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Venecia enciende la temporada de los autores

Venecia enciende la temporada de los autores

La 83.ª Mostra levanta el telón el 2 de septiembre en el Lido con Ink, la película con la que Danny Boyle regresa a un terreno que conoce bien, el de las energías colectivas que arrastran a un país entero sin que nadie llegue a gobernarlas del todo. Escrita por James Graham a partir de su propia obra teatral e interpretada por Jack O’Connell, Guy Pearce y Claire Foy, reconstruye el nacimiento de la prensa popular británica, aquella maquinaria que descubrió antes que nadie cómo se fabrica la atención de varios millones de personas y qué se puede hacer después con ella. Una lógica de captura de la atención que hoy atraviesa industrias muy distintas, desde los medios hasta plataformas digitales de apuestas como 1 x Bet. Que un festival dedicado a producir expectación durante once días arranque con una historia sobre la industrialización del titular tiene algo de guiño involuntario, o quizá de confesión anticipada.

Detrás de esa primera noche esperan veinte largometrajes en estreno mundial, un número que Alberto Barbera presentó en Roma con el ánimo de quien lleva tiempo desmintiendo funerales ajenos, describiendo un arte que sigue comportándose como «un organismo vivo» pese a la caída de espectadores en las salas, y señalando que las guerras, las migraciones, el clima y las tensiones sociales recorren buena parte de la selección sin quedarse en la crónica. La lista, en efecto, se lee como un mapa de urgencias contemporáneas trazado por gente que lleva décadas dibujando mapas.

"Porque lo primero que salta a la vista en Venezia 83 es la nómina de veteranos que vuelven al Lido con la naturalidad de quien regresa a casa"

Porque lo primero que salta a la vista en Venezia 83 es la nómina de veteranos que vuelven al Lido con la naturalidad de quien regresa a casa. Werner Herzog compite con Bucking Fastard, Lee Chang-dong rompe un largo silencio con Possible Love y Hirokazu Koreeda adapta en Look Back el cómic de Tatsuki Fujimoto, una historia sobre el dibujo, la amistad y la culpa que en sus manos promete algo más que una traslación literal. A ellos se suma Nanni Moretti, que no concursaba en Venecia desde Palombella rossa, en 1989, y que reaparece con una película coproducida con España e interpretada por Louis Garrel y Jasmine Trinca, un regreso que funciona casi como acontecimiento generacional para quienes vieron aquella partida de waterpolo convertida en autorretrato de una izquierda desorientada.

El resto de la competición se reparte entre autores en plena madurez y apuestas de industria. Martin McDonagh sitúa Wild Horse Nine en el Chile previo al golpe de Augusto Pinochet, con un reparto coral —John Malkovich, Sam Rockwell, Steve Buscemi, Tom Waits, Parker Posey— que anticipa el cruce de humor negro y violencia política que el irlandés maneja como pocos. Florian Zeller presenta Bunker, un thriller psicológico con Penélope Cruz y Javier Bardem acompañados por Paul Dano y Stephen Graham, donde la presencia española vuelve a llegar al Lido por la vía de la coproducción antes que por la de la bandera. Lance Oppenheim dirige a Robert Pattinson en Primetime, producida por A24, y Casey Affleck firma Company, su cuarto trabajo tras la cámara.

"La programación oficial se ensancha después en direcciones que el escaparate de la alfombra roja tiende a ocultar"

Ese despliegue de nombres deja al descubierto una cifra que ninguna nota de prensa consigue maquillar. Entre los veinte títulos que aspiran al León de Oro solo uno está dirigido por una mujer, la danesa-egipcia May el-Toukhy, que debuta en Venecia con Woman Unknown, un drama ambientado en la posguerra. La proporción resulta llamativa en un certamen que presume de radiografiar el mundo contemporáneo y que este año ha decidido hacerlo, casi en exclusiva, desde la mirada de directores varones consagrados. La discusión llegará al Lido antes que las películas, y difícilmente se apagará con el palmarés.

La programación oficial se ensancha después en direcciones que el escaparate de la alfombra roja tiende a ocultar. Orizzonti recoge las escrituras menos previsibles, Venice Spotlight busca obras con una relación singular con el público, Venice Classics rescata restauraciones que devuelven a la Sala Grande películas que muchos solo conocen en copias domésticas y Venice Immersive sigue explorando la realidad virtual y las instalaciones, territorio en el que el Lido apuesta con más convicción que sus rivales. Fuera de concurso desfilan documentales y series, entre ellos Don’t Look Back in Anger, la crónica de la reunión de Oasis y de la gira que la siguió, que promete llenar el Lido de una liturgia bastante distinta a la del cine de autor. La Biennale College Cinema completa el conjunto con proyectos de presupuesto mínimo, esos que rara vez encuentran hueco en los resúmenes y que suelen decidir el aspecto del festival cinco años después.

"Venecia, mientras tanto, ha cumplido de nuevo su primer objetivo mucho antes de que se apague la primera luz de la Sala Grande"

El palmarés lo decidirá un jurado presidido por Maggie Gyllenhaal, acompañada por Kaouther Ben Hania, Daniel Blumberg, Francesco Casetti, Xavier Giannoli, Shahrbanoo Sadat y Johnnie To, una combinación de dirección, música, teoría y oficio industrial que no augura veredictos cómodos. La edición entregará además dos Leones de Oro honoríficos, a George Clooney y a Ellen Burstyn, y esta última los recibirá poco antes de la proyección del cortometraje que ha dirigido la propia Gyllenhaal sobre el mito de Marilyn Monroe, en el centenario de su nacimiento, con Burstyn y Dakota Johnson encarnando dos versiones de la misma figura imposible.

La clausura, el 12 de septiembre, corresponde a Dio ride, de Giovanni Veronesi, con Pierfrancesco Favino, Silvio Orlando y Alma Noce, proyectada fuera de concurso cuando ya se hayan repartido los premios y el Lido empiece a vaciarse. Hasta entonces quedan once días de estrenos, encuentros, filas interminables y conversaciones que se agotarán en su propio ruido. Venecia, mientras tanto, ha cumplido de nuevo su primer objetivo mucho antes de que se apague la primera luz de la Sala Grande, que consiste en transformar una lista de títulos en materia de discusión. Es exactamente el mismo truco que Ink se dispone a contar en la pantalla la noche inaugural.

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