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Un libro aliado

Artículo de Publishers Weekly en Español

El Veinte ha sido un año de importantes decisiones. Pero lo despedimos con prisa y esperanzados de que el Veintiuno traiga la tranquilidad perdida. En estos próximos doce meses las editoriales serán más cautas en sus lanzamientos, se sustanciarán iniciativas como el pacto por la lectura, y las ferias volverán a ser virtuales. Pero habrá algo que no cambiará: el libro seguirá siendo el mejor compañero. Y la industria se beneficiará de eso.

Esta Navidad por primera vez los libros han desbancado a la tecnología como opción de regalo. No es solo que el papel sea más barato que el gadget: hay en esta elección el apego al objeto que nos ha acompañado en los momentos más difíciles de este año que por fin termina. Los libreros independientes se han hecho más fuertes, los editores pequeños también y las distribuidoras han llegado más lejos que nunca. Nos hemos dado cuenta de que no hay que viajar hasta Guadalajara para asistir a la principal feria del libro en lengua española (aunque estemos deseando volver a México), que las administraciones por fin se han tomado en serio un pacto por la lectura y que el IVA —¡ya era hora!— es igual para los libros electrónicos y para los libros en papel. Si lo observamos con atención nos daremos cuenta de que el Veinte ha sido un año de importantes decisiones. Observando al resto de sectores quizá la industria del libro haya sido la que con más acierto ha plantado cara a la adversidad. Muy pocas han actuado con tanta rapidez como lo hicieron allá por primavera distribuidoras, editoriales y librerías. Conscientes de que el mundo se les venía encima y de que otra crisis de impredecibles consecuencias sobrevolaba sus cabezas, echaron mano de imaginación y empeño, y se negaron a dejar de transportar cajas de libros, a anular lanzamientos y a abrir sus puertas, aunque fueran virtuales. He sido este año cliente de librerías de toda España que me han vendido con sutileza, inteligencia y buen gusto mis libros favoritos. Muchos de ellos los recibía con notas manuscritas que me hacían sentir más cerca del librero y del amor por su oficio. Leerlos era a la vez un ejercicio de solidaridad hacia ellos. ¡Cómo nos iba a extrañar que estas navidades el libro volviera a ser el regalo preferido!

"En España no es una caída en vertical. En Hispanoamérica, en cambio, sí. Allí las pérdidas han sido dramáticas este último semestre"

Hasta 2019 cerrar un año era un doble ejercicio de nostalgia y esperanza. Pero 2020 ha eliminado la nostalgia. Nos queda la esperanza de que 2021 traiga una solución a la crisis sanitaria y con ella la reactivación económica que se ha cobrado cientos de despidos, algunos de ellos (menos por suerte de los que imaginábamos por primavera) en el sector del libro.

Estas semanas las editoriales han publicado sus catálogos de lanzamiento: Nuevas obras de nuestros autores favoritos, una vuelta de tuerca a los viejos catálogos y más ensayos que tratan de descifrar los tiempos confusos que nos ha tocado vivir. La media de todas ellas delata una ligera disminución de lanzamientos. Es lógico: los negocios editoriales pliegan alas, no arriesgan, han pedido a sus escritores de cabecera que echen el freno y algunos han dejado de aceptar manuscritos. En España no es una caída en vertical. En Hispanoamérica, en cambio, sí. Allí las pérdidas han sido dramáticas este último semestre. Por países, Argentina y México —los dos mayores consumidores— han sido los que más han padecido la crisis. Las librerías han hecho de la necesidad virtud, pero el miedo ha entrado en las editoriales y el ritmo de novedades ha decrecido de modo significativo.

Este año que comienza traerá otras certezas: Seguirá creciendo el consumo de nuevos formatos, en especial el audiolibro y en menos medida el ebook, las administraciones públicas sustanciarán en qué consiste una mesa del libro y para qué sirve (basta con que escuchen a las editoriales que llevan años reclamándolo) y las ferias del libro (y esta no es una buena noticia) tendrán un formato muy parecido a como lo han tenido este año que termina. El 21 traerá doce meses que son doce incógnitas. Pero de lo que no cabe duda es de que el libro seguirá presente en nuestro día a día, que no hallaremos un cómplice mejor, una compañía más fiel. Y eso significará que la industria seguirá funcionando. Contra viento y marea.

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