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Una novela bailable

La cosa es así: imagino una vida sin vida, pero no sin música. Tampoco imagino una vida sin baile. Fiebre de carnaval es una urgencia narrativa de la fiesta, con todo lo que implica la rumba en un territorio fronterizo a las orillas del Pacífico negro. Quise escribir la música, el ruido, los gritos. Quise narrar los cuerpos en el encuentro desmedido del festejo, desde la mirada de una infante cerca del suelo. Un cuerpo que presencia todos los aconteceres elevando la mirada por fuerza de su estatura, tal vez por eso vive trepada en los árboles, para tener una visión más clara y general de su mundo circundante.

Ainhoa, la protagonista y voz narradora, se sale siempre de la escena para encaminarnos desde las alturas al verdear de los árboles y la locura del lenguaje de la casa de su mami/abuela Nela. Un hogar lleno de Ménades, y desproporciones que abruman la cabeza de esta niña en flor, niña en doncella, como el verso de Filomena ese arrullo del norte de Esmeraldas.

"Quise en la novela, sentarme a pensar todos los días, si es mi cintura la que alborota mi cuerpo o mi cuerpo el que alborota mi cintura"

Fiebre de carnaval es el síntoma físico de lo que hace la rumba en el cuerpo y en las masas proletarias negras. La fiebre es la que activa preguntas esenciales del ser, como esa interrogante de mami Linda Leida, en la canción Tumba: “Yo no sé si es mi cintura la que alborota mi cuerpo o mi cuerpo que alborota mi cintura”. Esta escritura intenta responder a estas cuestiones, importantísimas por inútiles —me quiero casar para siempre, con todo lo que entorpezca la funcionalidad de las cosas—. Quise en la novela, sentarme a pensar todos los días, si es mi cintura la que alborota mi cuerpo o mi cuerpo el que alborota mi cintura.

Quise una escritura del alboroto, del ruido desmedido de tambores. De humanos que chocan como planetas con el fervor del son, la champeta y el aguardiente. De cuerpos que lloran y parecen que bailan, que bailan y parece que lloran. Y así forman una espiral macabra donde la fiesta adquiere una dimensión difícil de palabrar, pero que se va haciendo visible en preguntas como la de Linda Leyda: ¿es mi cintura la que alborota mi cuerpo o mi cuerpo el que alborota mi cintura?

"Un intento de fiesta portátil para el bailador/lector desde un poblado atravesado por el narcotráfico y la ocupación militar. ¿Se puede festejar en medio de ese contexto?"

La intención de este proyecto es generar una inmersión definitiva al seno de la fiesta, como cuando se está en mitad de un baile y no puedes seguir bailando, pero la masa rumbera mueve tu cuerpo de manera involuntaria. También reconozco el capricho de fusionar todo lo que me gusta en un solo espacio. Quise que Fiebre de carnaval sea una novela que se mueva por sí sola, que invite a su vez al movimiento y la locura, pero también el lado macabro de la furia festiva donde se le pasa por encima a los cuerpos sin agencia.

Este libro no es más que un rumbeke ambulante, caprichoso donde la violencia y la algarabía son dos caras de la misma moneda.

Un intento de fiesta portátil para el bailador/lector desde un poblado atravesado por el narcotráfico y la ocupación militar. ¿Se puede festejar en medio de ese contexto?, sí, porque bailar es escuchar con los pies y sobrellevar el duelo perenne.

Bailemos.

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Autora: Yuliana Ortiz Ruano. Título: Fiebre de carnaval. Editorial: La Navaja Suiza. Venta: Todos tus librosAmazonFnac y Casa del Libro.

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