Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Martes, 28 de julio de 1936: La huida de un religioso
(carta de mi archivo familiar)
Querido Pepe:
Desde mi ventana he visto arder decenas de iglesias. He visto los cristales de la cúpula de San Nicolás saltar por los aires. Hasta mi altillo llegaba humo denso y olor a plomo derretido. Aunque lo que me decidió fue lo sucedido en el cuartel de la Montaña. El tiroteo, los disparos de artillería, las bombas. Pero lo peor fue oír a los milicianos vanagloriarse de los linchamientos de oficiales y falangistas. Últimamente salía a la calle vestido de paisano y no debo desvelarte adónde me dirijo, pero no os preocupéis. Tengo amigos en una ciudad donde se nos respeta la vida. Solo puedo decirte que es localidad andaluza.
Verás, junto a esta carta, otras para tu padre y tu madre. A todos os escribo con tristeza. Sois mi única familia en Madrid y habéis sido un apoyo impagable para un hombre de mi condición.
Esta primavera me preocupé por ciertas noticias que me llegaban sobre ti y tus amistades. Pero después de haber departido contigo, sé que en tu personalidad sobresalen la bondad, la integridad, y que no dejarás que te arrastren pasiones destructivas.
Lo que más me entristece es no poder casaros a ti y a Mercedes este verano, como hubiese deseado. Lo lamento. Era de los oficios que más me hubiera satisfecho realizar.
Como no sé cuánto tardaremos en volver a vernos, no puedo despedirme sin darte una serie de consejos. Ante todo, desea siempre la verdad. A quien quiere pan, Dios no da piedras. La verdad existe y quien la desea la obtiene, no importa la cantidad. La verdad es oro puro. Lo poco vale tanto como lo mucho.
Somos como barcos y no influimos en las olas ni el viento. No podemos luchar contra los elementos, pero sí escoger la mejor manera de sortearlos. Obstáculos siempre habrá, y pretender suprimirlos es la locura vanidosa de quienes se sueñan omnipotentes. Cuando se ha entendido la realidad y se sabe tratar con ella, somos como buenos marinos lidiando con vientos y mareas. Ese es el margen de libertad que nos deja Dios.
¿Recuerdas ese cuento que te gustaba tanto de pequeño? ¿El de los niños que encuentran una casa y una voz les pregunta si quieren entrar por la puerta de alquitrán o la de oro? ¿Recuerdas que quien dijo oro tuvo alquitrán, y viceversa? Pues a nosotros nos ha tocado la puerta de alquitrán, Pepe, pero Dios, si superamos la prueba, transformará esa experiencia en oro.
Recibe un fuerte abrazo de tu tío José.


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