Volvió Mario

Son las once y media de la mañana. Mario Vargas Llosa se abre paso entre los fotógrafos, que apenas lo dejan bajar las escaleras del anfiteatro Gabriela Mistral. No le acompañan Isabel Preysler o Albert Rivera. Tampoco le persigue la prensa rosa ni la política. A la Casa de América de Madrid ha llegado el escritor, no el liberal o el académico, tampoco el polémico azote de demagogos y populistas, sino el Vargas Llosa Premio Nobel de Literatura, último representante vivo del Boom Latinoamericano y uno de los grandes renovadores de la novela durante el siglo XX. Hoy importan él y su obra.

"Vargas Llosa retoma el pulso con un libro que supera a La fiesta del chivo y se sitúa en el nervio más fibroso del músculo literario"

Para quien le debe a Vargas Llosa buena parte de sus intuiciones literarias, para quien rastreó en él la maestría de Flaubert y desentrañó en su Casa verde más una fortaleza que una novela, esta es una mañana colosal. El peruano presenta Tiempos recios (Alfaguara), su más reciente novela, y puede que una de las más brillantes que haya escrito, porque combina los atributos de todas las demás. Eso es Tiempos recios, una novela iluminadora, aventajada con respecto a su propia obra, un regalo.

Tras El héroe discreto y Cinco esquinas, libros en los que el novelista puso a Perú como tema y en el que muchos de sus lectores vimos una especie de bache de su genialidad, Vargas Llosa retoma el pulso con un libro que supera a La fiesta del chivo y se sitúa en el nervio más fibroso del músculo literario. Su estructura sorprenderá al lector hasta envolverlo en la virtuosa caja china de una novela dentro de otra, incluida la del propio escritor.

«Tiempos recios —que debe su título a una frase de Santa Teresa— tiene los diálogos cruzados de Conversación en la catedral», dice ante el auditorio abarrotado de periodistas, junto a Pilar Reyes, directora de Alfaguara y editora de Vargas Llosa durante los últimos diez años. No será esta cronista quien enmiende la plana a Reyes, faltaba menos. Pero para quien se ha leído la novela en una noche están esos diálogos, claro, pero también los planos y saltos temporales de sus mejores novelas, la amargura de Historia de Mayta y la maestría de La fiesta del chivo.

"Si en La fiesta del chivo Vargas Llosa retrató la dictadura del dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en Tiempos recios amplía el punto de vista para contar el momento en que la historia de América Latina se torció por completo"

Ambientada en la Guatemala de 1954, esta novela narra el golpe militar perpetrado por Carlos Castillo Armas y auspiciado por Estados Unidos a través de la CIA para derrocar al gobierno de Jacobo Árbenz, un personaje trágico y fugaz que intentó poner en marcha la democracia liberal en Guatemala y que justo por eso terminó acusado de comunista por la administración de Eisenhower.

Todo aquí es atávico al mismo tiempo que concluyente, tan antiguo como definitivo, porque supone una visión de conjunto tanto de la historia de América Latina como de la obra del académico de la lengua y Premio Nobel. En Tiempos recios, Mario Vargas Llosa regala al lector personajes como Marta Borrero, la amante de Castillo Armas, apodada como Miss Guatemala, y que marca el acertijo de la estructura (el díptico Antes y Después), o el oscuro Sam Zemurray, un publicista con el que contacta la United Fruit Company para esparcir propaganda contra Árbenz.

Si en La fiesta del chivo Vargas Llosa retrató la dictadura del dominicano Rafael Leónidas Trujillo, en Tiempos recios amplía el punto de vista para contar el momento en que la historia de América Latina se torció por completo. Corren los años cincuenta del siglo XX y el mundo está a las puertas de la Guerra Fría, un tiempo en el que el continente se convirtió en un territorio de conspiraciones y conflictos, y en el que Estados Unidos alentó las dictaduras para su propio beneficio.

"Vargas Llosa cuenta en Tiempos recios cómo desde República Dominicana Trujillo urdió y planificó el asesinato de Carlos Castillo Armas"

En una estructura de tres tiempos que intercambia el pasado, un presente histórico y otro indeterminado —desde donde se narra la historia—, Vargas Llosa cuenta en Tiempos recios cómo desde República Dominicana Trujillo urdió y planificó el asesinato de Carlos Castillo Armas, Caca, un oscuro tirano que llegó al poder apoyado por la CIA y que moriría a manos de otro aún peor que él. El lector se encontrará con Johnny Abbes, el asesino predilecto de Trujillo, que ya aparecía en La fiesta del chivo, y que vuelve convertido en el centro de una oscura componenda. Él será el encargado de asesinar a Castillo Armas.

No faltan preguntas con guiño esta mañana, pero Vargas Llosa no tuerce el camino y se atrinchera en contar su novela. “Un país no se jode en un día, es un proceso, y América Latina ha vivido uno largo, en el que se han perdido muchas oportunidades. La derrota de Árbenz en Guatemala tiene unos efectos en todo el continente. Son efectos absolutamente dramáticos, y uno de los peores fue empujar al 26 de julio de Fidel Castro a la extrema izquierda y crear un clima favorable hacia la revolución socialista entre los jóvenes latinoamericanos de esa época, entre los que me incluyo, porque entonces lo creí. La responsabilidad nuestra en el gran fracaso de América Latina es gigantesca, y tener conciencia de eso abre una nueva oportunidad”, apostilla el escritor.

"Este libro no gustará a liberales y tampoco gustará a demagogos, fanáticos y demás estrechos ideológicos"

Mario Vargas Llosa rehúye las preguntas impertinentes —juicios sobre este tirano o aquel—, aunque el Nobel zanja, reacio a cualquier titular de prensa que desvíe la atención de una novela con la que regresa ya casi cuatro años después. Una gran novela, la mejor y más nervosa del árbol genealógico de la tragedia latinoamericana, un libro que cierra un ciclo y despliega un mapa técnico e histórico. Aquí todo es ficción: la historia; la posibilidad de una democracia liberal en la América Latina de los cincuenta; la propaganda de la United Fruit Company, ese fantasma que recorre la literatura del Boom y que se resiste a morir…

Como ha dicho J.J. Armas Marcelo, Tiempos recios no gustará a liberales, y lleva razón. Hay algo amargo en las componendas del viejo capitalismo para sabotear la democracia en América Latina. Sin embargo, este libro tampoco gustará a demagogos, fanáticos y demás estrechos ideológicos. Así, con este libro complejo, Vargas Llosa culmina con su mayor virtuosismo la arquitectura novelística con la que renovó el género en el siglo XX. Tiempos recios es una novela histórica anclada en la urgencia. En ella los hechos y la ficción se compactan en una novela rotunda, acaso la mejor del Nobel peruano, que esta mañana posa ante la prensa. Los flashes arrancan aún más brillo a su platinada cabellera. Volvió don Mario, y de qué forma, a los 81 años.

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