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Un manual de mañana

Este libro lanza un reto: el tiempo apremia, los problemas son urgentes y la incertidumbre máxima. Zenda adelanta la nota del autor a su último libro, porque el mundo está en una encrucijada.

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No puedo enseñar nada a nadie, solo les puedo hacer pensar.

SÓCRATES

¿Por qué escribe un militar como yo un libro como este? Desde los inicios de mi infancia castrense, allá por 1980, en la Academia General Militar me inculcaron que la principal misión de un profesional de la milicia es servir a los ciudadanos, a los compatriotas, a la sociedad en general. Esta permanente vocación de servicio fue la que me guio durante la elaboración de mis libros anteriores. Y ahora ha seguido siendo mi faro, como un acto de entrega y dedicación a mis conciudadanos, a la hora de escribir esta nueva obra. Por otro lado, desde que, con 24 años, ya siendo teniente, se me entregó la responsabilidad de dirigir personas en las diversas unidades en las que estuve destinado, tuve la afortunada ocasión de entrar en contacto directo con la realidad social. Los soldados que nutrían las filas procedían de todos los sectores de la sociedad, como era propio en un sistema de reclutamiento forzoso. Esto me permitió conocer y valorar diversas formas de entender la vida, cada una con su problemática particular.

Desde entonces, gracias tanto al dinamismo propio de la vida militar como a mis inquietudes personales, además de mis vicisitudes profesionales en los últimos años —repletos de clases, conferencias, reuniones y otras actividades sociales—, he seguido teniendo la posibilidad de estar en contacto con todos los ámbitos, de escuchar las reivindicaciones de cada persona y grupo. Reclamaciones y exigencias legítimas, pero muchas veces silenciosas o constreñidas a la familia o a pequeños círculos.

Este conocimiento del malestar social, de las quejas de la gente, de las tuyas también, me ha atraído siempre tanto como me ha inquietado. Detectar los problemas, aspiraciones y frustraciones de la sociedad es relativamente sencillo: basta con tener la mente abierta y practicar la escucha activa. Lo complejo es aportar soluciones, que siempre serán parciales y nunca al gusto de todos.

Así, en no pocas ocasiones me han llegado comentarios críticos (siempre bienvenidos, pues nos hacen crecer y mejorar) respecto a que en mis libros detallo los problemas sociales, políticos, económicos y geopolíticos, pero no aporto las soluciones precisas para superarlos y evitarlos en el futuro. Humildemente creo que algo sí he aportado en este sentido, pero reconozco que quizá no tanto como a muchos lectores les hubiera gustado. Como he apuntado antes, ofrecer soluciones es infinitamente más complejo que dibujar y exponer los problemas que nos rodean.

Por ello, y dadas las excepcionales circunstancias que estamos viviendo, y las que previsiblemente vamos a vivir y padecer en el futuro inmediato, parece llegado el momento de lanzarse a la aventura, casi suicida, de proponer soluciones que permitan conseguir un mundo más justo, más seguro y más libre. Soluciones que sirvan para cualquier persona, para todas las sociedades, para todos los países. En este contexto hiperconectado, ya nada se puede hacer en solitario. Y, además, deben ser soluciones de rápida aplicación. En la calle se vive un gran descontento, una profunda desilusión y desencanto. Si las soluciones no llegan cuanto antes, siempre dentro de los márgenes que nos hemos marcado como sociedad, la democracia corre el riesgo nada desdeñable de desaparecer, absorbida por otros sistemas políticos autoritarios que se muestren y se publiciten como más eficaces y mejor capacitados para satisfacer las necesidades universales y permanentes de las personas.

Y este es el enorme reto al que me enfrento aquí: proponer soluciones a los múltiples problemas y dificultades actuales y a los que, previsiblemente, marcarán la sociedad futura. El tiempo apremia y dar respuestas es más necesario que nunca, por la aceleración de los acontecimientos, por los imparables avances tecnológicos. No se puede esperar más, salvo que se desee caer en una revolución —muy probablemente urbana e internacional— que no traerá nada bueno.

