Una de las grandes voces de la poesía rusa del siglo XX regresa en una antología que recorre las distintas etapas de una obra marcada por la intensidad, la rebeldía y una extraordinaria potencia verbal. La selección permite asomarse a las múltiples modulaciones de una poeta que hizo del amor, la pérdida, el exilio y el desafío al mundo una experiencia radical del lenguaje.
En Zenda reproducimos cinco poemas de Es ligera mi marcha (Pre-Textos), de Marina Tsvietáieva.
***
Tú que mides mis días
Tú que mides mis días…
¿Conmigo, calurosa y sin techo,
por plazas enardecidas,
has deambulado a la luz de la enorme luna?
¿Y en una apestosa taberna,
bajo el aullido de un frenético vals,
con tu puño de borracho has roto
mis dedos afilados?
¿Has oído cómo susurro
en la noche? ¡Oh! ¡Humo y ceniza!
¿Qué sabes, pues, tú de mí,
si no has bebido ni dormido conmigo?
7 de diciembre de 1916
***
Golpeas tres veces con cautela
Golpeas tres veces con cautela:
enemigo tierno, amigo incierto,
¡no me engañarás! No es así como el peregrino
finaliza su ruta. Así se golpea el pecho
por amor. Es así como, bajando la mirada,
el oscuro infierno llama a la puerta del luminoso paraíso.
6 de junio de 1918
***
¡Amor! ¡Amor! Incluso en el último aliento
¡Amor! ¡Amor! Incluso en el último aliento
y en la sepultura estaré alerta, hechizada, turbada,
iré a tu encuentro ¡Amado mío! No te abandonaré
ni en la tumba bajo la nieve, ni en la del cielo.
No me fueron dadas un par de maravillosas alas
para soportar en el corazón este peso.
No me sumaré a esa mísera tribu,
envuelta en lienzo, sin ojos y sin voz.
¡No! Alzaré los brazos, firme mi talle,
de un solo impulso, a librarte de tu sudario,
muerte ¡te forzaré! Por miles de leguas en derredor
se ha fundido la nieve y el bosque incendiado.
Y, si pese a todo – hombros, alas, rodillas
prietas, al cementerio me dejé arrastrar,
tan solo fue para, burlando a la muerte,
¡en verso elevarme o en rosa florecer!
28 de noviembre de 1920
***
Lo que otros no precisen, traédmelo a mí
Lo que otros no precisen, traédmelo a mí,
¡todo debe arder en mi fuego!
seduzco a la vida, también a la muerte,
como ofrenda liviana para mi fuego.
La llama estima las materias livianas:
la fajina, las coronas, las palabras…
¡La llama arde con semejante sustento!
¡Y más puros que la ceniza renaceréis!
¡Yo soy el ave fénix, sólo canto en el fuego!
¡Sostened bien alto mi existencia!
Yo ardo en la altura hasta consumirme
y que la noche os sea luminosa.
¡Una hoguera de hielo, una fuente de fuego!
Alto llevo mi alta figura,
alto llevo mi alta dignidad…
¡De Interlocutora y de Heredera!
2 de septiembre de 1918
***
La cueva
Si pudiera, te llevaría
a las entrañas de una cueva:
a la cueva de un dragón,
a la espesura de la pantera,
a sus zarpas,
te llevaría – si pudiera.
Al seno de la naturaleza, a su regazo.
Si pudiera, de mi propia piel de pantera
me despojaría…
La ofrecería a la espesura, para su estudio,
a los arbustos, al yunquillo, al arroyo y a la hiedra.
Allí, donde en el sopor, en la oscuridad, en las tinieblas,
se entrelazan las ramas en matrimonio eterno.
Allí, donde en el granito, en el líber y en la leche materna,
se entrelazan las manos en fusión infinita
como ramas y ríos…
En la gruta sin luz, en la espesura sin rastro.
En el follaje, en la hiedra, como en un manto, en la hiedra.
Ni blanca luz, ni negro pan:
en el rocío, en el follaje, en el follaje – como en familia…
¡Para que a la puerta nadie llame
y nadie grite en la ventana,
para que en adelante nada suceda,
para que nunca acabe!
¡Pero la cueva es muy pequeña,
y pequeña la espesura!
Si pudiera, te llevaría
a la cueva de mis entrañas.
Si pudiera,
te llevaría.
Saboya, 27 de agosto de 1936
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Autora: Marina Tsvietáieva. Título: Es ligera mi marcha. Antología poética. Traducción: Reyes García Burdeus. Editorial: Pre-Textos. Venta: Todos tus libros.


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