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22 de octubre de 1936: El censor de la República

22 de octubre de 1936: El censor de la República

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

22 de octubre de 1936: El censor de la República

Era de esos raros momentos en los cuales Arturo Barea se relajaba. Desde que se presentó en el ministerio de la Guerra ofreciendo sus servicios, y cuando supo que el hablar inglés y francés podía ser aprovechable en el control de la prensa, Barea trabajaba en el edificio de Telefónica como censor. Trabajaba de día y buena parte de la noche. Se peleaba con los reporteros extranjeros que hacían lo imposible para colocar mensajes, a veces cifrados, a veces sencillamente irreales, pero siempre peligrosos para la República.

Ese trabajo agotador lo mantenía en un estado de excitación continua. El tranquilo y seguro don Arturo era hoy un manojo de nervios.

Barea había decidido dejar de vestir chaqueta y se pasaba el día en mangas de camisa, dando voces desquiciadas en su oficina. El único momento en que se relajaba era esa media hora que se permitía, al final de la jornada, bajar a la taberna del Portugués. Y ahí estaba, tomándose un vino, cuando uno de los parroquianos se interesó por su trabajo.

"Los periodistas pueden enviar lo que quieran, con tal de que sea verdad y no sirva de información al enemigo. Mi función, como censor, es impedirlo"

—En el fondo es bien sencillo, compañero —Barea volvió un rostro ojeroso—. Los periodistas pueden enviar lo que quieran, con tal de que sea verdad y no sirva de información al enemigo. Mi función, como censor, es impedirlo. Hay cosas que los corresponsales consideran irrelevantes, meros detalles descriptivos y que, sin embargo, de ser transmitidos pueden ser información valiosa para el enemigo. Por eso, cada vez que el periodista me entrega la copia me aseguro de que esté escrita claramente en su idioma, sin dobles sentidos ni frases oscuras.

»En las noticias corrientes de carácter político, compruebo que no haya clave y que no son meros rumores, porque cuando se permite que un rumor pase la censura es como darle confirmación oficial. Lógicamente, los periodistas intentan burlarme. Todos consideran que tienen derecho a atribuirse la primicia de una noticia cuando no es sino rumor sin confirmar. Otras te cuelan historias salidas de las tertulias de café o de su propia imaginación, o inventadas por individuos a quienes pagan para que les suministren información. También se quejan porque se les tachan noticias, pero en mi humilde opinión considero que tenemos una manga demasiado ancha para casi todo…

—¿Y las noticias que no son de operaciones ni de asuntos militares, compañero?

—Las noticias de carácter político a veces tienen importancia militar. Cualquier cosa que haga creer al enemigo que existen disensiones políticas o discordias internas en Madrid fortalece a los facciosos. Y no digamos cuando los partidos políticos discuten si atacar en tal o cual frente… Una vez que el texto ha sido revisado y aprobado, ya solo queda controlar la transmisión telefónica, cotejándola con el propio texto. Y ahora, ¡salud y República, compañeros!, debo volver al tajo.

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