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Univac te ama

¿Y si “lo propio” del hombre fuera ser habitado por lo inhumano?

(Lyotard)

Creo fue Marshall McLuhan (1911-1980) quien destacó que “el hombre camina hacia el futuro con la mirada fijada en el retrovisor”. Regresamos hacia la barbarie a través de la civilización técnica. La migración de la ciudadanía desde el ámbito presencial hacia el ámbito digital, y con ello la traslación de gran parte de los miembros de la especie humana (procedentes de las más diversas culturas) al hábitat de un falso mundus imaginalis (una de las propuestas interpretativas más lúcidas de Jeremy Naydler contenida en este su último libro, La lucha por el futuro humano) alcanza hoy un punto crítico en su despliegue. La telematización creciente y forzada de numerosas actividades humanas, desarrollada durante el año de la publicación de este ensayo (2020 / Covid 19), añade fuerza a muchos de sus argumentos.

El Gran Reinicio, postulado públicamente por el neoatlante Klaus Schwab, permite entrever ya los primeros esbozos en la configuración de lo que ha dado designarse un “cerebro electrónico global” de rango planetario, un proceso acelerado que comenzó hace décadas y que con la llegada de la “realidad aumentada” auspicia una impregnación casi total de lo experiencial por lo virtual. Estamos pasando de la era de la Conexión a la era de la Inmersión. La vida de los otros, sobre todo si uno dispone de recursos para pulverizarla, es sin duda un medio que mueve mundos… 

"Naydler ha escrito una requisitoria inteligente contra las consecuencias antropológicas y espirituales que provoca el uso continuado de las tecnologías informáticas"

Naydler ha escrito una requisitoria inteligente e informada sobre, y contra, las consecuencias antropológicas y espirituales que provoca el uso continuado, globalmente extendido, de las tecnologías informáticas y de comunicación, que tanta influencia acaparan en los últimos tiempos. El punto de vista de este filósofo oxoniense, que practica las artes de la jardinería y tiene un conocimiento consolidado y profundo de la religión del antiguo Egipto y de la historia de las “máquinas de pensamiento”, debe enmarcarse en la perspectiva “perennialista”. Colabora en la publicación de esta tendencia, Temenos Academic Review, patrocinada por el príncipe Carlos de Inglaterra. “Perennialistas” son el Dalai Lama, un decidido partidario de las seudovacunas actuales, y el ya citado príncipe Carlos, que se ha hecho la foto protocolar con Greta Thunberg en el Foro de Davos. Podríamos añadir, con mínimo esfuerzo, al Papa peronista simpatizante del Partido Comunista chino. A este último objeto de deseo seudoescatológico se refería con humor Arthur Koestler (1905-1983) en el umbral de los años sesenta en su libro El loto y el robot (1960), calificándolo como «el estado robot más perfecto de este lado de la ciencia-ficción».

En el mundo real los aparentemente opuestos, más allá de los opiáceos que los medios de comunicación de masas dejan caer sobre la población, colaboran de modo decidido. En esta obra, alejado más de cincuenta años del texto que comentamos, Koestler recalca cómo tras la Segunda Guerra Mundial “el mundo se encaminaba hacia un modelo uniforme, mecanizado y estereotipado; un mundo que implicaba una inevitable nivelación hacia abajo de valores y criterios”. 

¡Eleusis para nosotros! ¡Mamá Automática para el resto…!  

Richard Gault, en la reseña de un libro anterior de Naydler, In the Shadow of the Machine: The Prehistory of the Computer and the Evolution of Consciousness (Temple Lodge, 2018), dedicado al estudio de las primeras etapas y desarrollo de lo que hoy conocemos como ordenadores, que no son otra cosa que máquinas de cálculo que simulan el pensamiento humano, destacaba citando al autor cómo “los antiguos se veían a sí mismos como almas manifestadas. Entendían que el mundo es un ser vivo dotado de significados; el conocimiento auténtico se obtenía mediante la contemplación. Por el contrario, la opinión generalmente sostenida en la actualidad es que el mundo y nosotros mismos somos mecanismos, entidades materiales que como mejor se entienden es a través de la razón. La apoteosis de este movimiento de lo divino a lo privado de alma se revela, argumenta Naydler, en la computadora. Claramente no orgánica, la computadora proporciona y refleja el modelo contemporáneo para comprender la conciencia, y lo hace ofreciéndonos mundos virtuales que nos alejan cada vez más de la realidad natural”. 

