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Un heavy por el Renacimiento

Todo empezó con La última cena.  “El mayor acertijo de la historia del arte”, que diría Iker Jiménez (de quien ya adelanto que soy fan) en referencia al cuadro que fue el encargado de encender la chispa dentro del cerebro del autor madrileño de quien hablamos hoy. Una chispa que acabaría por detonar el artefacto que este muchacho llevaba dentro desde hacía tiempo: una curiosidad infinita. La historia de dicho cuadro poca gente la conoce. Dicha cena, lejos de tratarse de un acto de consagración, se fundamenta en la frase del evangelio de Juan con la que Jesús anuncia a los doce que entre ellos hay un traidor: “Ciertamente os aseguro que uno de vosotros me va a traicionar “(Juan 13:21-38). Así comienza la historia del cuadro pintado por Leonardo que fue el que abrió las puertas del renacimiento a una persona que lleva varios años paseándose por allí: Christian Gálvez.

Gálvez lleva tiempo compaginando su trabajo en televisión (de la misma manera que otros autores lo hacen en la radio o en la propia televisión) con el estudio exhaustivo del personaje histórico. El presentador ya sorprendió a muchos tras la publicación de su novela Matar a Leonardo a la que siguió Rezar por Miguel Ángel pero antes de continuar, vamos a quitarnos lo del “escritor mediático” de encima cuanto antes.

"Gálvez tiene estilo, estructura sus textos, trata diferentes temas, crea personajes y se documenta de manera casi enfermiza."

Yo soy el primero que miro raro un libro cuando viene de uno de los autores denominados “mediáticos”. Por desgracia,  la industria se ha subido a una ola que ha llevado a que las colas en la feria del libro sean más largas en la caseta del youtuber de moda que en la del último Premio Nadal y aunque no es el objeto de este texto analizar hacia dónde giran las nuevas tendencias literarias, coincido mucho con César Pérez Gellida cuando dice que está “cansado de escuchar a los escritores lo poco que se lee, a lo mejor es que nos hemos distanciado de los gustos del público. Nosotros también tenemos que hacer autocrítica». Grande, incisivo y elocuente, como siempre, el calvo.

No obstante, es cierto que al autor mediático se le mira con lupa y que está más expuesto a la opinión del lector. Esto, por mucho que les pese, es así y lo seguirá siendo. Lo que ocurre es que con Christian Gálvez ya no estamos en este punto. Nos puede gustar su estilo o no. Nos puede gustar su manera de estructurar sus textos o no. Nos puede entretener mucho o poco el tema que trata.  Los personajes que crea nos pueden parecer más o menos planos o dotados de vida. Pero lo que es una realidad es que independientemente de lo que hayamos contestado a esas preguntas, Gálvez tiene estilo, estructura sus textos, trata diferentes temas, crea personajes y se documenta de manera casi enfermiza. Este es el momento en el que los “haters” debéis dejar de leer este artículo porque aquí no vais a encontrar carnaza. Gálvez ya no es “mediático”. Un escritor mediático es quien aprovecha su fama en la industria audiovisual para vender libros y este no es el caso. Christian Gálvez es un escritor honesto y con una capacidad de sacrificio fuera de lo común. Un autor que en televisión presenta un programa cultural y que poco a poco, con curiosidad y con trabajo, ha conseguido hacer suya una de las máximas de Leonardo: “quien sabe de lo que habla no necesita levantar la voz”.

Leonardo da Vinci -cara a cara-El madrileño acaba de publicar Leonardo da Vinci: Cara a Cara, en el que muestra años de investigaciones y su colaboración con varios expertos para determinar que el rostro de Leonardo da Vinci que se ha mostrado a lo largo de los años no es real.

Giorgio Vasari, uno de los primeros historiadores del arte aseguraba que existe un retrato de Leonardo da Vinci que Francesco Melzi, alumno y albacea del genio florentino, guardó al morir su maestro. Un «supuesto autorretrato» (la imagen más extendida del florentino) que se encuentra en la Biblioteca Real de Turín; la Tavola Lucana, un retrato descubierto por Nicola Barbatelli, experto entrevistado por Gálvez para el volumen; y una obra atribuida a Francesco Melzi, son los tres protagonistas de este «cara a cara».

"Pocas objeciones se le pueden poner al libro de Christian Gálvez. No os lancéis a él si no os interesa la figura del genio florentino pero si, como a mí, os interesa la figura histórica de Leonardo, es una obra que no os podéis perder."

