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1 de octubre de 1936: Últimas cortes republicanas

1 de octubre de 1936: Últimas cortes republicanas

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

1 de octubre de 1936: Últimas cortes republicanas

El palacio del Congreso se abrió al público a las diez de la mañana. Era la primera vez que Rosenberg asistía a una sesión de las Cortes. Instalado en un palco de embajadores con su delegación al completo —y a su vera, Mijaíl Koltsov—, el representante plenipotenciario de la URSS, en la tribuna de honor, observó con cierta decepción la sesión parlamentaria.

Lo primero que sorprendía, comparado con la Duma soviética, era lo pequeña que parecía la sala de la carrera de San Jerónimo. Casi quinientos sillones, la mitad vacíos —entre diputados fusilados por los fascistas o las autoridades, y otros de derechas en el exilio o en Burgos—, formaban una media luna de filas en graderío encaradas a la mesa presidencial.

A un lado de la tribuna de oradores quedaba el banco azul del Gobierno desde donde ahora lo miraba Largo Caballero, volviéndose hacia el palco de los soviéticos. En una mesa bien iluminada, al pie de la tribuna, estaban los taquígrafos. Los observaban desde lo alto personajes de pinturas históricas, alegorías de virtudes políticas, pero también periodistas que ocupaban la tribuna de prensa, pequeña y con antepalco, y visitantes que seguían la sesión desde la tribuna del público, ambas hoy abarrotadas.

Curiosamente, ese mismo día en Burgos se inauguró una jornada de gala con colgaduras en los balcones para recibir a los generales rebeldes que, llegados en automóvil al palacio de la Capitanía General, eran vitoreados con entusiasmo por burgaleses con la misma fe en la victoria que el insólito público que desfilaba en Madrid por los pasillos del Congreso y bajo la gran bóveda del salón de los Pasos Perdidos: milicianos y milicianas fusil al hombro, oficiales que nunca antes visitaban el Parlamento.

"Diego Martínez Barrio, como presidente, cerró la histórica sesión recordando que las Cortes republicanas volverían a reunirse a primeros de diciembre"

Algunos diputados venían de uniforme y asistían a la sesión matutina, antes de regresar al frente. En cuanto a los cronistas de la prensa, ninguno quitaba ojo al embajador Rosenberg, que permanecía serio, con su bigotillo y su inconfundible americana blanca, en el palco de honor.

Por fin, abajo, ante un centenar escaso de diputados, tomó la palabra Largo Caballero. Una vez que el ujier le hubo ofrecido la naranjada habitual, el presidente explicó que su Gobierno era tan legítimo como cualquiera de los anteriores y que consideraba —para sorpresa de los rusos— vital la entrada en él de la CNT.

—Si la Confederación controla la labor ministerial, la victoria será de España entera. Después, el proletariado tendrá como recompensa una nueva estructura política y social que convertirá en una realidad el artículo primero de la Constitución: España será una república de trabajadores de todas clases.

Había cierto tono de reto en su voz, y el discurso fue celebrado con un «Viva Rusia» y aplausos al embajador. Muchas cabezas se volvieron hacia Rosenberg, cuya sonrisa no escondía su preocupación por lo que suponía de desafío a los comunistas. Pero más importante aún fue la intervención de José Antonio Aguirre, el jefe del PNV, único partido de derechas presente.

—¿Para qué vino Cristo a este mundo, señores? —exclamó Aguirre— ¿Vino a ayudar al poderoso o a levantar al humilde? Nosotros lo tenemos claro. Nosotros estamos con el humilde, con el pueblo, porque de él venimos. Nacimos para el pueblo y luchamos para él. ¡Hasta vencer al fascismo, el nacionalismo vasco seguirá firme en su puesto!

Hubo ovaciones y Aguirre se emocionó. Hoy por fin se votaba el Estatuto de Autonomía de Euskadi, primer reconocimiento oficial de su nación.

—¡Viva la autonomía de los vascos!

Gritó Dolores Ibárruri cuando Diego Martínez Barrio, como presidente, cerró la histórica sesión recordando que las Cortes republicanas volverían a reunirse a primeros de diciembre.

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