Inicio > Historia > 1936 día a día > 21 de agosto de 1936: El cocido de la guerra

21 de agosto de 1936: El cocido de la guerra

21 de agosto de 1936: El cocido de la guerra

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Viernes, 21 de agosto de 1936: El cocido de la guerra

Por el momento, seguía sin faltar cocido. Resultaba reconfortante ver la olla panzuda. De mañana, temprano, mientras Pepe y Mariana se ocupaban de la tienda y Luis Mañas descansaba arriba, entre Rosa e Inés encendían la lumbre y aderezaban el puchero. A la una se ponía en la sopera el pan, el huevo cocido picado, la hierbabuena seca espolvoreada. Y ya, con precauciones, se vertía dentro el caldo de la olla.

A Pepe el olor le traía sensaciones de tiempos pasados y recuerdos de su madre afanándose junto al fogón. El olor de la infancia y la felicidad tranquila. Mientras el puchero bullía, aprovechaba que no entraba nadie en la tienda para escribir a su novia de Ciudad Real. La vida, puertas adentro, seguía.

Al mediodía, una vez cerrada la tienda, la familia se sentaba alrededor de la mesa en la cocina. Presidía Luis Mañas. Rosa o Inés iban sirviendo el cocido. Primero posaban en el centro la sopera humeante. El pan hinchado parecía una flor, rojo con el picante del chorizo. Después la ancha fuente de porcelana con una montaña de garbanzos —seguía habiendo buenos garbanzos en Madrid—, la salsa de tomate de la huerta, el plato de repollo cocido, rehogado con ajo. Como en un menú de fonda, se servía en otra fuente la carne del puchero, gallina, el chorizo, el tocino, para acompañar los garbanzos.

"Mientras haya garbanzos, los comeremos. Cada vez llega menos género al mercado. El pescado escasea, y el carnicero empieza a tener problemas. El cocido ya va escasito de carne. ¡Cuándo acabará esto!"

Cada cual lo comía a su manera. Luis Mañas prefería todo por separado, a lo espartano. En cambio, a Mariana y a sus primas les gustaba dejar algo de sopa y juntarlo todo en el mismo plato; lo hacía más jugoso. Pepe variaba. A veces le daba por seguir el ejemplo de su padre, a veces el de las mujeres.

Todavía había, en los primeros tiempos de guerra, postre. Podía ser torrijas, arroz con leche, o bien una manzana o una pera. Y, en verano, melón o sandía. Se cortaba en rajas que se colocaban en un plato grande. Aún no escaseaba la fruta.

Los restaurantes y bares se mantenían abiertos, aunque empezaban los problemas de suministro. Entre otras medidas, el Ayuntamiento redujo el horario de comercios. Por la mañana se despachaban patatas, legumbres, azúcar o café. La tienda se mantenía abierta al público de nueve a dos. Por la tarde abrían las carnicerías y pescaderías, y salían las mujeres a comprar acompañadas por Pepe. Siguiendo los consejos de Navarrete, Luis Mañas se quedaba en casa y se ocupaba de la huerta, el terrrenito detrás de la casa, o escuchaba las noticias en la radio.

A Luis Mañas vivir encerrado se le hacía eterno. Estaba irascible, se quejaba de la rutina de las comidas, aunque en realidad añoraba la libertad perdida y sus largos paseos a caballo, cuando desaparecía durante días sin que nadie supiera adonde iba.

—Mientras haya garbanzos, los comeremos —dijo Mariana—. La tienda sigue abastecida. Pero cada vez llega menos género al mercado de abastos. El pescado escasea, y el carnicero empieza a tener problemas. El cocido ya va escasito de carne… —observó. Y no hacía ni un mes que había empezado la guerra—. ¡Cuándo acabará esto!

Maríana no podía saber que aquello duraría casi tres larguísimos años, y que ni ella ni su marido verían el final.

