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10 aforismos de Rafael Sánchez Ferlosio

Foto: Uly Martín

Rafael Sánchez Ferlosio fue un novelista, ensayista y lingüista español nacido en Roma, donde su padre Rafael Sánchez Mazas, uno de los principales ideólogos del falangismo, era corresponsal del diario ABC, en 1927. Era hermano del filósofo y matemático Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio y del poeta y cantautor Chicho Sánchez Ferlosio. Cursó Filología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid y estuvo casado con Carmen Martín Gaite desde 1953 hasta 1970. Perteneciente a la denominada generación de los 50, recibió el Premio Cervantes en 2004 y el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2009. Algunos de sus libros más destacados son El Jarama (1955) e Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951), así como su obra ensayística. En 1993 apareció su libro Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo y el Ciudad de Barcelona en 1994. En la contraportada se describe como un libro de aforismos, misceláneas, poemas, desafío y felices invenciones. En este conjunto de anotaciones está el origen de los pecios, término con el que el autor denominará al conjunto de textos breves que irá publicando en la prensa y que parecen ofrecerse ante el lector como los restos hundidos de una nave que no llegó a buen puerto. Presentamos una selección de aforismos extraídos del libro Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (Trea, 2013).

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Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere.

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«Casi» y «Algo», nombres de dos cadáveres que yacen en el fondo del barranco.

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Cuando la acción se ha vuelto inercia y rutina, ya solo la omisión es resistencia, deliberación y libertad.

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(Pensar en positivo.) Han conseguido que no haya cosa de más mala fe que la esperanza.

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(Victimato.) La justicia moderna reverbera la antigua venganza, porque la culpa ya no parece ser el daño, sino la impunidad.

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(Libertad de movimientos.) Suelo decir que no sé lo que es la libertad, pero como en muchas otras cosas el argumento más sólido que tengo no es más que una alegoría: la de las cuerdas de la marioneta: cuantas más, más libertad.

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(Días.) Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes.

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(Tiempos.) ¿Pero ha habido alguna vez «tiempos felices»?

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El que quiera mandar guarde al menos el último respeto hacia el que ha de obedecer: absténgase de darle explicaciones.

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Difícil, quizá imposible, quitar toda afectación al sentimiento.
Pero eso no dice nada en contra de él.

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