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10 de febrero de 1936: Declaración de un falangista

10 de febrero de 1936: Declaración de un falangista

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Lunes, 10 de febrero de 1936: Declaración de un falangista

Pues mire, señoría, voy a ser perfectamente honesto con usted. Yo no conozco a ese Pedro de la Torre ni a ninguno de los amigos que menciona, y tampoco acuchillé a nadie en la calle del Arenal; eso vaya por delante. Pero no le voy a decir que no lo haría, si viera a alguien voceando el Mundo Obrero de los comunistas. ¡En buena hora lo legalizaron! Esos son los mismos que después nos tirotean cuando intentamos vender nuestro diario. Y lo vienen haciendo desde hace muchos meses. Cada vez que ponemos a la venta el Arriba, aparecen marxistas dispuestos a impedirlo. Porque son ellos quienes convierten las calles en un baño de sangre, no nosotros.

”Yo no sé si ustedes se están dando cuenta, pero el proletariado marcha con paso firme hacia una guerra civil que está a punto de estallar sin que nadie pueda detenerla. Los obreros han perdido las ilusiones democráticas y el sistema liberal está condenado. Por eso las juventudes nos combatiremos de manera trágica, antes o después. El Estado español, anémico y decadente, necesita un nuevo orden y un nuevo jefe. Y ese será José Antonio o no será.

"La política se hace hoy en las calles y lo que está ocurriendo, no se engañe, no es más que un prolegómeno de lo que vendrá después"

”Y lo que está ocurriendo ahora, se lo advierto, no es nada comparado con lo que ocurrirá si perdemos las elecciones y las ganan las hordas rojas de ese Frente Popular que lo único que hará será entregar el Gobierno a ese al que llaman hoy el Lenin español, el señor Largo Caballero, que pactará con los separatistas y los comunistas que ya estuvieron detrás de él cuando la revolución del 34. Cualquier español bien nacido lo sabe, y los valientes tienen el deber de dar un paso al frente para defender la patria. Y eso es todo lo que he hecho, señoría.

”Llevamos dos años luchando a pie de calle con las Juventudes Socialistas, en inferioridad de condiciones, pero con el aliento del heroísmo. Y no se ría usted, no se lo acepto. Usted, que tiene acceso a las cifras, eche cuenta de cuántos de mis compañeros han caído. Los liberales nos consideran una horda asesina. Piensan que somos los responsables del terrorismo. Pero lo cierto, señoría, es que quienes empezamos siendo víctimas fuimos nosotros.

”¿Recuerda, hace año y medio, en la pasada legislatura, cómo José Antonio, durante una de sus intervenciones en las Cortes, puso encima de la mesa una lista de caídos con nombres y apellidos y pidió que hicieran lo mismo los socialistas? ¿Sabe cuál fue la respuesta de Prieto? Callarse. Y callaba don Inda porque sabía que nadie estaba poniendo coto a la acción desaforada de las Juventudes Socialistas. ¿Por qué cree que nos motejan Funeraria Española? ¿Por qué cree que José Antonio ha tenido que montar la Falange de la Sangre?

”Y ahora, para que usted se quede tranquilo, señoría, ya que me han encontrado, le diré que yo pertenezco a este grupo y que, además de estos últimos hechos, fui de los primeros que dispararon en su momento —supongo que lo recordará— contra aquel autobús que cruzaba por un bosque de El Pardo lleno de socialistas. Murieron algunos marxistas, pero no más que los nuestros. No, no. No me venga usted con charlas moralizadoras. No serán los reformistas quienes enderecen la situación.

"Ahora están la mayoría agazapados, esperando que unos buenos resultados electorales los legitimen. Pero en cuanto pasen las elecciones, el bando que las pierda se pondrá en pie de guerra"

”El mundo que conocíamos está en decadencia y a la civilización solo la salvarán los soldados. Los políticos ya no tienen nada que hacer. Nadie cree en ellos. La política se hace hoy en las calles y lo que está ocurriendo, no se engañe, no es más que un prolegómeno de lo que vendrá después. Ahora están la mayoría agazapados, esperando que unos buenos resultados electorales los legitimen. Pero en cuanto pasen las elecciones, el bando que las pierda se pondrá en pie de guerra.

”Y ahora cumpla usted con su deber: acúseme de lo que más le convenga, y no se preocupe, que yo estaré mejor entre rejas. Pero no se olvide de lo que le digo. Ah, y cuando las cosas se tuerzan y toque decidirse por el bando correcto, no se olvide de quiénes son los auténticos españoles, o a lo mejor ese día tendré que ser yo quien le visite a usted en su casa para recordárselo.

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