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William Riley Burnett

William Riley Burnett nace en Springfield, estado de Ohio, en 1899. En 1927, tras trabajar durante años en el servicio civil, decide marcharse a Chicago. Ya entonces había escrito más de cien cuentos y cinco novelas, todos inéditos. Tuvo varias ocupaciones de lo más variopintas, hasta que terminó trabajando como empleado nocturno en un hotel de mala muerte, como un poco antes hiciera Jim Thompson. La combinación «hotelucho-Chicago-violentos años veinte» tuvo como consecuencia que William se relacionara con toda clase de tipejos y hampones, entre ellos el asesino a sueldo de un gánster conocido como Barber. El bendito trabajo sería el germen de una carrera inigualable dentro del género, y fue responsable de la primera novela de Burnett, Pequeño César (1929). Fue llevada al cine dos años más tarde de la mano del director Mervyn LeRoy, producida por First National Pictures (Warner) y protagonizada por un entonces desconocido Edward G. Robinson, que inicia así una carrera fulgurante como actor en películas de gánsteres. En España la película se tituló Hampa dorada.

"La nueva generación de escritores mantiene el eje común del detective. Burnett acaba con esto y hace que los protagonistas de las novelas sean los gánsteres"

Pero lo más importante, literariamente hablando, es que Burnett inventa la crook story, alejándose de las novelas de detectives. La novela negra nació en la revista Black Mask con relatos de Carroll John Daly y Dashiell Hammett, y surge como reacción a las novelas de intriga en las que un detective investigaba un caso poniendo de manifiesto sus dotes deductivas. La trama consistía en eso, en la resolución del misterio. A Daly y a Hammett les interesan poco las tramas de misterio. Probablemente influidos por el naturalismo de Zola y siguiendo los patrones narrativos de las novelas del Oeste (cambian al sheriff por el detective, a los caballos por los coches, a las casas bajas de los pueblos por los rascacielos de la ciudad y a los bandidos por los gánsteres) optan por otro tipo de tramas que denuncian la corrupción de las instituciones y muestran todo tipo de ambientes de los bajos fondos bajo el telón de la Prohibición. Posteriormente, Chandler aportó la guinda del estilo. Hay un cambio obvio, pero esta nueva generación de escritores mantiene el eje común del detective. Burnett acaba con esto y hace que los protagonistas de las novelas sean los gánsteres.

Ha sido el gran cronista de la América de la Prohibición y la Gran Depresión. Cabe recordar aquí algunos títulos tan conocidos como Iron Man (El hombre de hierro, 1930), Saint Johnson (1930), Romelle (1946) y, muy especialmente, The Asphalt Jungle (La jungla de asfalto, 1949), que al cabo de un año dio lugar a la excepcional película homónima rodada por el cineasta norteamericano John Huston y protagonizada por Sterling Hayden (en el papel del despiadado pistolero Dix Handley). Cabe recordar también que en esta cinta desempeñó uno de sus primeros papeles de interpretación cinematográfica Marilyn Monroe.

Burnett escribe novelas en las que los protagonistas son generalmente inmigrantes que no van a poder salir adelante por medios convencionales y que por tanto delinquen, llegando a rozar y a alcanzar, aunque solo temporalmente, el sueño americano. Si digo «temporalmente» es porque en la mayoría de los casos sus personajes terminan por emprender una huida hacia adelante o un descenso a los infiernos, acosados por bandas rivales, la policía o sus propios fantasmas.

"Burnett estuvo muy ocupado escribiendo y publicando una novela al año, a veces más, y convirtiendo casi todas en guiones"

El gansterismo es una reacción contra el sistema capitalista, pero pronto abandona sus matices de rebeldía e imita sus características y las sobrepasa, con el único objetivo de acumular dinero o poder. Si quieren algo o a alguien, lo compran. Si alguien les estorba, lo matan. Es así de sencillo, terrible y práctico. Figuras como Al Capone, Lucky Luciano o Pretty Boy Floyd se vieron potenciadas gracias a este tipo de novelas y sus adaptaciones al cine, y eso que ya eran bastante populares. Capone surtía al pueblo del alcohol que el Gobierno les negaba y cuando Pretty Boy Floyd robó bancos en la década de 1930, a menudo destruía muchos de sus registros hipotecarios, dejando a muchas personas libres de deudas.

Burnett estuvo muy ocupado escribiendo y publicando una novela al año, a veces más, y convirtiendo casi todas en guiones. En casi todas ellas reflejó el contraste entre la corrupción y la corrosión de la ciudad y el paraíso imaginario de una vida mejor que sus personajes anhelaban. Generalmente, a lo largo de toda su carrera, retrató personajes que por unas u otras razones se ven involucrados en el crimen como forma de vida. Una vez absorbidos por este caudal vital, son incapaces de poder salir de él. A veces obtienen una posibilidad de redención, pero las circunstancias y el ambiente opresivo impiden la salvación. Sus personajes son tan humanos que no saben triunfar en ese mundo, pese a tener todos los factores a su favor. En El último refugio (1941) Roy Earle (Humphrey Bogart) es un delincuente que rechaza su vida criminal para ayudar a una niña lisiada. En La jungla de asfalto (1950), la trama más perfectamente pensada se desmorona a medida que cada personaje revela una debilidad. En El monstruo de la ciudad (1932), la policía se toma la ley por sus propias manos cuando los delincuentes caminan libres en una escapatoria legal que escribe algo muy similar a Harry el sucio (1971) casi 40 años antes. Bruce Crowther escribió que «los guiones de Burnett, aunque aparentemente se situaban dentro del molde de policías contra gánsteres, difuminan los límites convencionales del género».

"No cabe ninguna duda de que fue un genio, uno de los padres fundadores del género negro"

Durante la Guerra Fría, escribió su trilogía urbana: La jungla de asfalto, Little Men, Big World (1951) y Vanity Row (1952). Esta última es una novela oscura y deprimente sobre la corrupción en la que posteriormente se vieron paralelismos con el caso Watergate. W. R. Burnett siguió relacionado con la escritura hasta su muerte en Santa Mónica, California, el 25 de abril de 1982, aunque en 1968, tras la publicación de El hombre frío, tardó doce años en volver a publicar debido a las dificultades con su visión y porque estaba reestructurando algunas de sus anteriores novelas. Aunque escribió sobre diferentes épocas, en su última novela, Adiós, Chicago: 1928, fin de una era (1981) vuelve a 1928, un año antes de la publicación de su primera novela, Pequeño César, dejando claro cuáles eran sus preferencias en cuanto a la época para situar sus tramas.

Llegó a decir que «Un escritor tiene que tener imaginación; eso es lo que hace a un escritor. Tiene que ser capaz de ponerse imaginariamente en la posición de cualquier personaje que utilice. Yo tengo un muy buen control de la realidad, que heredé de mi padre, así que conozco las limitaciones de la humanidad y las posibilidades en la vida, que no son muy buenas para nadie. Naces, vas a tener problemas y vas a morir. Tú lo sabes. No hay mucho más que saber». No hace falta decir nada más.

No cabe ninguna duda de que Burnett fue un genio, uno de los padres fundadores del género negro. Uno de los escritores que todo el mundo interesado en el género debería leer y del que todos deberíamos aprender.

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