los tres vigilen sus niveles de colesterol y no fumen, para que me duren mucho.

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Autora: Tessa Hadley. Traductora: Magdalena Palmer. Título: Lo que queda de luz. Editorial: Sexto Piso. Venta: Todos tus libros.

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