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Vigésimo aniversario del Animalario Universal del profesor Revillod

Vigésimo aniversario del Animalario Universal del profesor Revillod

Se cumplen veinte años, y merecen ser celebrados, de la publicación del Animalario Universal del profesor Revillod, de Javier Sáez Castán y Miguel Murugarren. Esta obra, de aspecto modesto en su modo de presentarse (un pequeño cuaderno de espiral, como los que usa el escolar en el colegio), mostraba al desplegarse en todas sus posibilidades combinatorias su condición de fascinante pieza de ingenio, un artificio en el que la construcción imaginativa permitía una forma de juego superior, aquél en el que se alían la diversión y el crecimiento interior de quien juega.

Esta alta naturaleza lúdica aparecía ya anunciada en el segundo subtítulo del libro (es un rasgo habitual de las grandes obras de humor su exuberancia estilística, su acumulación aguda): “Miscelánea de curiosidades para divertirse aprendiendo”. La diversión será el resultado del disparate, de la ingente proliferación de formas dispuestas por el mecanismo puesto en juego, la alegría de la abundancia. El aprendizaje radica no tanto en el objeto de lo que se manifiesta (insólitas formas animales ofrecidas a la vista) como en el espíritu que se revela a través de él: la realidad es un punto de partida para el humano, un escenario donde acontece su vida tanto interna como externa (y las poderosas conexiones entre ambas, los dominios de la imaginación).

"El almanaque es un subgénero didáctico, especialmente difundido en el siglo XVIII, propicio para la mixtificación y el cruce fértil de lo real y lo hipotético, un arte fantasioso de lo verosímil"

Si atendemos al primer subtítulo de la obra, entenderemos algo mejor esto e iremos explicando con más orden las características de esta peculiar obra: “Almanaque ilustrado de la fauna mundial”. Eso afirmaba ser y es, en su raíz, este libro: un bestiario. Se trata de la primera habitación, la central, de su forma interna, sobre la que se irán disponiendo otras a modo de sutil e invisible laberinto mental.

El bestiario es un género antiguo, particularmente prolífico en las artes de iluminación de la Edad Media, que hunde sus raíces en el grotesco, modo de la risa ancestral donde converge lo humorístico y lo cruel o monstruoso, lo que atrae y lo que estremece al mismo tiempo. Suele ser espacio para la simbolización tradicional (seres quiméricos que encarnan vicios o virtudes) o para la ironía romántica, que en la modernidad derivará en un simbolismo nuevo relacionado frecuentemente con la libertad individual, el “capricho” artístico, vinculado a menudo a la especulación metafísica o a la angustia existencial (pensemos en bestiarios literarios como los de Jorge Luis Borges o dibujados, como el de Domenico Gnoli). En ocasiones, ese bestiario encuentra un aliado inesperado en las ciencias naturales, donde el arte de representación escrupulosa de la realidad se topa con los accidentes de la naturaleza (los pobres engendros de los gabinetes de curiosidades, los monstruos de feria, etc.) o intencionadamente los busca, en un ejercicio positivo de parodia.

"Falta explicar mejor el elemento lúdico, y eso nos llevaría a una tercera estancia de este juego de cajas, de esta construcción imaginaria"

Es el caso del animalario de Sáez Castán y de Murugarren que, como segundo círculo de su construcción ingeniosa (la parodia del arte decimonónico de representación animal), disponen un almanaque, género popular que se presenta ante los ojos como cruce entre la alta divulgación científica y los calendarios ilustrados donde se pasan las hojas ante la vista. El almanaque es un subgénero didáctico, especialmente difundido en el siglo XVIII, propicio para la mixtificación y el cruce fértil de lo real y lo hipotético, un arte fantasioso de lo verosímil.

