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Velasco en carta viva, el fondo y la quiniela

Velasco en carta viva, el fondo y la quiniela

XAVIER VELASCO EN CARTA VIVA

Hace unos meses un escritor y diplomático mexicano me comentaba con nostalgia que ya no se escribían cartas y que él había empezado a plantearse escribirse a sí mismo como destinatario para tener la posibilidad de reunir un epistolario. El rebelde Xavier Velasco, mago de la cartuchera electrónica, ha sido más veloz, y durante mucho tiempo ha estado dando rienda suelta a su impulso de escribir cartas para bucear en su interior y contar cosas que de otra forma no se habría atrevido a contar para hablar de sus sentimientos, algo que, como dice Javier Cercas, los escritores suelen rehuir. Entrega insensata. Cartas a la deriva (Océano), es el título del volumen que estos días ha comenzado a circular en librerías mexicanas y que desbordó el Palacio Postal el día de su presentación en la Ciudad de México. Velasco reúne en este volumen misivas a manera de “monólogos” dirigidos a personajes como la cantante Linda Ronstadt, el escritor Enrique Serna o la actriz Irma Serrano, La Tigresa, pero también a gente de su propio entorno, como su abuela Celia, su perro Don Vittorio o su madre Alicia, a quien escribe una carta dos días antes de su muerte con el corazón en un puño. En suma, veinticinco cartas que recorren un espectro que va de lo mordaz a lo entrañable, pasando por la palabra de amor adolescente, el ajuste de cuentas y la declaración de genes y principios, y que en conjunto dan cuenta de la colección de temas que han obsesionado a este escritor en toda su carrera: la educación sentimental de los instintos más bajos, la hipocresía, la escritura como razón de vida o como trampa, o el amor incondicional de la familia bípeda o cuadrúpeda. Velasco en estado impuro.

EL FONDO TOCA FONDO

La promoción editorial es una de las principales tareas que, como un mantra, asume año con año el Fondo de Cultura Económica, cuyo catálogo cuenta nada menos que con diez mil títulos, casi la mitad de ellos vigentes. No obstante, muchos se preguntan en los círculos literarios mexicanos cómo puede ser que una de las empresas editoriales de mayor envergadura del mundo hispanoamericano, con un presupuesto anual en torno al millón de euros, sea un coloso renqueante, que apenas tiene presencia en los medios de comunicación, con una selección de novedades francamente irregular en los últimos diez años —salvo el pelotazo que representó en 2014 la edición de El Capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty— y cuya presencia internacional, a pesar de sus múltiples filiales fuera de México (en Argentina, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Guatemala, Perú y Venezuela), es mínima, por no decir que nula.

"La educación sentimental de los instintos más bajos, la hipocresía, la escritura como razón de vida o como trampa, o el amor incondicional de la familia bípeda o cuadrúpeda. Velasco en estado impuro."
Algunos enterados me dicen que de plano la editorial se ha limitado en los últimos años a cumplir el expediente y que su director general, el maestro José Carreño Carlón, dedica buena parte de sus esfuerzos a asesorar al presidente Enrique Peña Nieto en temas más políticos que editoriales. Este extremo lo confirma su plan editorial para 2018, que según su gerente editorial, Juan Carlos Rodríguez, es “un año importante para la vida política de México y de reflexión crítica y aguda de lo que tenemos que decidir”, en las elecciones, se entiende, los mexicanos, todo lo cual se refleja en el programa Pensar la democracia, eje del FCE, por lo que en la editorial han concebido publicaciones que tocarán el tema desde distintos ángulos “y serán visiones muy interesantes”, según el funcionario. Los títulos que la propia editorial destaca son La crisis de la utopía, que retoma la República de Platón; La gran transición, que aborda el reto de la transformación tecnológica para las economías en desarrollo, o Reformas electorales en México. Consecuencias políticas (1978-1991). ¿Es ese un plan editorial para fomentar la reflexión de la democracia? El FCE ha tocado fondo y hay que rescatarlo, porque una editorial tan prestigiosa, que pertenece a todos los mexicanos, no puede convertirse en una imprenta ligada a los vaivenes políticos y los caprichos de unos funcionarios que han llegado ahí como compensación o premio de consolación a su lealtad partidista con el poder de turno.

EDITORIAL ALMADÍA, CUMPLEAÑOS FELIZ

El mundillo literario mexicano celebra al unísono los 13 años de vida que acaba de cumplir la Editorial Almadía, ejemplo de amor por las letras y del esfuerzo por descentralizar la cultura y llevarla ahí donde más se necesita: la desatendida provincia. Nacida en la ciudad de Oaxaca el 17 de febrero de 2005, desde su fundación su director editorial, Guillermo Quijas, ha buscado combinar la novedad de propuestas contemporáneas con nuevas ediciones de clásicos indispensables, luchando a contracorriente, en un medio acostumbrado a las inercias comerciales, por consolidar su permanencia, publicar libros e incluso ofertar otros sellos independientes españoles, colombianos, argentinos y chilenos, mediante alianzas estratégicas para mejorar la distribución de los más de 500 títulos que en conjunto ofrece esta alianza, gracias a la cual en librerías mexicanas los lectores encuentran, además de los propios de Almadía, títulos de editoriales como Los Libros del Lince (España), Eterna Cadencia y Mar Dulce (Argentina), Editorial Moho, Producciones El Salario del Miedo y Atrasalante (México) y Luna Libros, Laguna Libros y Tragaluz Editores (Colombia).

"¿Quién es esa princesa de las letras mexicanas que sin duda dirigirá los destinos de la cultura oficial en México?"
Con un sólido catálogo y una imagen inconfundible, la oferta editorial de Almadía se ordena en cinco colecciones: Narrativa (cuento y novela), Poesía, Ensayo, Cartografías y Crónica, cada una con su propio diseño, que convierte sus libros en objetos que halagan los sentidos. La textura de materiales, el colorido de sus portadas y el cuidado de sus ediciones, permiten que cada ejemplar sea en sí mismo una aventura para la imaginación del lector. Baste citar algunos nombres de su catálogo, para corroborar que esta aventura debe ser defendida y difundida: Sergio Pitol, Juan Villoro, Francisco Hinojosa, Francisco Hernández, Alejandro Magallanes, Tedi López Mills, Guillermo Fadanelli, Fernanda Melchor, Verónica Gerber Bicecci, Joselo Rangel, José Eugenio Sánchez, J.M. Servín, Bernardo Esquinca, Bernardo Fernández BEF o Eusebio Ruvalcaba, entre otros mexicanos, comparten espacio con autores internacionales como Enrique Vila-Matas, Lolita Bosch, Mia Couto, Rodrigo Rey Rosa, Santiago Gamboa, Alberto Salcedo Ramos, Emma Reyes, Eric Nepomuceno, Gonçalo M. Tavares, Mónica Maristain, Alberto Manguel, Martín Caparrós, Andrés Neuman o J.M.G. Le Clézio. Ahí es nada.

QUINIELA

¿Quién es esa princesa de las letras mexicanas que, según me dicen los más enterados, con la casi inminente llegada a la presidencia mexicana de su gallo en las próximas elecciones, al que todas las encuestas dan como vencedor y de quien ha sido defensora acérrima durante años y ya varias campañas, sin duda dirigirá los destinos de la cultura oficial en México, un área desdeñada por la burocracia política mexicana, pero neurálgica para construir el futuro de una sociedad que requiere con urgencia que se apoye y gestione como es debido su cultura, cuya vitalidad y potencia es conocida y reconocida en todo el mundo? Hagan sus apuestas, señores.