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Velintonia: ¿Se puede gestionar peor el futuro de la casa de la poesía?

Velintonia. Foto de Victoria Iglesias

El futuro de la casa en Madrid del poeta y premio Nobel Vicente Aleixandre sigue en el aire. A día de hoy, el número 3 de la madrileña calle Velintonia continúa cerrado a cal y canto, con las paredes desnudas y sin uno solo de los muebles que pertenecieron al escritor. Puede verla completa en el portal inmobiliario Idealista, donde permanece anunciada para la venta. En España desde la casa de Bécquer en Soria hasta los edificios en los que vivieron Concha Espina y Josefina Rodríguez Aldecoa corren la misma suerte.

La de Aleixandre está muy lejos de aspirar a lo que la casa de Goethe en Fráncfort, que fue reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial, o las de Dostoievski y Anna Ajmátova en San Petersburgo. En más de una ocasión, la Asociación Amigos de Vicente Aleixandre ha pedido reiteradamente que el inmueble sea declarado Bien de Interés Cultural. Pero ninguno de los involucrados pone de su parte, ni los técnicos del Ayuntamiento ni los herederos de la casa.

Pocas cosas favorecen la solución. Los especialistas en patrimonio del Ayuntamiento de Madrid argumentan que las características del edificio no se prestan para declarar la casa como bien de interés. Los propietarios de la casa, divididos (en sus opiniones y representación legal incluso), no quieren proponer ni impulsar ninguna medida que afecte la venta del inmueble. Ambas cosas suponen una pésima combinación.

"Desde el área de Cultura no se puede expropiar una casa contra la voluntad de sus propietarios y sobre todo si Urbanismo no ve elementos catalogados"

La concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy, ha explicado que este tema depende del área de urbanismo del Ayuntamiento, no de Cultura. La propia Levy asegura que los actuales propietarios no han iniciado ningún procedimiento administrativo y que la ley de Patrimonio de la Comunidad de Madrid no reconoce el edificio como bien que proteger, porque no tiene elementos suficientes que lo distingan para adquirir esa categoría. A día de hoy sólo goza de protección patrimonial un árbol de jardín, nada más.

Ni Cultura ni Urbanismo pueden hacer nada. No existe ninguna herramienta en el Plan General de Urbanismo para su protección ni hay ningún procedimiento en trámite que pudiese mejorar las cosas. Desde el área de Cultura no se puede expropiar una casa contra la voluntad de sus propietarios y sobre todo si Urbanismo no ve elementos catalogados. El valor del inmueble se ubica alrededor de los 4,7 millones de euros. En 2017, el PSOE planteó la posibilidad de compra y rehabilitación del edificio. La iniciativa no llegó a ninguna parte.

Desde los poetas del 27 hasta los Novísimos pasaron por Velintonia. De ahí que la Asociación de Amigos Vicente Aleixandre insista en la necesidad de declarar la casa como BIC y su posterior inscripción en el Registro de Bienes de Interés Cultural. Esa medida, insisten, salvaría el inmueble como eje de la memoria literaria de la ciudad. En Velintonia, Federico García Lorca leyó por primera vez Los sonetos del amor oscuro. Allí tocaba el piano de la madre de Vicente, y Pablo Neruda visitaba la casa todos los domingos. Después de la guerra, durante la dictadura, la casa fue frecuentada por las nuevas generaciones de poetas, desde la década de 1950 hasta los Novísimos. Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, Pepe Hierro o Vicente Molina Foix frecuentaron Velintonia hasta la muerte del poeta en 1984.

"La aparente división de criterio de los herederos delata la poca vocación de resguardar y preservar la memoria del escritor"

Ninguno de los muebles originales permanecen en la casa. La sobrina nieta del poeta donó parte del mobiliario al Centro Cultural de la Generación del 27, con sede en Málaga. Al no tener suficiente espacio, tuvieron que almacenar los enseres del poeta en un sótano, donde aún permanecen. El resto, el llamado Archivo Aleixandre, pertenece a la viuda del poeta Carlos Bousoño, quien fue amigo íntimo de Aleixandre. Hubo un pleito entre la sobrina nieta y el señor Bousoño, quien al final ganó el contencioso.

La aparente división de criterio de los herederos delata la poca vocación de resguardar y preservar la memoria del escritor. Ninguna medida que afecte el valor de la casa y su correspondiente venta parece más del interés de los actuales propietarios que el propio hecho literario. Del otro lado, los criterios técnicos y arquitectónicos en el aspecto urbanístico dejan poco margen para que el edificio pudiese ser proyectado institucional y oficialmente como un lugar de interés histórico y cultural para Madrid. ¿Hay forma de gestionarlo peor? Sería difícil superar las pocas miras.

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