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26 de abril de 1936: Niceto Alcalá-Zamora sale a la calle

26 de abril de 1936: Niceto Alcalá-Zamora sale a la calle

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.

Domingo, 26 de abril de 1936: Niceto Alcalá-Zamora sale a la calle

Padre, ¿adónde va? ¿Qué hace?

—A dar una vuelta. ¡No aguanto más!

—Pero así, solo…

—Ya no soy presidente, ni soy na’. ¿No ves que no hay nunca prensa fuera? ¿A quién intereso yo? ¡A nadie! ¡Me voy a la calle!

Refunfuñando, Alcalá-Zamora salió de su hotelito en Martínez Campos. Era primera hora de la tarde, después de comer. Hacía un tiempo espléndido. Los chicos jugaban por las aceras. La gente paseaba por Recoletos, el Retiro y la Casa de Campo. Pero don Niceto no tenía ánimo contemplativo. Llevaba desde su humillante destitución sin pisar la calle ni recibir a nadie. Su hijo y su mujer le hacían de intermediarios con el mundo, mientras él se refugiaba en su despacho. Leyendo, contentando la correspondencia y recibiendo algunas —contadísimas— llamadas telefónicas de conocidos con quienes se lamentó de lo ocurrido.

"Habría sido difícil reconocer en aquel anciano desgreñado que avanzaba, bastón en mano, con el cuello de la camisa mal planchado, al relamido presidente de la Segunda República"

Hoy quería salir, a ver lo que pasaba. Nadie le miraba. Y si alguno lo hacía, le habría sido difícil reconocer en aquel anciano desgreñado que avanzaba, bastón en mano, con el cuello de la camisa mal planchado, al relamido presidente de la Segunda República que tanto había gustado de fastos y atenciones.

—Hoy es el día…, es el día…

Hoy se elegían los compromisarios que en breve elegirían a su vez al nuevo presidente de la República. Pero estaba tan cantado lo que iba a suceder, con la abstención de las derechas, que no se movilizaba casi nadie.

Entre los conservadores únicamente concurrían los partidarios de Miguel Maura. Así se lo anunció por teléfono Portela, uno de los pocos que aún se molestaba en llamar. Era la única oposición medianamente seria del candidato único del Frente Popular.

Los de Maura se harían con las minorías, porque además estaba siendo apoyado por medios de derechas. El Debate, por ejemplo, reproducía una papeleta ya rellena en la contraportada de su periódico. A su vez, la CEDA aconsejaba no votar. El propio Gil-Robles hizo saber que no votaría. De todas formas, la ley de compromisarios se lo impedía, como diputado. Claro que nada de ello interesaba ahora mismo al anciano que andaba Almagro abajo.

En el primer colegio electoral, constató la poca animación que allí reinaba.

—Y luego me llamarán a mí cacique…

En Madrid, el desinterés era absoluto. En un día primaveral, la gente prefería marchar de excursión. Y quien se quedaba acudía a las plazas de toros de Vista Alegre o a Las Ventas, a desfogarse arrojando almohadillas al ruedo. Además, desde las tres se llenaban los cafés para escuchar la retransmisión radiofónica del partido de fútbol entre España y Checoslovaquia, en el campo del Sparta de Praga.

"Ahí estaba Ricardo Zamora… Uno a cero y Zamora de portero. Pena que en este caso el gol lo tengamos en contra"

La indiferencia era absoluta. En el colegio en cuestión ni siquiera estaban los miembros de la mesa electoral. Un hombre se quejó de que no hubiera nadie en su sección. El guardia a cargo de la seguridad del local tuvo que salir a avisarlos al bar.

—¡Un escándalo! ¡Un escándalo!

El anciano blandió el bastón. Se oía la radio de un portal cercano: «¡Menudo blocaje! El delantero centro ha aprovechado un despiste de la zaga para recibir solo y disparar… Ahí estaba Ricardo Zamora… Uno a cero y Zamora de portero. Pena que en este caso el gol lo tengamos en contra… Pero está siendo un buen partido… el homenaje a este extraordinario jugador, en su último encuentro con la Selección…».

—El balompié —se indignó don Niceto—. ¡Es lo único que les importa!

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