Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Jueves, 21 de mayo de 1936: La Motorizada revienta un mitin
El barrio de Chamberí nació a finales del siglo XIX, como uno de los principales ensanches madrileños hacia el norte. Por alguna razón, a diferencia del de Salamanca, al otro lado de la Castellana, nunca adquirió la misma distinción aristocrática. Era un buen barrio, con familias de clase media y centros de educación avanzados como el Liceo Francés o la Institución Libre de Enseñanza. Pero también vivían allí trabajadores de distintas industrias, principalmente tipógrafos y trabajadores de Artes Gráficas. Allí había vivido Pablo Iglesias, y en él nació Largo Caballero, en plena plaza de Chamberí.
En un rincón de la plaza estaba el teatro Barbieri donde Santiago Carrillo y los dirigentes de las Juventudes Socialistas Unificadas congregaron a las antiguas Juventudes Socialistas para explicar los beneficios de la unificación. Era un trabajo que se hacía casi barrio por barrio. Muchas nuevas adhesiones venían atraídas por la idea de la unidad del socialismo.
—Estáis equivocados, compañeros. En las críticas con la hoja de ruta de las Juventudes Socialistas hay especulaciones sobre propuestas que se nos habrían hecho en Moscú para pasarnos al PCE. Os aseguro que son calumnias. Nadie, en nuestra visita a la URSS, nos hizo sugerencia alguna. En este momento, lo único que interesa a los camaradas de la Internacional Juvenil son nuestras posiciones unitarias. ¡Hay que crear un frente común efectivo contra el fascismo, y que no ocurra aquí como en Alemania!
Santiago Carrillo recordó el banquete pantagruélico con que les despidieron los tovarich de Moscú. Duró, como en las novelas de Gogol, desde las ocho de la noche hasta las seis de la madrugada. Zakuskis, entremeses rusos a base de caviar, pescado ahumado, cangrejo, carne fría, blinis siberianos… Como la tradición era meterse cada poco un lingotazo de vodka, con el brindis obligado, y como cuando bebías había que comer, pronto cayeron no solo los entremeses sino también el menú caliente y postres. Y así hasta las seis de la mañana cuando el aire frío y la nieve en la calle los despejaron.
—La recién formada JSU la presentamos en Las Ventas. Desde entonces, constatamos que los jóvenes socialistas están hartos de las rencillas de las delegaciones principales…
Algo no iba bien, y Carrillo se volvió hacia una de las plateas. De repente vio a los de la Juventud Socialista Madrileña, donde militaban muchos prietistas duchos en el manejo de la pistola. Eran la Motorizada.
—No tiene ningún sentido. ¡Os están utilizando! ¡Te están utilizando, camarada!
Carrillo, de pie en otra silla del patio de butacas, se quedó helado al ver la seña que hacía el líder de la Motorizada, Enrique Puente, a su lugarteniente Luis Cuenca. Viendo que lo encañonaban con sus pistolas, sintió que se le paraba el corazón.
De pronto sonaron las primeras notas de la Internacional y los prietistas, por miedo a que los tomaran por provocadores fascistas, alzaron el puño y cantaron durante el tiempo suficiente para que fueran rodeados y neutralizados.
—ARRIBA, PARIAS DE L TIERRA… EN PIE, FAMÉLICA LEGIÓN…
Mientras tronaba el teatro, Chon se acercó a Carrillo. abandonando su habitual discreción, se abrazó a él.
—Si te matan, que me maten contigo, Santiago…
—Ya pasó el peligro, Chon, no tengas miedo.
Carrillo volvió la vista hacia el fondo, donde sus seguidores ya expulsaban a los pistoleros de la Motorizada y Chon, sin soltarle, le susurró:
—Voy a tener un hijo tuyo, Santiago.
Santiago no supo qué cara poner.


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