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Yonquis de película, y de series de televisión también

Yonquis de película, y de series de televisión también

No sé por qué he sentido desde siempre una atracción enfermiza por el mundo de la heroína y por los heroinómanos, pese a sentir un sudor frío si veo una aguja de cerca y quedarme al borde del desmayo después de una simple extracción de sangre. 

Muchas de mis canciones favoritas tienen relación con esta sustancia: «Línea 1», de Los Planetas, «Heroin», de la Velvet, «Under the Bridge», de Red Hot Chili Peppers, y «The Needle and the Damage Done», de Neil Young, entre otras muchas. Muchos de los artistas que más he admirado han acabado consumidos por la «cucharilla de azúcar marrón», como Philip Seymour Hoffman y Kurt Cobain.

Un par de días antes del confinamiento estaba curioseando en una librería y no me pude resistir: compré Maelstrom en cuanto leí la palabra “heroína” en la solapa. El libro de Sigrid Rausing es una memoria, no de la relación de la autora —propietaria de la revista Granta y de Granta Books— con las drogas sino de la de su hermano y su cuñada. Aunque en realidad a Sigrid le importan bien poco el mundo de las drogas, los yonquis y sus consecuencias. Ni siquiera transmite mucha preocupación por sus familiares en su relato. Las páginas del libro están concebidas para justificarse de los ataques de su cuñada por haberse quedado con la tutela de sus hijos, y para limpiar el buen nombre de su familia, los Rausing, los multimillonarios suecos creadores del Tetra Pak, acusados por Eva Kemeny, poco antes de morir de sobredosis, de haber estado involucrados, ni más ni menos, que en el misterioso asesinato del primer ministro Olof Palme.

Un poco decepcionado por la lectura, busqué mi dosis en Netflix. Subía y bajaba por la pantalla con el mando a distancia, saltaba de serie en serie, de película en película y no me decidía. De repente, me entraron unas ganas de terribles de hacer un maratón de Fariña. Tampoco descartaba verme de nuevo las dos temporadas de Narcos. Mientras dudaba entre Sito o Escobar, Terito o Salcedo, comencé a elaborar esta lista de mis yonquis de película y de series de televisión preferidos.

9 yonquis de película y de series de televisión.

1.- Mark Renton, Trainspotting

Renton es el yonqui cinematográfico y literario por excelencia. Nacido de la pluma de Irvine Welsh, dio el salto a la gran pantalla —en la película el escritor hace un cameo como traficante de supositorios— gracias a Danny Boyle —director— y a John Hodge —guionista—. Mark Renton y sus compañeros Spud, Sick Boy y Begbie se convirtieron en iconos de la marginalidad. Esa escena en la que Ewan McGregor corre a toda pastilla por las calles de Edimburgo ha quedado grabada en nuestras retinas. Por no hablar de la más escatológica: la que tiene lugar en un retrete infecto. Aunque lo que ha quedado grabado para siempre en tu cabeza, y en la mía, es ese monólogo reproducido en el cartel del film: «Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?»

2.- Bubbles, The Wire 

The Wire juega en la liga de las grandes series. Pese al tiempo transcurrido, la ficción creada por David Simon sigue estando a la altura de Mad Men, Breaking Bad o Los Soprano. A lo largo de sus cinco temporadas, desfilaron por la pantalla multitud de personajes. La mayoría de ellos tenían un denominador común, la droga. Entre mis favoritos estuvo siempre ese artúrico dealer encarnado por Idris Elba, Russell «Stringer» Bell. Aunque para mí el más representativo es ese pobre diablo que siempre conseguía arrancarnos una sonrisa, Bubbles. El personaje interpretado por Andre Royo es un buen hombre que siempre está en el lugar equivocado. Un yonqui que «siempre lo está dejando», pero no nunca lo consigue. Al final Bubbles verá la luz en parte gracias a Walon y su frase: “Si quieres vencer esta mierda, tienes que perdonarte a ti mismo”. Walon estaba interpretado por el cantante Steve Earle, quien desde muy joven estuvo enganchado a las drogas, una adicción que le llevó a la cárcel.

3- Hvitserk, Vikingos

No me extraña que Hvitserk le diese así al vicio. Con un padre famoso, una madre tan drag queen, una madrasta legendaria y una horda de hermanos a cada cual más valiente y ambicioso, el pobre no tenía nada que hacer. El atormentando hijo de Ragnar Lothbrok siempre parecía destinado a algo importante, pero ni él mismo se imaginaba cómo sería de atropellado y calamitoso su camino al Valhalla. Quizá la droga tuvo la culpa o solo fue una excusa. Hvitserk necesitaba a su némesis, Ivar el deshuesado, y cuando su temido hermano no estaba se sentía perdido. Fuera del campo de batalla era un auténtico desastre, se ahogaba entre tanta leyenda familiar y se refugiaba en los psicotrópicos, los culpables de que cometiese uno de los asesinatos más atroces de todas las temporadas de la serie Vikingos.

