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Una rara avis en el mundo de la poesía

Una rara avis en el mundo de la poesía

Los poetas —los que de verdad merecen ese nombre— valen por un solo verso. Lo demás es por añadidura. “Esa mujer se parecía a la palabra nunca”: Gelman. “Aquella fiesta brava del vivir y el morir. Lo demás sobra”. Blas de Otero. “Yo conozco a alguien que quiere morir en paz consigo mismo”. Juana Bignozzi. “El reino de la necesidad no conoce moral”. Mario Trejo. ¿Quién en su (in)sano juicio no daría un brazo por escribir al menos uno de esos versos? Por suerte, como la poesía en general, ya son de todos. “Nadie es de nadie, dulce amada”. Zé Cordeiro. Con eso queda todo dicho.

Nadie es de nadie, un verso poderoso escrito en el fragor de viejas batallas, da ahora título a un libro publicado por la Editorial Pigmalión. Se trata de la antología poética del argentino Reynaldo Sietecase, un autor con una obra en la que sobran versos por los que uno daría, como por Bignozzi o Blas de Otero, un brazo hasta ahora inútil. España ve, por fin, una compilación de lo mejor de su producción poética. Nadie es de nadie, pero este libro es de todos.

"En El amor muerde dijo exactamente eso: que el amor es como el futbolista uruguayo Luis Suárez: clava los dientes cuando uno menos lo espera"

Hace más de treinta años, Reynaldo Sietecase comenzó una travesía. Junto a un grupo de amigos —reunidos en el grupo El poeta manco— sostuvo la poesía con un libro en una mano y un aerosol en la otra. Primero, pintó las calles de Rosario con versos de poetas combativos (Francisco “Paco” Urondo, Miguel Ángel Bustos y Felipe Aldana) en plena dictadura militar. Después, publicó lo suyo: poesía por el amor, el sexo, el erotismo, la vida. Y las cárceles vuelan, su primer libro de poemas publicado en 1986, ya presagiaba lo que vendría más tarde, con la publicación de Cierta curiosidad por las tetas (1989), Instrucciones para la noche de bodas (1992), y Fiesta rara (1996). Una poesía que, a diferencia de la política (la de sangre, sudor y lágrimas), estaba cargada de sexo, sudor y risas. Sietecase nunca abandonó ese combate: lo siguió librando en sus libros posteriores. En Pintura negra reversionó en verso los grabados de Goya. En Hay que besarse más combinó erotismo, familia y sociedad. Y en El amor muerde dijo exactamente eso: que el amor es como el futbolista uruguayo Luis Suárez: clava los dientes cuando uno menos lo espera.

El lector español tiene, ahora, la oportunidad de acceder a su obra. Y bien vale hacerle esta aclaración. Sietecase es una rara avis en el circunspecto mundo de la poesía. No pertenece a ningún grupo literario, ni escuela, ni cenáculo autorreferencial. No busca congraciarse ni formar parte de antologías o suplementos literarios. No tiene paz, pero tampoco pide clemencia. Y se dedica a hacer algo impensable para la mayor parte de los poetas contemporáneos, tan proclives a sobarse el ego: poesía.

"Sietecase escribe para las pequeñas multitudes. Para una inmensa minoría"

La poesía de Sietecase llegó a España para dejar, igual que en Argentina, versos urgentes. Ese que dice que Hay que avisarle a las masas que se las comen con oporto. Aquel otro que asegura que La eternidad no sabe de vacilaciones. O el que, haciendo gala de sinceridad, le dice a la pareja: Viniste por Venecia y te llevé a Vietnam. Nunca te prometí un jardín de rosas.

Nadie es de nadie —libro que se presenta el 13 de junio en Aleatorio Bar de Malasaña—  es una cuidada muestra de su obra. Tres décadas de poesía, sin que el sólido narrador ni el reconocido periodista lo distraigan de su oficio de poeta. Sietecase escribe para las “pequeñas multitudes”. Para una “inmensa minoría”. Para los aristócratas de la sensibilidad. Para los que se atreven a reír y pensar. Al fin, su poesía cruza el mar.

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Autor: Reynaldo Sietecase. Título: Nadie es de nadie. Editorial: Sial Pigmalion

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