Todas las entradas de 1936 día a día

Entrevista con José Ángel Mañas sobre 1936 día a día

4.6/5 (84 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

7 Comentarios
Antiguos
Recientes Más votados
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios
John P. Herra
John P. Herra
22 ddís hace

Cuando llegaron las medidas socializantes, se acabó el mercado y la producción. Un tío me contó cómo se repartieron las mejores tierras de su pueblo entre los miembros del Comité, para luego dejarlas abandonadas, porque con lo que cobraban de milicianos no necesitaban trabajar. El experimento anarquista del Consejo de Aragón fue un fracaso que redujo la producción a la mitad. Cobrar como futbolistas sin pegar ni chapa y andar por ahí con la bota de vino y la pistola buscando ‘fascistas’. Eso fue la revolución. Cuando llegaron los comunistas a poner orden, era tarde. Luego llegaron las cartillas de racionamiento y ‘las pastillas del doctor Negrín’, que eran, creo recordar, unas lentejas no muy sabrosas. El coronel Casado cuenta en su libro cómo los mandos del ejercito popular estaban escandalizados de que el jefe del gobierno cenara dos veces y se fuera de putas hasta bien tarde, mientras los soldados pasaron en invierno de 1938-39 en unas condiciones intolerables. A la vista de lo que está ocurriendo en Ceuta hoy, o cuando mandaron a los guardias civiles a dormir al barco del Piolín en octubre de 2017, parece que, gobierne quién gobierne, nada ha cambiado.

Hicieron todo lo posible por perder la guerra, y al final, lo lograron.

Aguijón
Aguijón
22 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Completamente de acuerdo, sólo añadir que cuando los rebeldes tomaron levante a finales de marzo del 36 creían que la escasez se terminaba porque se “liberaba” la España rica… Lo primero que tuvieron que hacer fue llevar pan porque eso no era necesidad era auténtica hambruna…
Los comunistas organizaban mejor, indiscutible, pero entre los anarquistas también estaba Melchor Rodríguez, el ángel rojo, gran persona a la que miles le debieron su supervivencia.

John P. Herra
John P. Herra
21 ddís hace
Responder a  Aguijón

Los comunistas tenían claro que había que ganar la guerra por encima de experimentos, pero el padrecito Stalin les estafó con el oro y les vendió a precios astronómicos buen material y también mucha morralla. Cuando se exiliaron a la URSS, se cepilló a la mitad, incluido José Díaz, que creo era secretario general del PCE, ‘suicidado’ al estilo KGB que sigue de moda en Rusia.

Los de la CNT eran un desastre, pero siempre me han caído mejor que los comunistas. Los de la FAI eran otro rollo, lo peor de cada casa.

Pues sí, sólo hay que ver en Youtube las imágenes de la entrada de las tropas de Franco en algunas ciudades. La población no se había convertido en franquista, simplemente estaba hasta los eggs. En Castellón, los milicianos de Líster, la sabandija de quien Alberti escribió “si mi pluma valiera tu pistola”, dispararon a bocajarro contra una multitud que les confundió con tropas de Aranda entrando en la ciudad. Lo cierto es que los comunistas se iban por patas y no perdieron la ocasión de descargar su frustración disparando desde los vehículos a la gente que les había confundido.

Aguijón
Aguijón
21 ddís hace
Responder a  Aguijón

Quise decir marzo del 39….
Perdón por la errata.

Aguijón
Aguijón
22 ddís hace

Me ha recordado a mi paisano don Pepe Blanco cantando las excelsas bondades del cocidito madrileño…
“Que me huele a hierba buena
Y a verbena en la Vistilla..”

Susana
Susana
21 ddís hace

Mi abuela me contaba muchas vivencias de la pre guerra.. durante la guerra y la post guerra.En cada época y generación toca vivir acontecimientos. Pero fue muy duro lo que vivieron.Un saludo

fagonre
fagonre
18 ddís hace

Y sólo llevaban un mes de guerra.

La falta de alimentos, escasez en el mercado iba por zonas y periodos.

En Málaga capital, como en el resto de grandes ciudades, se notó muchísimo más.

Las zonas rurales tenían a su favor la baja densidad de población y la proximidad de la tierra y recursos. Mi abuela, que pasó toda la guerra en un pequeño pueblo de Málaga (Periana), decía que cuando empezó a pasar calamidades fue al terminar la guerra. Y esa zona estuvo en los dos bandos, desde el comienzo hasta marzo del 37 zona republicana, después zona nacional.