Hay figuras que forman parte incuestionable de la cultura popular por su carácter mediático. En nuestro país, una de ellas es sin duda Karlos Arguiñano (Beasain, 1948), cuya presencia en los medios de comunicación —principalmente la televisión— contribuyó a acercar la gastronomía a todos los hogares, haciéndola asequible por sencilla a través de su divulgación. Él fue, junto con otras personalidades como Juan Mari Arzak, uno de los impulsores de la conocida como Nueva Cocina Vasca en la década de los setenta del pasado siglo. Con su programa televisivo y sus más de cincuenta libros de cocina, lleva más de treinta años en el imaginario colectivo de los españoles. A ello hay que sumar su escuela de hostelería, Aiala, que fundó en Zarautz en 1996, contribuyendo a la enseñanza y relevo generacional de nuevos cocineros y cocineras. Su origen humilde y las crisis económicas sufridas en España no impidieron que consiguiera prosperar hasta ser un cocinero reputado, con una familia sólida y numerosa. A ello contribuyó sin duda su forma de ser luchadora y positiva, además de su carácter abierto y cercano, por el que se le conoce y se ganó la simpatía del público.
Con todos estos factores, ¿cómo podría enfocarse un documental que mostrase la cara desconocida de un protagonista tan célebre? Esto es lo que ha conseguido la cineasta Arantxa Aguirre (Madrid, 1965), quien con su nuevo documental, Un tal Karlos, nos permite descubrir a este personaje conocido. Y lo hace precisamente dejando a un lado su faceta de “personaje” perteneciente a los mass media para perfilar su retrato como persona. Aguirre vuelve a conseguir un nuevo hito en el género documental, habiendo transitado por ámbitos y “retratados” tan dispares como Beethoven a partir de la danza, Soler o Granados también desde la música, Espert en el cine y el teatro, Chillida por la escultura y, ahora, Arguiñano con las artes culinarias. Siempre desde su clara personalidad estética pero poniendo por delante el motivo de su cine antes que su propio estilo —evitando que este pueda eclipsar a todo lo demás, de ahí su humildad y buen hacer—, Aguirre logra sorprendernos nuevamente con un documento audiovisual atípico por insospechado.
El filme se inicia con la presencia de Arguiñano en compañía de María Torres, su séptima “hija”. Argentina adoptada con su mujer, María Luisa Ameztoy, hace más de veinte años, ocupa el séptimo puesto en el número de vástagos del matrimonio y es jefa de cocina del restaurante familiar. Ambos se encuentran en la tierra natal de María, donde lleva por primera vez a Karlos y que constituye una parte clave del largometraje. El emocionante viaje les lleva a recorrer la localidad natal de María, la de San Isidro —donde Arguiñano fijó su residencia y grabó su programa de cocina— e incluso las Cataratas del Iguazú. María relata emocionada a su padre adoptivo sus orígenes humildes, llevándole de la mano por sus distintos escenarios vitales. Fue precisamente su lucha por ganarse la vida y su amor por la gastronomía lo que fascinó al vasco y determinó la adopción.
De regreso a España, vamos conociendo también los orígenes sencillos y sorprendentes de Arguiñano: el trabajo como taxista de su padre Jesús Arguiñano Arzoz —de quien heredó su buen humor y filosofía vital— y su relación con Alfredo “Txiki” Lahuerta —miembro del emblemático grupo musical de Los Xey y tío de Karlos—; la casa de la infancia “pegada” literalmente a uno de sus primeros trabajos, la fábrica de trenes CAF; su mal pasado como estudiante —del que dice que se llevó los aprendizajes más importantes de la vida, si bien suspendía todas los materias y era constantemente castigado por los profesores y sus padres—; el noviazgo y matrimonio con su compañera de vida; sus amistades —donde destaca el actor Karra Elejalde, quien protagonizó la mítica Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1997) producida e interpretada también por Arguiñano, que hará de su padre—; y, cómo no, su pasión por la familia y gastronomía. Sorprenderán además las constantes reflexiones de Arguiñano —como sus creencias y otros posicionamientos vitales— y de otros miembros del clan —su mujer e hijos—.
El idílico paisaje argentino y vasco de telón y la música como fondo sonoro —canciones que forman parte de la vida y de los gustos del protagonista, como la sintonía de su programa, el corrido “La Adelita”, del mexicano Jorge Negrete, el “Buen Menú” del mentado Los Xey (muy a propósito para el tema gastronómico) o las emotivas melodías del cantautor vasco Mikel Laboa— serán también fundamentales y contribuirán al importante ingrediente emotivo, aderezados por la magnífica fotografía e, incluso, por algún fragmento de animación a los que el buen cine de Aguirre nos tiene tan bien acostumbrados.
Estrenada originalmente en la sección Zinemira del Festival de San Sebastián (Zinemaldia), Un tal Karlos se presenta en el Festival de Cine de Valladolid (Seminci) en la sección Cine Gourmet —experiencia que incluye la cata de un menú degustación inspirado en el filme—. Producido por Bainet —grupo comandado por Arguiñano, Ameztoy y José Ignacio Buruchaga— y Atresmedia, hará su entrada en las salas comerciales en febrero de 2027. Un auténtico regalo para los seguidores del histórico chef, enamorados de la buena cocina y cinéfilos en general y apasionados del cine de Aguirre en particular, que con este título suma un eslabón más en su prestigiosa trayectoria cinematográfica. No se la pierdan y… bon appétit!


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