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Una corteza artificial construida alrededor de la Tierra

Una corteza artificial construida alrededor de la Tierra

Eulalia Rodríguez propone en esta novela una distopía sobre la desigualdad y la supervivencia en un futuro post-climático. La lucha por la luz y la justicia social en un planeta sellado.

En este making of Eulalia Rodríguez explica cómo escribió El latido de los tambores (Diëresis).

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¿Cómo pasé los días creando la novela? Pues imaginaos un montón de notas desperdigadas, tazas de té y playlists que iban de tambores tribales a bandas sonoras épicas pasando siempre por el piano de Yiruma para inspirarme.

Reconozco que hubo momentos de bloqueo e inseguridades. Pero justo ahí, entre borradores y conversaciones con amigos y familiares, es donde la novela encontró su ritmo propio.

Por supuesto, nada de esto habría salido adelante sin los paseos para despejar la mente, los mensajes de ánimo en los días grises y el editor de Diéresis paciente que leyó cada versión como si fuera la definitiva.

Todo empezó con una inquietud: “¿Qué ocurriría si las élites decidieran encerrar el planeta bajo una corteza artificial para aislar la tierra contaminada y devastada?”, y a partir de ahí la cosa se me fue de las manos.

"Empecé a tomar notas sobre las estructuras sociales y la desigualdad, los dilemas éticos y las contradicciones humanas en un contexto extremo"

Al principio no tenía claro cómo organizar la construcción de dos mundos, pero después supuso uno de los procesos más gratificantes del proyecto. Lo más desafiante fue encontrar el equilibrio entre la creación de un entorno verosímil, con sus propias reglas y tecnologías, y el hecho de no perder de vista el aspecto humano de la historia. Evité caer en exageraciones tecnológicas que pudieran distraer al lector e intenté centrar su atención en los personajes y sus conflictos.

Así que empecé a tomar notas —en mi libreta o en la grabadora del teléfono móvil— sobre las estructuras sociales y la desigualdad, los dilemas éticos y las contradicciones humanas en un contexto extremo.

La corteza se fue transformando en un símbolo que reflejaba la diferencia entre la luz y la oscuridad, el beneficio y la carencia. Y de esta forma creé Kristala y Lamia, dos caras opuestas de una misma sociedad que ponen en evidencia las desigualdades que surgen cuando el acceso al recurso esencial, la luz solar, se convierte en un privilegio reservado a unos pocos.

"El tambor, ese símbolo central, empezó como un recurso sonoro, pero terminó latiendo con fuerza propia en toda la estructura del libro"

Kristala es la utopía aparente, donde todo parece estar en armonía, pero a costa de marginar a quienes quedan fuera del sistema. Lamia, la capa inferior, es el resultado de las decisiones tomadas en la superficie, de una sociedad que prioriza el bienestar de unos sobre la supervivencia de otros. Es una estructura injusta que, aunque extrema, guarda paralelismos con problemáticas actuales.

Después de confeccionar las fichas de los rasgos físicos y psicológicos, los personajes empezaron a cobrar vida. Necesitaba protagonistas que encarnaran tanto la rebeldía como el miedo, la esperanza y la resignación.

Asia y Tristán no surgieron de la nada: están hechos de retales de gente real, de recuerdos de conversaciones y de lecturas pasadas. Me interesaba que su relación no fuera la típica historia de amor adolescente, sino una forma de resistencia, de redención, de encontrar sentido en medio del caos.

Los personajes secundarios, especialmente los abuelos y el propio Churro, el perro, actúan como catalizadores de ese crecimiento, enriqueciendo las emociones.

El tambor, ese símbolo central, empezó como un recurso sonoro, pero terminó latiendo con fuerza propia en toda la estructura del libro.

"En definitiva, El latido de los tambores es una invitación a cuestionar los límites que nos imponemos, tanto a nivel personal como colectivo"

El título El latido de los tambores encierra un doble significado que atraviesa toda la novela. Por un lado, alude al sonido real de los tambores que marcan el ritmo de la revolución, un eco que recorre la ciudad y se convierte en llamada colectiva al cambio y la resistencia. Por otro lado, esos tambores resuenan también en el interior del protagonista: simbolizan el pulso de sus emociones, sus miedos y esperanzas, así como la fuerza interna que lo impulsa a actuar incluso cuando la incertidumbre y el peligro amenazan con paralizarlo.

En definitiva, El latido de los tambores es una invitación a cuestionar los límites que nos imponemos, tanto a nivel personal como colectivo. Más allá de la distopía y el conflicto social, la novela busca despertar en el lector la inquietud por descubrir qué hay bajo las capas de protección que nos separan de los otros y de nosotros mismos.

Ojalá que, tras recorrer las páginas de esta novela, cada lector se sienta animado a escuchar su propio latido y a atreverse, aunque solo sea por un instante, a vivir sin corteza.

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Autora: Eulalia Rodríguez. Título: El latido de los tambores. Editorial: Diëresis. Venta: Todos tus libros.

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