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Un teatro sin ego

No hay nada más convencional que una obra de teatro de vanguardia.

De la misma manera que la mayoría de las obras del teatro comercial pierden dinero, la mayoría de los nuevos lenguajes escénicos dicen lo de siempre de una manera mil veces vista.

Hacer una obra con planteamiento, nudo y desenlace es un desafío que no siempre se consigue. Una manera fácil de evitar los retos de escribir “lo de siempre” es inventarte todo tipo de nuevas recetas dramatúrgicas, en las que la mayoría de los alimentos se sirven crudos o mal cocinados.

Puedes escribir una obra sobre tus dificultades para escribir una obra, presentarla a un premio y ganar. Lo importante no es que cuentes nada. Lo fundamental es que un jurado tenga ganas de creer que están descubriendo algo nuevo.

Para que una obra de vanguardia funcione es fundamental la complicidad del espectador. El espectador está dispuesto a aburrirse con tal de renovar los lenguajes escénicos. Un actor recitará por un micrófono frases incomprensibles, otro se envolverá en plástico y doce monos disecados caerán desde el peine. Todo ello con el noble impulso de decirle a la sociedad: “Estamos fatal, no podemos seguir así, hay que cambiar”.

"Un modo de representación en el que todo está predeterminado, medido, ritualizado"

El espectador aplaude con fuerza al final del espectáculo. En parte por el alivio de que la tortura ha llegado a su fin, en parte para asegurar con su aplauso que lo que ha visto es importante. Que los veinte euros y la hora y media perdida no han sido en balde. Si aplaudimos mucho nos llegaremos a convencer de que este aburrimiento ha merecido la pena.

Pero no estoy aquí para criticar el teatro de vanguardia, que, por cierto, es algo que me gusta mucho. Estoy aquí para todo lo contrario: para hablarles del teatro más tradicional entre los teatros más tradicionales: el Teatro Noh. El Teatro Japonés de toda la vida. Un modo de representación en el que todo está predeterminado, medido, ritualizado. No se trata de salir al escenario a hacer “tus cosas”, a expresar “tu mundo”: se trata de formar parte de una tradición centenaria, aceptar un rol predeterminado en sus más mínimos detalles y al mismo tiempo representarlo de la mejor manera posible.

La editorial Satori ha publicado en España tres obras de teatro Noh. Matsukaze es una de ellas. Narra el encuentro entre un monje viajero y los espíritus de dos salineras que nos hablan de un apasionado romance que vivieron con un cortesano exiliado, un cuarto personaje que nunca llega a aparecer. A pesar de que han pasado cientos de años, sus espíritus siguen atrapados en el mundo terrenal por el “apego” y la nostalgia hacia su amante fallecido.

Es un texto poético, melancólico, que se mueve en espiral entre el presente y el recuerdo del pasado. La acción apenas avanza hasta que llega a su leve conclusión.

"En un planeta donde todas las culturas están mezcladas, globalizadas, y servidas en cómodas raciones para turistas con prisa, estas obras son un viaje en el tiempo"

He estado viendo una grabación de esta obra y puedo decir que no me entero de nada. Todos mis códigos teatrales no me sirven para entender lo que está pasando en escena.

En un planeta donde todas las culturas están mezcladas, globalizadas, y servidas en cómodas raciones para turistas con prisa, estas obras son un viaje en el tiempo a un mundo completamente diferente al nuestro.

Hay algo fascinante en entregarte al ejercicio de ser un espectador extranjero e intentar conectar con una tradición para la que no has sido educado. ¿Puedo no enterarme de nada y disfrutar? ¿Puedo conectar con el rito?

Lo más revolucionario puede ser lo tradicional, lo que no se pretende contarte nada nuevo ni expresar las emociones de un creador concreto. Lo más revolucionario puede ser participar en un rito en el que no hay ego. Viajar a un punto en el tiempo en el que todavía no ha aparecido el artista romántico con sus interminables quejas, pasiones y dolores.

MURASAME

¡Qué lamentable condición!

Por esta obsesión,

Sigue sumergida, hermana, en el pecado,

Por el apego a este mundo.

No se ha librado todavía

De las preocupaciones

Nacidas de las vulgaridades de este mundo. 

Esto le dice el espíritu de una hermana al espíritu de la otra, pero se le podría decir a la mayoría de los personajes de cualquier obra “contemporánea”. Podríamos colar este diálogo en cualquier punto de cualquier obra de Angelica Liddell y quedaría bien. Podría ser la frase más interesante de la obra.

¿Qué es lo más moderno, egos desatados en escena o aceptar una tradición y renunciar al ego?

En cualquier caso, tener estos libros en la mano es un lujo, la edición está muy cuidada, da gusto leerla y la introducción y edición y notas de Hidehito Higashitani, José Pazó Espinosa y David Almazán Tomás nos dan las claves necesarias para poder disfrutar de este fragmento de la cultura japonesa.

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Autor: Zeami. Título: Matsukaze. Editorial: Satori. Venta: Todostuslibros.

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