"El autor está muy lejos del exaltado “mix” académico, tan de nuestro tiempo, entregado a la inmanencia y confluencia de gorilas, cyborgs y feministas"

Naydler, seguidor de Rudolf Steiner (1861-1925) y conocedor y admirador de Goethe (1749-1832, en Siruela hay una edición de 2002 del libro Goethe y la ciencia donde realiza tareas de editor literario), establece desde el comienzo una relación de analogía entre la “revolución francesa” y la “revolución digital”. Al contrario que el Maestro de Weimar, que conoció personalmente a Napoleón (1769-1821) y hasta el final de su vida fue admirador del corso, llegando a afirmar: “Mientras que en el mundo político se producía algo terriblemente amenazador, yo me entregué con tenacidad a lo más alejado posible”, refiriéndose con ello a sus estudios sobre la China antigua, Naydler ha dado un paso adelante para confrontar y denunciar públicamente la amenaza que determinadas y novedosas tecnologías, encuadradas en lo que vamos a denominar “transhumanismo”, portan para los seres humanos en tanto estos son considerados entidades espirituales. Algo más para mejor entendernos que: votantes, usuarios de Sanidad, sujetos inclusivos o telespectadores.

La lucha por el futuro humano es un texto compuesto por cinco capítulos donde se trata de responder a una afirmación posmoderna, realizada por Lyotard (1924-1998) y que encabeza el artículo que nos ocupa, desde un punto de vista espiritual consciente y directo. El autor está muy lejos del exaltado “mix” académico, tan de nuestro tiempo, entregado a la inmanencia y confluencia de gorilas, cyborgs y feministas, todo ello afirmado como patrón de “lo posthumano”, afirmando, y por lo tanto en otra onda: “Toda la creación habla de una inteligencia espiritual trascendente en su origen, siempre que seamos capaces de escucharla».

Ya en el primer capítulo, titulado significativamente “La tecnología y el alma», el autor sintetiza su desconfianza con las nuevas tecnologías informáticas recalcando cuatro aspectos, asaz oscuros, que luego estudia con lucidez y brevedad: la adicción, la fragmentación psíquica, el abandono de lo real por lo virtual y la deriva hacia la transformación en cyborgs. La corrupción de la esencia humana en acción. En el siguiente capitulo se provee a los lectores, a través del “Himno de la Perla” de una valiosa metáfora[1] para mejor entender cuestiones relacionadas con el devenir cíclico y la experiencia de lo real y lo espiritual, y mejor poder interiorizarlas, durante el Kali Yuga.

"Naydler dibuja un vasto panorama que describe el desarrollo humano y el surgimiento de la tecnología electrónica"

El tercer capítulo, sin duda uno de los más importantes, habla del advenimiento del ordenador corporal, uno de los postulados básicos del “transhumanismo”, de los relojes y gafas inteligentes, pasando por el Internet de las Cosas a la “singularidad” de Raymond Kurzweyl, haciendo hincapié de cómo el Aire (uno de los cuatro elementos) se satura cada vez más con radiaciones para poder llevar a la práctica estos proyectos.

El cuarto capítulo: “5G, el ataque múltiple” llama la atención sobre la disposición de las instituciones globales a envolver a la Tierra en una esfera artificial de radiaciones electromagnéticas con la finalidad presunta de facilitar las comunicaciones, pero también con la faceta oculta de generar un cerebro electrónico global al que estaremos todos incorporados por medio de una conexión biológica. Se trata de fusionar el mundo natural y el electrónico para mejor estar inmersos en un ambiente plenamente artificial: una auténtica aberración, dada la naturaleza degradada con relación a la luz solar que implica la muy telúrica y artificial electricidad. Pero no voy a distraer al lector del placer de conocer las argumentaciones sobre esta serie de arrebatos tecnológicos que, con ocasión de la actual epidemia, exagerada a pandemia, se están extendiendo entre grandes masas de población. El capítulo cinco expone el punto de vista teórico del autor vinculado a las concepciones steinerianas y a la identificación metafórica y simbólica de la Luz con el Conocimiento.

Volviendo a In the Shadow of the Machine…, un libro excelente que esperamos caiga pronto bajo la mirada de algún editor avispado que vierta su muy interesante contenido al castellano, mencionaremos cómo “la conciencia moderna ha evolucionado a la sombra del desarrollo de las máquinas de un modo cada vez más intenso. La computadora fue el producto de un largo desarrollo histórico, que culminó con la revolución científica del siglo XVII. Fue durante este período que se inventaron las primeras calculadoras mecánicas y comenzó seriamente a materializarse el proyecto de crear «máquinas pensantes» más complejas. Pero las semillas se sembraron muchos cientos de años antes, en lo más profundo de la Antigüedad. Naydler dibuja un vasto panorama que describe el desarrollo humano y el surgimiento de la tecnología electrónica. Su minuciosa investigación arroja luz sobre una pregunta urgente que concierne a toda persona hoy en día: ¿qué significa ser humano y qué nos distingue de las máquinas, si es que algo nos distingue?

