Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 22 de septiembre de 1936: El Quinto Regimiento
Dejaos de rodeos y decidme de una vez para qué habéis requerido mi presencia aquí —dijo Líster—. Vuelvo de Talavera solo para esto, y mañana mismo salgo para Toledo, camaradas. Hay que frenar a las tropas de Franco.
Enrique Líster no pudo reprimir su satisfacción. Dos meses después de haber sido creado como la unidad comunista estrella, uniendo un batallón miliciano a las MAOC de Cuatro Caminos, el Quinto Regimiento era ya un mito. Había algo especial en ese cuerpo cuyo cuartel general estaba en el antiguo convento de los salesianos de la calle Francos Rodríguez, en el que acababan de entrar y en cuyas oficinas buscaron al comandante Carlos, como se conocía al comunista italiano Vittorio Vidali, actual comisario político. El italiano hablaba un español perfecto y era un infatigable organizador que funcionaba sin desmayo.
—Esto, desde luego, no me lo esperaba —dijo Líster.
Uribe, José Díaz y la Pasionaria le miraron. Durante una discusión en los despachos del Buró Político de Serrano, los cuatro habían coincidido en que la culpa de la situación actual la tenía Azaña por no haberse impuesto a Largo Caballero, que era quien más empujaba para armar a los sindicatos. Las milicias habían servido en una primera etapa, pero lo que se necesitaba hoy era un Ejército popular disciplinado: completar las unidades del Ejército regular con voluntarios, sí, pero mandados por profesionales, aunque tomando las medidas necesarias para asegurarse de su fidelidad con una rigurosa depuración. Así ganó Trotski la guerra civil contra los zaristas. Y también debieron mantenerse en pie los cuerpos de la Administración, aunque depurados. Castigar a los desleales, dejar al resto. Y requisar solamente el patrimonio de los rebeldes y las industrias indispensables para la guerra. Para lo demás habría tiempo. Lo que debían haber hecho los sindicatos era supeditar todo al servicio de la causa y no sustituir aún a los patronos por comités inexpertos. En el análisis todos estaban de acuerdo, pero Líster seguía sin entender para qué lo hacían volver de Talavera con tanta urgencia. Ahora se aclaraba todo.
—Me siento muy honrado por la confianza, camaradas —dijo, con su habitual hosquedad.
La sede del Quinto Regimiento era un centro de instrucción, divulgación y propaganda. Tenía sus propios talleres de edición, y emisora de radio. En sus instalaciones había limpieza y orden. A su llegada, por los pasillos, Líster apreció que los voluntarios que se adiestraban en el patio tenían movimientos aceptables en el manejo del fusil que practicaban con palos. También hacían ejercicios de tiro y aprendían a utilizar morteros y lanzagranadas. De allí saldrían a engrosar batallones. Allí se descansaba de la confusión y el desorden político de los comités.
A Líster le reconfortaba ver que la gente pensaba y actuaba como lo que eran: soldados de la revolución. Por el centro de instrucción habían pasado más de treinta mil hombres. Quien llegaba al Quinto Regimiento sabía que era necesario leer periódicos, limpiar el fusil, cavar trincheras y obedecer sin rechistar. Solo se les exigía conciencia política, buena salud y cierta aptitud física. Diecisiete días de instrucción, lo demás se aprendía en combate.
—Entendemos, por tu actitud, que aceptas —dijo José Díaz—. Pues eso es todo. El comandante Carlos ya sabe a quién dirigirse de aquí en adelante.
—Lo tengo en cuenta —dijo el italiano—. Si hay tiempo, daré una vuelta para enseñar al comandante Líster lo que hacemos. Además de instrucción y formación de mandos intermedios, fabricamos material de guerra, cartuchería y bombas de mano. También creamos unidades de cazadores de tanques, y damos ayuda social a nuestros combatientes y sus familias…
—¿Hay algo que quieras añadir, camarada Líster? —dijo Pasionaria—. Pareces preocupado.
—Como comandante me gustaría aclarar algo acerca del camarada Carrillo, el presidente de las Juventudes Socialistas Unificadas.
—¿De qué se trata?
—Carrillo anda diciendo que ha estado en Ávila con la Columna Mangada, con los que supuestamente habría capturado algunos moros.
—¿Y?
—Que no me cuadra lo que cuenta. Sospecho que miente. No sé si estuvo por allí con alguna misión del Partido. Si no es el caso, sabed que los aguilillas así los tengo yo calados —dijo Lister—. Soy consciente del trabajo del Comité. Pero también hay por Madrid demasiadas oficinas y demasiada gente evitando ir al frente. Me gustaría un mayor control en la retaguardia sobre personajes de este estilo.


Les dieron mucho bombo, pero como soldados dieron una de cal y una de arena.
Cuando salieron de España en febrero de 1939, fueron fusilando a todos los prisioneros.
