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Cada uno cuenta la feria según le va en ella

Cada uno cuenta la feria según le va en ella

Decía mi padre que cada uno cuenta la feria según le va en ella. Obviamente no se refería a ninguna feria en particular, mucho menos a la Feria del Libro de Madrid en concreto. Pero entiendo que el refrán sería extrapolable a todas, incluida esta.

Claro que el bueno de mi padre no conoció las redes sociales, donde de lo que se trata es de contar las cosas, no según sucedieron, o según le fueron a uno, sino según uno deseó que sucedieran.

Ser o no ser, esa es la cuestión, declamaba el torturado príncipe Hamlet. A buen seguro si lo hubiese hecho en la época de Facebook hubiese preferido la fórmula estar o no estar, esa es la cuestión. Que, aunque en algún tiempo fueron la misma cosa, hoy todos sabemos que cada día toman más distancia la una de la otra.

"Para firmar en la prestigiosa Feria del Libro de Madrid solo hacen falta tres cosas: tener un libro que firmar, tener una caseta donde hacerlo y tener un bolígrafo."

El próximo domingo 11 de junio —escribo este artículo anterior a esa fecha— finaliza una de las citas internacionales más importantes del sector del libro. Luego vendrán las conclusiones que, como siempre, es más fácil sacar a posteriori que a priori, aunque sirvan para poco. Algunas, por repetirse año tras año como un mantra recurrente, ya nos las conocemos: se lee menos de lo que se debería, el sector del libro no está tan muerto como algunos predijeron, las filas de los famosos televisivos son más largas que las de los prestigiosos y eruditos escritores… Esta última, sin duda, es una de mis favoritas. Sobre todo cuando la oigo o la leo en los muros de ofendidísimos, y desconocidos, “autores” que sienten cómo cualquier presentadora de turno les ha usurpado la gloria de unas colas que les pertenecían por derecho propio.

Creo que a estas alturas y después de 76 ferias, seguimos sin enterarnos de qué va esto.

Para mí será la tercera feria a la que asista como autor —precisamente lo haré ese día—, a las que se suman otras tres más como editor. Lo que no es como para batir un récord guinness, pero sí me permite corroborar que para firmar en la prestigiosa Feria del Libro de Madrid solo hacen falta tres cosas: tener un libro que firmar, tener una caseta donde hacerlo —esto tampoco es tan imprescindible, si me apuran— y tener un bolígrafo —en su defecto una estilográfica— con el que hacerlo.

Obvio, pensarán ustedes. Pero reseñar lo obvio no siempre está de más, pues, de puro evidente, algunas veces se nos pasa por alto.

"Luego cada uno nos montamos nuestra preferia y nuestra feria propia en las redes sociales y la contamos a nuestra manera, que no según nos va en ella."

Para estar, que no ser, en la Feria del Libro de Madrid uno no tiene que realizar ningún otro mérito que los anteriormente citados. Si tiene un amigo o conocido librero, que tenga a bien cobijarle en su caseta, o si su editorial cuenta con una, pues allí estará, si así lo desea. Porque así debe ser, porque es una fiesta de todos y para todos, incluidos los que no leen, o los que leen poco y los que no escriben, o escriben poco. De hecho, de eso se trata, ¿no? De celebrar el libro y estimular la lectura. Eso es lo que la hace diferente y especial, si la comparamos, pongamos por caso, con la de Guadalajara —México— o la de Frankfurt.

Luego cada uno nos montamos nuestra preferia y nuestra feria propia en las redes sociales y la contamos a nuestra manera, que no según nos va en ella. Colgamos la foto de nuestros diez amigos, a los que situamos en fila de a uno, plasmamos el momento de la firma a nuestro primo y sorteamos, con buen criterio, cualquier instantánea de las horas que pasamos, la mayoría, refugiados bajo el toldo viendo cómo la marabunta paseaba de un lado para otro, obviando nuestra presencia y preguntándose, en el mejor de los casos, quién será ese. Aunque nosotros creamos que hemos hecho más méritos para ocupar el taburete que el famosillo de turno.

"Puedes ser, puedes estar, puedes fingir que eres, incluso que estás y, además, puedes celebrar un picnic con tus amigos después de una firma en la que no has firmado ni un solo libro de verdad."

Hemos estado allí y eso es lo que importa. Vivimos en la era donde no importa lo que sucede, sino lo que parece que sucede. Me parece un juego legítimo del que todos somos partícipes, cada uno a nuestra manera. Todos tenemos derecho a fingirnos quien no somos, allá cada cual. A veces incluso de tanto fingir acabamos por serlo.

A quién no le gusta sentirse Javier Marías y pensar que tiene más derecho que el presentador de Pasapalabra —por cierto, reconocido como uno de los pocos especialistas a nivel mundial en Leonardo da Vinci— para estar frente a sus lectores, aunque estos no existan.

Por eso me encanta la Feria del Libro de Madrid. Puedes ser, puedes estar, puedes fingir que eres, incluso que estás y, además, puedes celebrar un picnic con tus amigos después de una firma en la que no has firmado ni un solo libro de verdad, qué más se puede pedir.

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