"Ya en el siglo III a.C. el mundo se había poblado de artefactos mecánicos, muchos de ellos dedicados a la guerra"

Sí voy a hacer un cierto hincapié sin embargo, en cuestiones presentes en este libro donde trata con erudición y profundidad la genealogía de las computadoras y su impacto sobre la conciencia humana. Determinadas modificaciones en el ámbito filosófico que tuvieron lugar en el siglo XIV en Europa, junto con diversos “adelantos” tecnológicos precedentes, trajeron consigo problemáticos desarrollos que ya se manifiestan descaradamente ante nosotros: el carácter intrínsecamente mecánico de la lógica formal, más en contextos como los que vieron la llegada del nominalismo, la “vía moderna” de Ockam (1285-1347) que postergaba, en nombre de los individuos singulares y una reconversión del lenguaje, el pensamiento contemplativo y su consistencia participativa (a través del horizonte arquetipal) con lo espiritual. Lo Espiritual es accesible mediante el pensamiento contemplativo a través de la parte esencial del alma, el intelecto o nous: “lo que escoge”.

Ya en el siglo III a.C. el mundo se había poblado de artefactos mecánicos, muchos de ellos dedicados a la guerra. En el siglo IV d.C. aparecen los molinos de agua, que se contarán ya por miles en el siglo XIV en Inglaterra, el siglo de la destrucción, por el rey de Francia y el papa, de la Orden Templaria, y de la eclosión de la Peste Negra, que asoló Europa, despoblándola. La mecanización del mundo había entrado de modo directo en la sociedad medieval a través de los relojes mecánicos. Entre este periodo y la llegada de las primeras calculadoras mecánicas, realizadas en el siglo XVII por Blaise Pascal (1623-1662), se produce la Reforma que aniquila los monasterios, centros básicos de pensamiento contemplativo. Con la difusión del literalismo bíblico hecha posible por la imprenta se abre el camino a un mundo materializado y psicologizado, del cual somos herederos directos. Los aspectos cualitativos relativos a la esencia son ignorados, y a través de Bacon (1561-1526) y Galileo (1564-1642) entramos directamente en la Era de la Máquina, que «cobrará vida» ya en el siglo XX mediante la electricidad. En el intervalo, y con la distinción entre las cualidades primarias y secundarias y el advenimiento del atomismo defendido entre otros por Galileo, se invierte la visión del mundo medieval y se da prioridad a lo cuantitativo y lo matemático, desprovistos ambos aspectos de conexión auténtica con lo simbólico, siendo el símbolo, como señala Guénon, puerta a una realidad superior. La Espiritual. En el siglo XVII, y ponemos final con ello a esta excursión en los precedentes de la pesadilla cuyo advenimiento vemos emerger y de la cual se ocupa La lucha por el futuro humano, tuvo lugar el experimento de los Hemisferios de Magdeburgo (1654), donde Otto von Guericke (1602-1686) convocó al Gran Caos, generando un vacío artificial en nuestro plano.

"Con el reloj surge una nueva concepción del tiempo. La torre del reloj y no la de la iglesia comenzaría a regir las actividades urbanas"

Enmendando un poco la plana a Naydler, señalar que la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, que todos damos como excepcional y decisiva, sucedió a otra quizá mucho más intensa y no menos mecanizante e influyente, que tuvo lugar entre los siglos X y XIII en el mundo europeo medieval. Como señala Jean Gimpel (1918-1996) en La Revolución Industrial de la Edad Media (Taurus, 1982): «el medioevo europeo ha desarrollado el uso de las máquinas más que ninguna otra civilización». De ello se dio cuenta ya Spengler (1880-1936) en su Decadencia de Occidente, publicado en 1920, fecha clave por ser la de las primeras emisiones de radio. «La máquina clave de la era industrial moderna», cito a Mumford (1895-1990) citado por Gimpel, «no es la máquina de vapor, sino el reloj. Aun hoy ninguna máquina es tan omnipresente». Con el reloj surge una nueva concepción del tiempo. La torre del reloj y no la de la iglesia comenzaría a regir las actividades urbanas, abandonándose la eternidad como medida de las acciones del hombre. Hasta el siglo XX la Iglesia ortodoxa se negó consecuentemente a aceptar las ideas homogeneizadoras del tiempo con las que tan a gusto llevaba viviendo Occidente siglos, bajo la sombra aún persistente del Gran Inquisidor.  

McLuhan, diez años antes de su muerte, en una entrevista realizada por Vintila Horia (1915-1992), afirmó: «El hombre actual, el de la era de la electricidad, es el más primitivo que jamás ha existido, somos la sociedad más primitiva que ha habido». Y recalcaba: «Es como estar en una operación quirúrgica. Antes nos solíamos dormir, ahora permanecemos completamente despiertos durante la operación. No vamos a ninguna parte porque estamos ya allí ahora». 

Gobernar la vida desnuda es la locura de nuestro tiempo. Los hombres reducidos a su existencia biológica pura ya no son humanos, los hombres gobernantes y las cosas gobernantes coinciden.

(Giorgio Agamben)

[1] Olvidé que era hijo de Reyes, / y servía a su rey. / Olvidé la Perla / por la que mis Padres me habían enviado / y, a causa de la pesadez de sus alimentos, / caí en un profundo sueño. Los Hechos de Tomás.

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Autor: Jeremy Naydler. Título: La lucha por el futuro humano. Editorial: Atalanta. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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