4.- Jesse Pinkman, Breaking Bad

Walter White y su alter ego Heisenberg —¿o era al revés?— eclipsaban cualquier protagonismo en la serie. Pero durante las siete temporadas de Breaking Bad Jesse Pinkman no fue solo su compañero y fiel escudero; él fue el encargado de mostrarnos las consecuencias reales del tráfico de drogas. Pinkman estaba destinado a ser carne de cañón, un yonqui tirado, white trash de manual. Su antiguo profesor lo rescató y lo exprimió en su propio beneficio para diseñar la mejor metanfetamina de Albuquerque. Lo más curioso de su personaje es ver cómo la droga cuando la consume le convierte en un vago y un tirado, y cuando la fabrica hace de él alguien de provecho, disciplinado y voluntarioso.

5.- Frankie Machine, El hombre del brazo de oro

Nelson Algren escribió El hombre del brazo de oro, aunque el éxito mundial de esta dura historia llegó gracias a la película de Otto Preminger. Esta es la historia de Frankie Machine, que sale de prisión con el firme propósito de empezar una nueva vida, alejarse del juego y de la morfina. Pero al final la cabra tira al monte, y el personaje interpretado por un genial Frank Sinatra —que se llevó un Oscar como mejor actor por su actuación—, animado por su esposa, la ambiciosa y mentirosa Zosch (Eleonor Parker), vuelve a caer en la heroína. Frankie Machine no necesita su dosis para evadirse sino para poder rendir, para ser el rey de los naipes. Sinatra conocía bien el mundo de las drogas, como consumidor y según declaraciones del hijo de Pablo Escobar también como dealer: «Sinatra era mejor distribuyendo drogas que cantando».

6.- Candy & Dan, Candy

El título de la novela en la que se basa la película ya dejaba claro de qué iba la historia: Candy, una historia de amor y de adicción. En el caso del actor principal fue toda una premonición: Heath Ledger murió a los 28 años por una sobredosis de medicamentos. En este film australiano, un poeta y su alumna comienzan una relación en la que la heroína está en el centro de esa unión autodestructiva. El gran acierto de esta película es centrarse en ese afán imposible por conseguir la rehabilitación, en ese «caer y levantarse» permanente. El libro que menciono al principio del artículo, Maelstrom, quizá debería haber dedicado más tiempo a los toxicómanos Hans y Eva, con muchos parecidos con estos Dan y Candy.

7.- Raoul Duke y Dr. Gonzo, Miedo y asco en Las Vegas

Estos don Quijote y Sancho Panza lisérgicos son un referente de la literatura más friki y decadente. Hunter S. Thompson, genial en ocasiones, insoportable y lamentable en otras, parió a dos personajes memorables, Raoul Duke y Dr. Gonzo, su propio alter ego y el de Oscar Zeta Acosta. Aunque quizá lo mejor de Miedo y asco en Las Vegas sea su título, esta visión fracasada del sueño americano tiene interés por su intento de querer vincular el consumo de drogas de finales de los años 60 con la cultura popular de los Estados Unidos. Fueron muchos los que nunca pudieron remontar la ola de la que nos habla Thompson en el famoso monólogo de la novela. Puede que no vieran nada interesante en tierra firme.

La adaptación al cine de Terry Gillian tiene los mismos defectos que el libro: su falta de mesura. El film se sustenta en un histriónico Johnny Depp a quien da la réplica Benicio del Toro. Masacrada por la crítica en su momento —pese a ser nominada en 1998 como Mejor película en el Festival de Cannes—, ha envejecido como película de culto.

8.- Jim Carroll, Diario de un rebelde

Diario de un rebelde es una de las primeras grandes actuaciones de un joven DiCaprio. Después de haberme desquiciado en ¿A quién ama Gilbert Grape? y de ser mi personaje favorito de mi adorada serie Los problemas crecen, no sabía qué me depararía un nuevo encuentro con este actor. La cosa fue bien, muy bien. The Basketball Diaries es la narración autobiográfica del músico y cantante Jim Carroll, un aspirante a estrella del baloncesto que ve su sueño truncado por las drogas. El papel de Jim inicialmente no era para DiCaprio, sino para el malogrado River Phoenix, que murió por sobredosis en el club nocturno del actor Johnny Depp en 1993.

9.- Paco, El pico

Si hablamos de droga, si lo hacemos de heroína, hay que mencionar al «cine quinqui». En mi adolescencia me las vi todas. Sé que puede parecer extraño, pero en mi instituto «El Pirri» compartía popularidad con Madonna y Butragueño. Me había visto Perros callejeros a escondidas, también Deprisa, deprisa y Navajeros, pero la película que me impactó de verdad fue El pico. Paco y Urko mostraban una sociedad violenta como pocas veces el cine español reflejó esa década de los 80, idealizada y transformada por la versión edulcorada que ha llegado a nuestros días de la Movida. Eloy de la Iglesia nos enseñó con su cine un mundo duro y descarnado, el del «caballo«, el del consumidor que necesitaba robar varias veces —su precio no tiene nada que ver con el de la actualidad— al día para conseguir su chute, y que no dudaba en utilizar la violencia para lograrlo.

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