Tenemos, por tanto, dos esferas que se fusionan en una: la construcción de un registro/calendario donde aparece representado el conjunto posible de la fauna animal y que, merced al juego libre de creación, en el que colaboran los autores y los lectores, acaba derivando en un bestiario, en un gabinete grotesco que pasma y divierte.

"Lo importante no es la piel de los fenómenos que, con ser bella, fascinante, divertida, terrorífica, etc., esconde algo mucho mayor, su verdadero prodigio estético"

Falta explicar mejor el elemento lúdico, y eso nos llevaría a una tercera estancia de este juego de cajas, de esta construcción imaginaria. Para ello es fundamental conocer las reglas inventadas por los autores (el concepto de “leyes de creación autoimpuestas” es imprescindible para acercarse al conjunto de la producción de Sáez Castán). La primera de esas leyes afecta a la autoría. Sáez Castán y Murugarren inventan un personaje ficticio (el profesor Revillod) a quien se atribuyen los apuntes del natural sobre los que se dibujan las láminas (un total de 21) que permitirán el inicio de la “partida” que supone esta obra. El instituto Revillod, en homenaje a la labor de su creador, dispone una publicación que es la que el lector tiene entre las manos.

Por tanto, tenemos un nuevo artificio, un objeto que viene, merced a la gracia de la recreación paródica, desde el pasado (finales del siglo XIX), hasta nosotros. Este es el inicio del juego de trampantojos que fascinará al lector, pues a partir de esta apariencia científica, las láminas son troceadas en tres partes iguales que, conforme al juego de volteo que permite la espiral del cuaderno, permiten diferentes combinaciones de las partes de los animales, de modo que el azar va configurando un universo posible de hasta 4096 monstruos anfibios (o de tres formas de vida, incluso) acompañados a su vez de pequeñas frases descriptivas y nombres científicos que, al modo de los cadáveres exquisitos de los surrealistas, guiados por el azar, acaban configurando enunciados gramaticalmente coherentes, pero imposibles y desopilantes (“Primitivo branquiado de naturaleza flemática de las zonas templadas”, “Apacible rumiante de poderoso vuelo de la región del Orinoco”, “Productivo mamífero de bellísima estampa del Celeste Imperio”…).

"En el caso del Animalario Universal del profesor Revillod, eso que se escapa propicia un juego casi infinito de combinación, el espejismo de nuestra capacidad de afinar nuestra forma de conocimiento de lo visible"

En ello radica la maestría artística de los autores, que son capaces de irritar las leyes de lo posible con sumo desparpajo, de forma que la broma lo impregna todo (imposible consignar los mil matices cómicos de la obra) y el misterio acaba revelándose para replegarse al instante: lo importante no es la piel de los fenómenos que, con ser bella, fascinante, divertida, terrorífica, etc., esconde algo mucho mayor, su verdadero prodigio estético: esa aparición muestra el misterio de las manifestaciones artísticas (en este caso, el viaje de ida y vuelta de los seres humanos en pos de imaginarlo todo, de intentar comprenderlo todo, de acercarse al abismo intentando apresar aquello que se les escapa, incluso lo construido por ellos mismos).

En el caso del Animalario Universal del profesor Revillod, eso que se escapa propicia un juego casi infinito de combinación, el espejismo de nuestra capacidad de afinar nuestra forma de conocimiento de lo visible, un ejercicio de extrañamiento que resulta hilarante y terrorífico, pues tal es la forma de ser primigenia de la risa que nos ayuda a sobrevivir como especie.

Algunos años después, el instituto Revillod publicó, de la mano de nuevo de Javier Sáez Castán y de Miguel Murugarren, una segunda parte, una vuelta de tuerca (¡ahora, en vertical!) de su Animalario. Pero de esa efeméride hablaremos cuando llegue su momento.

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Autores: Javier Sáez Castán (ilustraciones) y Miguel Murugarren (comentarios). Título: Animalario Universal del profesor Revillod. Editorial: Fondo de Cultura Económica. Venta: Todos tus libros.

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