He intentado recoger la voz de la calle, siempre atento a los comentarios. He prestado atención a lo que se refleja en las redes sociales, cada vez más importantes y que también permiten tomar el pulso a la sociedad. He procurado abrir mi mente al máximo, sin caer en prejuicios, escuchando a todo el mundo. Los problemas son muchos y la incertidumbre, máxima.

Soy consciente de que me sumerjo en aguas turbulentas, en remolinos que me pueden arrastrar al fondo con suma facilidad. Pero lo considero un deber social, y como tal acepto los riesgos con agrado, consciente de los peligros a los que me enfrento. He puesto toda mi energía en este proyecto, pues los ciudadanos lo precisan, lo exigen y lo merecen.

Estoy seguro de que a muy pocos les agradará este libro en su totalidad. Cada persona lo leerá e interpretará bajo el color de su propio cristal, de su ideología, de sus sesgos cognitivos, de sus circunstancias personales. Los que se sientan más perjudicados, los que crean que aludo a sus privilegios (de los que algunos han disfrutado con descaro) o simplemente a su modo de subsistencia, lanzarán los ataques más furibundos. Y si inician campañas de desprestigio, tanto contra la obra en sí como contra su autor, estaremos preparados para ello.

Me acusarán de revolucionario, y estarán en lo cierto. Antes de que se avecine una revolución generalizada y sangrienta, de que caigamos en las redes de flautistas de Hamelín, de políticos sin escrúpulos o de sistemas autoritarios, es necesario que quienes formamos la sociedad civil hagamos nuestra propia revolución, siempre pacífica, pero alzando suficientemente la voz. Exijamos que nos devuelvan la soberanía popular que nos han robado, que líderes de verdad y comprometidos con la sociedad nos lleven por el camino prometido y que reivindicamos.

No cabe duda de que las soluciones actuales —los sistemas heredados del siglo XX— ya no son válidas, y mucho menos las de épocas anteriores. Hemos entrado de lleno en la era digital, una verdadera Revolución Industrial, económica y social cuyos efectos apenas empezamos a vislumbrar. Un mundo saturado de robots, regido por la inteligencia artificial (IA), con ordenadores cuánticos y milagrosos avances en biotecnología, en el que hasta los objetos más cotidianos estarán conectados al internet de las cosas, en el que una renovada carrera espacial será la norma. Un escenario con trabajos diferentes, pero en cualquier caso insuficientes para toda la población activa. Con problemáticas tan graves como el envejecimiento demográfico y la concentración urbana desaforada, cuya principal característica será una vida en soledad, o los movimientos migratorios masivos. Y todo ello aderezado con un calentamiento global que parece imparable. Por no hablar de la polarización de la población, tanto ideológica como económicamente. Mientras, ya ha comenzado la lucha a muerte de las grandes potencias —especialmente entre Estados Unidos y China— por controlar este nuevo mundo, la sociedad del futuro, los escasos recursos estratégicos. Por tanto, hay que buscar fórmulas imaginativas que satisfagan a la inmensa mayoría de la población, a toda si fuera posible. Los retos son gigantescos, las propuestas deben serlo también.

Por supuesto, esta obra, como todo en la vida, es mejorable. Y se enriquecerá con las aportaciones de los lectores y las críticas que se reciban. Pero el mero hecho de que se debata sobre su contenido, de que se reformulen las propuestas que se hacen en ella, bastará para que haya merecido la pena escribirlo, para que no importe sufrir las embestidas. Si finalmente puedo ofrecer una mínima mejora para el conjunto de la sociedad, si los más necesitados alcanzan alguna ventaja, si los jóvenes logran un futuro algo más halagüeño, si la ciudadanía recupera de algún modo la alegría ilusionada en el porvenir, los esfuerzos y los sinsabores quedarán más que recompensados. Habré cumplido con la misión autoimpuesta de realizar otro servicio a la sociedad. Seguramente el más difícil de mi vida. Pero habrá merecido la pena.

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Autor: Pedro Baños. Título: La encrucijada mundial. “Un manual de mañana”. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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