«No hay pruebas de que fuera Leonardo el del dibujo de Turín», concluye Gálvez, que sí encuentra similitudes faciales entre las otras dos obras, comparadas también con seis pinturas que la BNE atesora en sus fondos.

Pocas objeciones se le pueden poner al libro de Christian Gálvez. No os lancéis a él si no os interesa la figura del genio florentino pero si, como a mí, os interesa la figura histórica de Leonardo, es una obra que no os podéis perder. El volumen editado por Aguilar, es toda una obra de consulta. Con un índice bien estructurado y una narrativa ágil que huye de complejos léxicos que dificulten la comprensión, Gálvez vuelve a poner énfasis en acercar al genio a la gente. Un libro que se puede leer en diferentes intervalos temporales o del que puedes extraer los fragmentos que más te interesen.

"Gálvez ha escrito un verdadero manual que le valdrá, nada menos, que participar en la mismísima exhumación del cuerpo de Leonardo. Casi nada."

Su autor ha vuelto a acertar en la organización de los datos que quiere llevar al papel y es que algo así tenía que pasar. Ya venía avisando Christian que tenía una gran capacidad para estructurar y ordenar una cantidad enorme de datos y es que he leído tesis doctorales con menos datos y peor estructuradas que el libro que ha puesto sobre la mesa Christian Gálvez. Un ensayo cuya realización le ha valido a Gálvez el ser invitado al congreso internacional que se está celebrando estos días sobre el Proyecto Leonardo en el que participan los mayores expertos mundiales sobre la figura del genio florentino. Gálvez ha escrito un verdadero manual que le valdrá, nada menos, que participar en la mismísima exhumación del cuerpo de Leonardo. Casi nada.

Puesto que Christian Gálvez ha nacido el mismo año que quien escribe estas líneas, puedo saber que se siente demasiado mayor para ser un millennial y demasiado joven para la generación X. Esto se traduce en un sentimiento de nostalgia hacia nuestro origen pero conviviendo con un gran disfrute de lo que nos brinda la tecnología. Puedo saber que es alguien que se acostaba los fines de semana escuchando Milenio 3 en la radio fascinado por escuchar a Iker Jiménez haciendo de su pasión su modo de vida. Y puedo verle como alguien que conforme crecía se iba dando cuenta por sí mismo que para interpretar el presente hay que conocer el pasado y que se dio cuenta también en determinado momento que todo en esta vida necesita sacrificio y lo que te apasiona, más aun.

"Como dice la canción de Matchbox Twenty: it’s 3 am and I must be lonely”. Se me ha vuelto a hacer tarde leyendo y ya van unas cuantas. Me voy a dormir cansado pero tranquilo."

Lo bueno de estar prisionero en esta celda es que ves las cosas desde la distancia. Mi celda en Zenda me ha dado cierta perspectiva. Pero esta privación de libertad aderezada con cierto acceso privilegiado a la literatura no hace sino reafirmarme en mis premisas iniciales: La literatura es maravillosa. Llega a la gente, divierte, ayuda a aprender y cambia a las personas. Las vuelve curiosas y no hay nada mejor que eso. El mismísimo Einstein decía de sí mismo que “no tenía ningún talento especial, sino que solo era apasionadamente curioso”.

Hay una frase de Isaac Asimov que me aterroriza cada vez que la leo:

“Existe un culto a la ignorancia: siempre lo ha habido. La presión del anti-intelectualismo ha ido constantemente abriéndose paso a través de nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que la democracia significa que “mi ignorancia es igual de válida que tu conocimiento”.

Esta afirmación siempre me hace pensar que hace falta gente curiosa, gente apasionada y con valores que haga de referente para los jóvenes de hoy en día. Para que los que vienen detrás nuestro no den más valor a ser el primero en tuitear algo que a ser el mejor en hacerlo.  Para que alguien muestre que esforzarse es gratificante y que con el esfuerzo también se consigue el éxito. Para que al llegar a casa haya alguien que en lugar de poner la tele, abra un libro. Y si fracasa en el intento y acaba poniendo la televisión, por lo menos que vea Pasapalabra.

Como dice la canción de Matchbox Twenty: “it’s 3 am and I must be lonely”. Se me ha vuelto a hacer tarde leyendo y ya van unas cuantas. Me voy a dormir cansado pero tranquilo. Hoy, leyendo, he aprendido algo pero lo mejor es que me acuesto con más dudas que las que tenía cuando me levanté esta mañana. Christian, me da que así no voy a acabar nunca pero, qué diablos, de eso se trata, ¿no?

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