El Quinto Regimiento como unidad de milicias se disolvió oficialmente a principios de 1937 para integrarse en el Ejército Popular de la República, dando paso a unidades célebres como la 11.ª División de Líster.
Respecto a eso de que cuando salieron de España en febrero de 1939 fueron fusilando a todos los prisioneros, le agradecería que me dijera de qué fuentes ha obtenido ese dato, porque no tengo noticias de fusilamientos en 1939 de presos simpatizantes de los rebeldes, exceptuando los que participaron en la sublevación de Cartagena entre el 4 y el 5 de marzo de ese año.
El 7 de Febrero de 1939 fusilaron a 43 prisioneros de la batalla de Teruel, entre ellos a Rey y al obispo Polanco.
No sé si fueron miembros del antiguo “quinto regimiento” pero bueno, fusilamientos hubo, ese fue sólo un ejemplo, me quiere sonar el de Sánchez Mazas, que sobrevivió y algunos cuantos más que no lo hicieron.
Hablo del Quinto Regimiento y sucesores.
En “La CNT en la revolución española” del anarquista José Peirats se cuenta con detalle las torturas y métodos del SIM, que no eran ‘incontrolados’, sino un organismo del Estado: sillas eléctricas, pasar la noche en agua helada, la ‘caja de los ruidos’, etc. Los asesores soviéticos sabían mucho.
En el Consejo de Ministros del 9 de agosto de 1938 se votó si se fusilaba a 63 presos de las cárceles de Barcelona. Se produjo un empate y Negrín lo deshizo. El 10 de agosto fueron fusilados 61 en el foso de Santa Elena del castillo de Montjuich y otros dos en el pueblo de Pons. Había seis mujeres, siete estudiantes de 18 años y un enfermo mental. El 27 de julio de 1938 fueron fusilados 10 más, 13 el 14 de julio, 5 el 12, 3 el 6, 3 el 28 de junio, 9 el 24, y así hasta remontarnos hasta el 9 de septiembre de 1936, cuando comenzaron las ejecuciones ‘oficiales’. Hay una lista de 196 nombres de los fusilados allí. Al frente de la represión estuvo el rector de la Autónoma, Pere Bosch Gimpera, consejero de Justicia de la Generalitat. Tramitó varias sentencias de muerte contra alumnos suyos, como el caso de Joaquín Tamborero, de 18 años.
Cuando comienza la campaña de Cataluña, los asesinatos en la retaguardia frente populista aumentan. Mataron a unas 300 personas, entre ejecuciones oficiales y crímenes de las milicias. Hay un menudeo de asesinatos individuales, como el del jornalero Jaume Llorens i Vendrell en Anglés (3-2-1939), el payés Agustí Bernaus i Freixes en Claravalls (10-1-1939), Ramón Capdevila i Capdevila (5-1-1939), Joan Pérez i Salvià, asesinado en la cama del hospital porque no podían trasladarlo (25-1-1939), el payés Sebastià Cercós i Betnaud, en un campamento en Tiurana (20-1-1939), etc. No puedo poner toda la lista aquí.
Estos asesinatos no eran novedad: hubo muchos otros después de la batalla del Ebro, en 1938. La derrota y la cercanía de los nacionales les hicieron intensificar la represión.
En enero de 1939, las cárceles y checas de Barcelona fueron vaciadas y los presos trasladados hacia la frontera, cerca de 1.500. Una parte fue llevada en vagones, en tren hasta Gerona. Los sacaron y se los llevaron al Santuario del Collell, a unos 40 km
Las mujeres, en camiones. Los hombres, a pie. Algunos enfermos murieron a palos en la caminata. El 27 fusilaron a medio centenar de hombres, entre los que se encontraban los escritores Rafael Sánchez Mazas y Félix Ros, que se hicieron los muertos y escaparon. Dicen que se oía la artillería cerca. Luego iban a fusilar a las 250 mujeres, pero las tropas nacionales llegaron antes y lo impidieron.
Ounidades en retirada pensaban liberar a los prisioneros antes de cruzar la frontera, pero llegó una orden de Negrín de trasladarlos al centro. Poco después, llegaron camiones con soldados de Lister a las órdenes del comandante Pedro Díaz y se llevaron a los prisioneros. Fusilaron dos grupos, uno de 14 y otro de 28. También fusilaron a un grupo de prisioneros italianos.
Eso en Catalunya. En otros lugares, como en Carrascalejo (Cáceres), las tropas del Ejército Popular tomaron el pueblo durante una ofensiva durante unas horas, fusilaron a varias personas y metieron un tanque en la iglesia donde se habían refugiado los civiles, aplastando a mujeres y niños. Por poner algún ejemplo.
Interesante artículo. Para mí tiene otra efeméride este día, el recuerdo de los Mártires Salesianos, algunos de los cuales pertenecían a la comunidad de este colegio