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25 de abril de 1936: Manuel Azaña anuncia su candidatura

25 de abril de 1936: Manuel Azaña anuncia su candidatura

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Sábado, 25 de abril de 1936: Manuel Azaña anuncia su candidatura

A Felipe González también le iba a pasar. Hubo un momento en el que solo se sentía a gusto haciendo política de altura en Europa. Y eso a Azaña le ocurrió casi desde el principio de la legislatura. Estaba harto de política menuda, como la llamaba, y anunció a su entorno la decisión, ya cerrada, de abandonar el Gobierno. Con ese motivo recibía hoy en los salones de su domicilio a varios miembros de su partido. Les había notificado su intención de presentarse como candidato al puesto que dejaba vacante el depuesto Alcalá-Zamora. Y ahora el jefe de Izquierda Republicana, instalado en un sillón orejero, observó a los jóvenes que, de pie la mayoría, deambulaban por la sala.

—Si lo hace, don Manuel, España perderá a uno de sus mejores gobernantes.

—Eso solo es relativo —replicó Azaña, con paciencia—. Si consideramos que el poder ejecutivo lo conforman en tándem el Gobierno y el presidente de la República, mientras tenga Gobierno que le refrende, con la base parlamentaria adecuada, un presidente puede gobernar. Yo por lo menos es lo que pretendo. Sin salirme, claro está, de los límites que estipula la Constitución.

"Los elementos jóvenes lamentaban perder su única figura gubernamental importante, pero Azaña lo tenía decidido"

La idea, lanzada por Indalecio Prieto desde su periódico bilbaíno, El Liberal, empezaba a calar. La maniobra, sin embargo, no agradó dentro de Izquierda Republicana. Sobre todo los elementos jóvenes lamentaban perder su única figura gubernamental importante. Pero Azaña lo tenía decidido. Durante el almuerzo de aquel día con el embajador de Francia, el señor Herbette, no escondió su descontento con la marcha del país y su propósito de abandonar el banco azul. Incluso para volver a ser diputado, si era menester, como volvió a repetir ahora.

—No diga usted barbaridades, don Manuel. Usted es un hombre de Gobierno. Y en cualquier caso, no puede abandonarnos, sin más. Aunque sea nuestro líder, esto se debe consultar con las bases. No le pedimos más que eso.

Pero Azaña había librado batallas mucho más duras y no iban a ser unos jovenzuelos quienes lo apartaran de su meta, pensó mientras se quitaba las gafas. Se restregó los ojos. Después del largo invierno, pese a que empezase a salir otra vez el sol, anunciando la primavera, estaba más pálido de lo habitual. Y también satisfecho. Ya solo faltaba un esprint para alcanzar el objetivo acariciado desde hacía tantos años.

—Les estoy dando a todos ustedes la oportunidad de tener pronto a un miembro de su partido en la más alta magistratura del Estado. Creo que, para una agrupación minoritaria como la nuestra, no puede ser sino una excelente noticia. Un presidente de la República es bastante más perdurable que un jefe de Gobierno… —añadió, desvelando uno de los argumentos que más pesaban en su decisión.

—Y si usted deja el banco azul, don Manuel, ¿quién formará el nuevo Gobierno?

—En caso de que yo resulte designado presidente de la República, el primer Gobierno se lo encomendaré a Indalecio Prieto. Es el más afín a nosotros de los socialistas. Eso tampoco será malo para Izquierda Republicana —dijo Azaña.

—No sé yo si, en ese caso, durará mucho, vistas las ganas que le tienen Largo Caballero y sus seguidores…

Pero Azaña no contestó: ese ya era problema de Prieto.

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