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La fascinante aventura visual de Daniel Mordzinski

Cracovia, por Daniel Mordzinski

Hace poco tiempo tuve la suerte de embarcarme con Daniel Mordzinski en un apasionante proyecto editorial —fotografías de Daniel y textos míos— que se tituló Ciudades para a(r)mar. El título, pensado por Daniel, es un claro homenaje a Julio Cortázar, a quien conoció en su primera exposición en París, siendo él aún un pibe lleno de ilusiones.

"La mirada de Daniel Mordzinski se ha especializado en recorrer el intrincado laberinto de la realidad"

Le pedimos a José Manuel Caballero Bonald que escribiera el prólogo: “La mirada de Daniel Mordzinski”, escribió el Premio Cervantes, “se ha especializado en recorrer el intrincado laberinto de la realidad. Conoce muy bien las claves, los atajos que conducen a la salida de ese laberinto. Buena prueba de ello es este itinerario fotográfico que constituye, por muy distintas razones, una reveladora y fascinante aventura visual”. En otras entregas continuaré con más fotos de Daniel Mordzinski y más frases de las que escribió uno de nuestros más destacados intelectuales.

CRACOVIA (POLONIA)

Variación sobre el apólogo sufí, «El gesto de la muerte»

Vivía en Cracovia un comerciante llamado Grzegorz. Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente judío llamado Andrzej, a quien apreciaba mucho. Un día, mientras Andrzej doblaba la esquina cerca ya de la casa de Grzegorz, a quien le llevaba unas bebidas del bar de al lado, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió uno de sus automóviles diciéndole que se iría a Oświęcim, a los alrededores de Auschwitz, donde tenía unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte. Grzegorz no tuvo inconveniente en prestarle el coche más veloz, y se despidió diciéndole que si aceleraba un poco más de la cuenta podría llegar a Oświęcim esa misma noche. Cuando Andrzej se hubo marchado, Grzegorz salió a la calle y al poco rato se encontró a la Muerte paseando por los bulevares.

—Por qué has asustado a mi sirviente? —le preguntó—. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto.

—No era mi intención asustarlo —se excusó ella—, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Oświęcim.