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Un reloj de 1982 y un dentista jubilado

Un reloj de 1982 y un dentista jubilado

Esta novela lanza una pregunta que tiene más importancia de lo que parece: ¿Y si la mafia italiana no hubiera nacido en Italia, sino en España? Para demostrarlo, el autor se remonta a la llegada a Sicilia en el siglo XV de tres hermanos castellanos.

En este making of Miguel Ángel González explica cómo escribió Las tres familias (Ediciones B).

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Lo primero que hice al llegar a Palermo fue subir las escaleras del Teatro Massimo. Las mismas escaleras en las que muere Sofia Coppola en el cierre de la trilogía de El Padrino. Hacerlo fue una forma de decirme a mí mismo que ya no había vuelta atrás, que debía comenzar a escribir.

Tenía un par de certezas y decenas de incertidumbres. Sabía que quería escribir una historia sobre la mafia siciliana. Y sabía algo más: quería escribir una novela de ficción inspirada en su supuesto origen español. Según varios historiadores, el nacimiento de las tres grandes familias mafiosas se remonta a tres hermanos españoles que huyeron a Sicilia siglos atrás. Quería también que la novela transcurriera allí, en Palermo. Quería ambientarla en los años cincuenta, el momento en que la mafia cambió para siempre, dejando atrás una estructura arcaica para modernizarse y convertirse en la organización criminal que hoy conocemos. Y creía saber —aunque no tenía ni la menor idea de cómo— que una de las escenas principales del libro transcurriría allí, dentro del Teatro Massimo.

"En algún lugar había leído que durante la Segunda Guerra Mundial se contrataba a dentistas para torturar prisioneros, porque nadie como ellos sabía provocar dolor sin matar, hacer confesar en cuestión de minutos"

Así que, aún cargando con el equipaje, compré una entrada para el concierto de esa misma noche. No solo eso: reservé un palco para mí solo. Luego fui al hotel y, mientras descansaba, me pregunté si todo aquello acabaría convirtiéndose en una novela o si aquellos días terminarían formando parte de un esperpento literario.

Esa misma noche obtuve una respuesta, porque fue allí, escuchando a los músicos desde ese palco vacío, cuando apareció el primer personaje de Las tres familias: Canino.

Canino era un asesino despiadado, un torturador al servicio del fascismo de Mussolini, reconvertido más tarde en sicario a sueldo de la Cosa Nostra. Para cuando la novela comienza, en 1957, Canino es un dentista jubilado, casi adorable. En algún lugar había leído que durante la Segunda Guerra Mundial se contrataba a dentistas para torturar prisioneros, porque nadie como ellos sabía provocar dolor sin matar, hacer confesar en cuestión de minutos. Al terminar el concierto supe, por primera vez, que lograría escribir mi historia.

"Mi protagonista sería un huérfano, alguien sin pasado ni herencia, que descubre que es el último descendiente de uno de los fundadores originales de la mafia"

El último día que pasé en Palermo, después de recorrer la ciudad, de comer en sus restaurantes, de hablar con comerciantes y viandantes, de empaparme de Sicilia durante días, paseé por un mercadillo de objetos usados. Allí me detuve ante un reloj Citizen bañado en oro. El vendedor me aseguró que era un modelo clásico, fabricado en 1982. Me llamó la atención porque era el año en que yo nací, así que decidí comprarlo.

En el avión de vuelta, mientras observaba el reloj en mi muñeca, no pude evitar preguntarme quiénes habrían sido sus dueños anteriores. Qué vidas habría acompañado durante cuatro décadas. Pensé entonces en la vida privada de los objetos, en su memoria silenciosa.

Y de pronto, en ese avión, apareció otro de los símbolos fundamentales de la novela: el camafeo. Ya había decidido que mi protagonista sería un huérfano, alguien sin pasado ni herencia; una persona que un día descubre que es el último descendiente de uno de los fundadores originales de la mafia. Pensé que ese legado no debía ser un escudo ni un blasón, sino algo íntimo: un camafeo familiar. Un objeto pequeño, aparentemente insignificante, con el que Hueso, el protagonista del libro, aparece en la puerta de un hospicio cuando es un bebé. Algo que siempre ha estado con él y que, de pronto, al descubrir su origen, cobra sentido.

Esa misma noche llegué a casa y empecé a escribir.

Y ahora, más de dos años después, tras viajes, documentación, escritura y corrección, Las tres familias se publica.

Quién me iba a decir que el libro más inmenso que he escrito nunca nacería gracias a un reloj de 1982 y a un dentista jubilado.

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Autor: Miguel Ángel González. Título: Las tres familias. Editorial: Ediciones B. Venta: Todos tus libros.

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